Me despierto de tarde
me duele la espalda,
me trague una bolsa de cal
y la angustia me levantó
como un reloj despertador.
Es que no entendés,
solía hacer amigos en los bares de la ciudad,
midiendo vasos,
inclinándolos a cuarenta y cinco grados,
robándolos si nos gustaban.
Así que no me hagas un comentario chistoso
que no pienso reírme,
ni siquiera sé donde poner la mirada,
como mirarte cuando me hablas.
Me abstraigo subrepticiamente
y me limito a llenar cada espacio vacío
con un monosílabo
y a vos no te importa, solo querés decirlo
y que yo permanezca sentado
y no sé porque sigo en esta mesa sin amigos.
Seguro que antes que venga la mesera
me serviré los restos de cerveza tibia que quedaron
y llenaré el ultimo vaso
porque ya todos se fueron.
“Harry” cerró y Cristi volvió a Alemania,
Veto ya no baila desnudo en la avenida
ni discutimos acerca de zapatismo en la pizzería.
Hace unos años que es domingo a la mañana
y que vuelvo con el hígado roto
por la desilusión de que nada nuevo paso
aquella noche que tanto esperamos.
Mariano G.