A quienes me torturaron sin importarles mis pedidos de clemencia
luego de retorcer sin conciencia mi estomago con risas.
A quienes me propiciaron las cachetadas, las caricias, los regalos y avaricias.
A esos que saben mis secretos, mis falencias, mis sueños y temores.
A esos que me permiten dibujar sin tener que elegir colores.
A esos que me hicieron tener calor de vergüenza, y compartieron el frío en las noches sin abrigo.
A esos hermanos de distinto útero que hacen que todos los días sea el día del amigo.
A esos, ¡GRACIAS!
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