En el cristal se reflejó el solsticio de invierno,
el que es mi alma, mi compañía y mis sentidos,
mi defensor en el camino eterno,
mi guardián ante los pecados más sufridos.
El frío me llama, sin dilamientos,
el recorrido empieza de nuevo otra vez,
un ciclo eterno alimenta mis sentimientos,
más la melancolía no se reflejará jamás en mi tez.
La memoria en mis ojos recuerda demasiado,
espinas clavadas, que aún no he sacado,
ignorancia inaudita la sonrisa ha borrado,
la gente despierta, sin un cuando, un porqué, ni un dónde he estado...
Con el viento me pierdo, y en el viento me encuentro,
arrastrado tras la corriente contemplo,
mi camino y pensar, mi templo,
cansado espero, pero ágil por dentro.
Sin pausa corremos, corriendo paramos,
navegamos sin remos, y no naufragamos.
El camino se hace duro, violento y cansado,
constancia, despierta, sino, he fracasado.
Ligeras las brisas, que en nuestras caras se posan,
sufrido el dolor que en nuestros ojos florece,
torturas al alma cada noche desposan,
oscura es la guía que cada noche nos pierde.
El final al horizonte no se divisa,
cuerpo y mente cansados sollozos supuran,
la herida, herida es, y no cicatriza,
y mis recuerdos?..no lo sé.. por ahí pululan...
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