El perro tiene su mandibula entre abierta desde hace unos dias y las viejas ruinas se agotan y se repiten insistentemente.
A tirones los colnillos amarillentos desgarran lo sacro y solemne de las viejas glorias del museo nacional.
El pelo de su lomo esta duro y escarpado como Macedonia. Los criticos y las voces autorizadas se encrispan de nervios cuando alguien le grita , después de unas cuantas decadas:
“¡Su monologo es pura mierda!”
Las moscas, contrato en mano, vuelan alrededor del tieso cuerpo, huelen a algo novedoso. Démosle un reportaje, un puesto, convirtámoslo en ayudante de catedra y quizas se vuelvan inofensivo.
El cuerpo de nuestro animal, tirado al costado del camino, entro en descomposición. Esta dando a luz lo mejor de la nueva vida, aunque algunos solo vean gusanos y busquen a los homicidas.
M.M.G