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Descubriendo el sexo 1

SawyerSawyer Pedro Abad s.XII
editado febrero 2010 en Erótica
Descubrí que el sexo era algo en lo que pensaría a diario cuando tenía 16 años. Todavía iba al instituto a fingir que estaba sacandome la ESO cuando realmente no era verdad. Había besado a algunas chicas, pero no había nada de amor por mi parte, solo el simple deseo de poder vacilar delante de los amigos. Durante aquella época yo gozaba de cierta popularidad, sin motivo aparente, porque lo único que se me daba bien era jugar a futbol sala y formar parte de una pandilla de macarras. A algunas chicas les gustaban los chicos malos, por lo que no me faltaban oportunidades de besarme con algunas de ellas, aunque aquello no me llenaba en absoluto. La inmadurez reinaba en las aulas.
De la primera chica de la que me encapriché fue de la empollona de la clase. Se llamaba Jessica, y todos mis amigos me decian que pasara de ella, que era una aburrida y no merecía la pena. Pero a mi me gustaba demasiado como para ignorarla, y además dió la casualidad de que nuestro tutor nos puso juntos en clase. La tenía al lado todos los días. Trataba de entablar conversación con ella, pero ella me contestaba por simple educación. Yo no tenía nada interesante que decirle. No podía olvidarme de ella, porque estaba demasiado cerca. Siempre le pedía prestado algun lapiz o cualquier otra tonteria, para rozarle un poco la mano cuando fuera a darmelo. Suspiraba por ella por su forma de hablar, por su forma de escribir, su forma de masticar chicle, de discutir con los profesores cuando no estaba de acuerdo con ellos. Pero lo tenía crudo, porque yo no era su tipo para nada. Solo era un macarra descerebrado sin nada importante que aportar a su vida. Muchas veces pensé en dejarme llevar hasta que llegara el verano, fecha en la que la perdería de vista. Pero no pude hacerlo. Decidí cambiar de estratégia. Ya que no había nada en mi que a ella le gustara, me fijé en los detalles que la rodeaban. Tal vez así consiguiera algun tipo de información que me hiciera saber como ser mas visible a su mirada.

Durante la hora del patio, ella se encerraba en la biblioteca del instituto. Le gustaba leer. Descubrí un detalle que podría explotar a mi favor. Así que lo que hice fue ir a la biblioteca todos los días yo tambien, y ponerme a leer.
El primer día que entré pasé hasta verguenza, porque todo el mundo me miraba. No se lo podían creer. Nunca entraba allí, siempre me tiraba todo el recreo jugando a futbol. Todo el mundo se sorprendió mucho al principio de cambiar de habito, pero la gente se acostumbra a todo.
Inesperadamente, leer me encantó. Fue un hechizo para mi. Estuve durante todo 4º de la ESO devorando un libro detras de otro. Me aficioné a la lectura. No solo eso. Jessica me hablaba en clase. Me preguntaba por los libros que me había leído y nos intercambiabamos opiniones. Nos contabamos cosas. Nos reiamos. Descubrí algo importante para ella y lo convertí en algo importante para mi. No me hizo falta simular que me gustaba leer porque verdaderamente adoraba la hora del patio porque era el momento del día en el que podía viajar a otro sitio leyendo un libro.

El curso tocaba a su fin y como todos los años empezamos a montar una fiesta en casa de un amigo mio de familia adinerada. Vivía en un chalet enorme, con un jardín muy grande decorado con una tentadora piscina. A Jessica nunca la invitabamos porque la considerabamos un muermo y esa fiesta era exclusivamente para gente "guay". Pero aquel año era diferente. Sin la presencia de ella en aquella fiesta, para mi aquella casa estaría vacia. Así que insistiendo logré qué mi amigo invitara a Jessica. Nunca olvidaré el momento en que mi amigo entro por primera vez en su vida en la biblioteca y se dirigió a ella para ofrecerla una invitación. Yo estaba unas mesas alejado, leyendo un libro y cuando mi amigo se fue yo levanté la mirada para verla a ella. Me sonreía. Había aceptado la invitación.

