Plegaria de octubre
Concédeme Señor una mañana de octubre;
cuando el sol se despierta desperezándose por encima de los eucaliptos,
despidiéndose en bostezos de los brazos de la noche,
disipando la sutil neblina que levita como una cresta flotante sobre mi arroyo
y el cielo irradia un azul intenso, espejeado por sus rayos.
Cuando los pájaros cantan de gozo en sus vuelos nupciales,
las flores del campo abren sus copas embriagando de perfume
y ruedan las gotas del rocío, perleando por las hojas de los fresnos,
acariciadas por el viento para silbar la música del amanecer.
Concédeme Señor una mañana de octubre que me alimente de amor, no de nostalgia.
Alejandro Casals