El día de la fiesta aquello era un desenfreno de lujuría mezclado con drogas, sexo y mucho alcohol. Había diferentes grupos repartidos por la casa. Unos se bañaban en la piscina, otros jugaban a la botella, y otros estaban perdidos por las habitaciones de la casa. Yo estaba en el comedor, charlando con la gente, y con ligeras miradas hacía la puerta de la entrada. Cuando ella finalmente entró yo apenas pude reconocerla. Llevaba un vestido verde muy sexy y muy sugerente. Tenía su pelo negro con un recogido muy bonito y era la primera vez que la veía maquillada.
Cuando me vió se acercó y me dió los dos besos mas típicos del mundo. Mientras nos preparabamos uns bebidas, ella me contaba que su madre casí no la deja venir. Menos mal que finalmente el pretexto de la buenas notas siempre ayuda a hacer mas permisivas a las madres. Jessica tomaba malibú con piña y yo esa noche opté por vodka con lima. Una bebida dulce para tener un buen sabor de boca.
Tras acabarnos las copas, la invité a la habitación de mi amigo, como tenía pactado con el. A ella le dije que allí estariamos mas cómodos y sin apenas música podríamos hablar mejor. Ella accedió a acompañarme. Un ligero cosquilleo me acariciaba la barriga. El momento se acercaba.
Una vez dentro de la habitación, ella se acercó a un espejo y empezó a retocarse el maquillaje. Yo la observaba desde atrás, y tenía que tragar saliva, porque se me estaba acumulando en la boca. Ella me vió por el espejo y se dió la vuelta, con una sonrisa. Yo tuve que limpiarme un poco de saliva que tenía en la comisura de los labios.
Tenía la oportunidad que llevaba esperando desde el principio del curso, así que me levanté y me acerqué para besarla. Ella me devolvió el beso, suavemente. Le temblaban las piernas. Seguiamos besandonos y al cabo de un rato ella se relajó y me rodeó el cuello con los brazos. Yo cerré los ojos del todo y introduje mi lengua en su boca, fundiendola con la suya. Tenía el sabor de la piña. Mientras nuestras lenguas jugueteaban una de mis manos empezó a acariciar su entrepierna y ella dejó de besarme. Me cogió de la mano y fuimos a la cama. Algo en mi crecía mucho en aquellos momentos, y se endurecía.
Siempre viviré con la eterna duda de qué hubiera pasado si no hubiera venido una amiga de ella a la habitación buscandola. Estaba llorando, porque un tio se había propasado con ella. Jessica me dijo que lo sentía, tenía que ir a hablar con ella y a tranquilizarla. Al menos me dió su número de móvil. Aquella noche al volver a casa tuve que meterme en la ducha y mientras me enjabonaba tuve que masturbarme para que una parte de mi cuerpo se calmara.

Al día siguiente la llamé y le propuse quedar en una cala que hay en el pueblo en el que vivía por aquellas fechas. Ella aceptó.
Decidí atravesar toda la playa andando hasta llegar a la cala, para escuchar el rumor de las olas del mar al chocar contra la arena caliente. Me ayudaba a pensar ese sonido. Le diría a Jessica de iniciar una relación. Me gustaba demasiado para conformarme solo con la escena caliente de la noche anterior. Yo quería mucho más.
Ella ya estaba en la cala esperandome, y aunque fuera sin maquillaje, yo sentí que mi corazón se disparaba. Nos besamos un poco, y decidí dar rienda suelta a mis sentimientos. Le dije que quería estar con ella, formar una pareja y disfrutar los dos juntos. Ella me dijo que llevaba saliendo con un chico de otro instituto unos 6 meses. Yo había escuchado rumores, pero no los podía creer, o no quería creerlos. Ella no quería dejar a ese chico y irse conmigo, porque no estaba segura de que yo fuera en serio. No podía arriesgarse a perder lo que ya tenía para estar conmigo. Lo de la otra noche fue un calentón y no se arrepentía, pero necesitaba estar mas veces conmigo para darse cuenta de si yo merecía la pena. Me venció el orgullo y la mandé a paseo. Aquello fue muy doloroso para mi, porque era la primera vez que me enamoraba y era un golpe duro y difícil de encajar. Me fuí de aquella cala dejandola con la palabra en la boca. A día de hoy ella sigue con el mismo tio. Se ha casado y ha tenido gemelos con el.
Cuando volvía a casa atravesando la playa, mi corazón empezó a resquebrajarse. Una vez que alcancé la puerta de entrada, lo tenía echo trizas. En realidad solo se estaba doblando. Un corazón no se rompe con fácilidad, se dobla una y otra vez. Tuve que meterme en la ducha, pero esta vez no fue para masturbarme. Yo no estaba de humor. Mientras el agua recorría mi cuerpo, mis lagrimas recorrían mi mejillas.

Comentarios

  • lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
    editado noviembre 2009
    Entro aquí de vez en cuando para leer un relato erótico, el tuyo me atrajo desde el principio, porque hace ya muchos años fui la empollona y ratita de biblioteca en una clase, pero en vez de un relato erótico encuentro una historia terriblemente tierna y tan real que creo basada en la experiencia propia. Me ha emocionado, un beso y espero la segunda parte.
  • carriecarrie Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    hola, ha estado muy bien, coincido con el otro comentario, es un relato romántico, en mi opinión. Salvo por algún error gramatical, está bien. Deberías lanzarte y escribir alguna novela basándote en tus experiencias. Por ejemplo, me imagino tu historia como de un highlander, en el siglo XVII, en lugar de tus amigos de instituto, podrían ser los soldados de tu ejército, de un clan por ejemplo mckenzie o algo así y en lugar de la protagonista compañera de clase, podría ser la hija de un conde lowlander o algo así, una joven culta e instruida, pero comprometida en un matrimonio concertado con un ingles, y tu serías el guerrero escocés que tras largos años de batallas decide ir a la corte del rey en edimburgo, donde está ella, no sé, pero algo se podría apañar.
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