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Si la red es fuerte, pesca segura

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado 7 de julio en Erótica



Si la red es fuerte, pesca segura 

Chateando en la red contacté con una mujer de 38 años. Después de unos seis meses intercambiándonos mensajes, decidimos dar el paso de conocernos en persona. Ambos estábamos casados por lo civil, pero pasábamos de los juzgados para tramitar los divorcios. Ninguno de los dos teníamos hijos, lo que ayudaba a más libertad. Su esposo y mi esposa eran personas liberales, por lo que también "se lo montarían a su modo". Pero eso no nos importaba porque nosotros íbamos a lo nuestro.

En el Facebook se hacía llamar san, pero su verdadero nombre era Sandra. Y, aunque sabíamos nuestros apellidos, esto era algo que no interesa a esta historia. Por cierto, yo me llamo Jorge y tengo 40 años.

Nos citamos una tarde para tomar algo, y así ver si nos gustábamos, tanto en el trato como en el físico. En realidad, no sabíamos qué nos íbamos a encontrar. Conocíamos nuestras marchas cibernéticas, y a veces nos tocábamos nuestras intimidades con fotos de desnudos de nuestros cuerpos, las cuales nos enviábamos vía privado, acompañadas de palabras picantes, que contribuían a calentarnos más. Pero no conocíamos nuestras caras ni nuestras voces.

Llegué a la cafetería en la que quedamos y la localicé pronto, ya que me dijo que llevaría un pañuelo azul en cabeza. Y allí estaba ella, sentada en un taburete de la barra. Era una mujer morena, y no iba vestida provocativa: blusa larga azul, zapatos de medio tacón y pantalón azul; eso sí, ajustado. Su blusa dejaba ver un apetecible canalillo. Podría decirse que en conjunto era una mujer atractiva. Me gustó a primera vista.

Y además, tenía algo especial. No sabía si eran sus ojos o su boca, pero me embobaba y, al vernos, conectamos pronto. Después de tomar un café y de hablar un poco, nos fuimos a un motel de  a las afueras de la ciudad, que previamente había reservado yo un cuarto. Entramos y luego de superar los primeros momentos de pudor, empezamos a besarnos; primero tanteando, después con más intensidad, lengua suya serpentosa incluida.

Me di cuenta enseguida de que le urgía sexo. Mis ojos se fueron a sus tetas, cuyos pezones se traslucían a través de la blusa, tan afilados que parecían lanzas atravesando la tela del sujetador. La empujé suavemente hacía la pared, y botón a botón le abrí la blusa, que no la dejé caer. Acaricié sus tetas por encima del sostén. No eran muy grandes, pero no los abarcaba con una mano. Deslizaba mi mano por su cuerpo, y ella, impetuosa, buscaba mi polla.

Mi mano bajaba por sus muslos hasta llegar a su vagina, dejando al descubierto un poblado pubis. Me puse en cuclillas y lamí su clítoris, pasando a lengüetazos. Sentía que mi polla crecía, así que se la metí en su vagina y empecé con un mete y saca repetido, como calibrando su fiebre sexual. Y de nuevo me percaté que estaba famélica de sexo. Me pedía con los ojos y con la voz que me dejase de ensayos y que la follase y no parase.

Aún estaba yo vestido, pero con la polla erecta. Quería follármela despacio, por lo menos la primera vez, ya tendríamos otras, me dije, cuando su mano se iba a mi polla. Sandra estuvo a punto de correrse en las bragas mientras le mordisqueaba los pezones a través del sujetador. Pero, de pronto, me apartó y empezó a devorarme, como una posesa, deleitándose en mi polla.

Estaba lanzada, lo que hacía lanzarme a mí. Le daba la vuelta, la ponía de cara a la pared, le bajaba las bragas y le daba cachetes en su redondo culo. Su blusa caía, y con los dientes le desabrochaba el sujetador.

Y entonces aparecieron unas redondas tetas con pezones rosados, que hasta ahora no había visto. La tenía desnuda frente a mí, cara a la pared. Dejé caer mi pantalón, y mi polla salía briosa de mis bragueta. Se la puse en el agujero negro del culo. Antes sólo la había sentido a través del pantalón, pero ahora la tenía en el ano. Mi lengua lamía su cuello, rogándome ella que la penetrase, pero como estaba tan enfrascado en mi lujuriosa tarea, nerviosa se volvía hacia mí y gritaba suplicante y repetido:

—¡Fóllame ya, fóllame ya!

Con sorpresa para ella, con su sujetador le até las manos a la espalda. Y esto le gustó. Después, la tumbé en la cama con el culo en pompa. Y también le gustó. Acabé de desnudarme, y sobre la marcha metí mi erecto tallo en su hambrienta orquídea.

—¡Empuja fuerte! -gritaba como una condenada.

La tenía a mi merced: manos atadas, culo en pompa y pidiéndome que empujase más la polla. Y me la follé, la hice mía. Y tanto gozamos que al siguiente día nos vimos de nuevo. Y, sin apenas hablar, directamente al motel.

Y a partir de ese día, diez meses ya, nos vemos una vez a la semana y nos acostamos. No quiere cena, no quiere copas, no quiere cine, no quiere discoteca... ¡Sólo quiere cama!

Pero, con el paso de nuestros citas, me daba cuenta de que no sólo tenía carencia de sexo, también de cariño. Tanto llegamos a congeniar y a desearnos que hasta llegaba a pensar que era la mujer de mi vida. Y, en realidad, lo era, porque, entre otras cosas, deliciosas para nosotros dos, estaba abandonada por su esposo, como yo por mi esposa.

Al año de nuestras rituales citas, le propuse que nos divorciásemos y nos fuésemos a vivir juntos, e incluso que nos casásemos. Me miró escéptica, sonrió irónica y sabiamente me respondió, como sólo lo sabe hacer una persona realista:

Siento que te quiero y te deseo como nunca he querido y deseado a mi marido, y jamás te seré infiel. También siento que tú me quieres y me deseas. Pero se supone que los dos tenemos experiencia en este asunto como para deducir que la convivencia es la asesina de la pasión, por lo que tu propuesta podría ser el principio del fin de nuestra bonita historia. Y dicho esto, ahora soy yo la que te propone que sigamos como estamos, que así podemos permanecer juntos toda una vida. 


A Chávez López
Sevilla jul 2026

 :) 

Comentarios

  • He terminado de leer el relato y, curiosamente, creo que hay algo importante en él. No es el motel, ni la pasión, ni siquiera las infidelidades. Todo eso es sólo el escenario. La verdadera historia comienza cuando ella rechaza la convivencia, me ha dado esa impresion.

    Muchos verán en esa decisión una falta de compromiso. Yo, en cambio, creo que es una declaración de lucidez. Hay personas que se enamoran de alguien y otras que se enamoran de lo que sienten cuando están con ese alguien. No siempre es lo mismo.

    La gran pregunta que me deja el relato no es si Sandra tenía razón al rechazar la propuesta. La verdadera incógnita es si aquella pasión habría sobrevivido al peso de la rutina, de las obligaciones cotidianas, de compartir techo, horarios y problemas. Quizá sí. Quizá no. Y precisamente por no querer comprobarlo, ella prefirió conservar intacto aquello que ambos habían encontrado.

    Pero hay otra duda que, para mí, resulta todavía más interesante.

    ¿Aquella pasión desbocada terminó convirtiéndose en amor... o precisamente la intensidad de sus encuentros impidió que naciera un amor diferente?

    Porque hacer el amor una vez por semana y compartir una vida son dos experiencias completamente distintas. Hay sentimientos que necesitan la distancia para mantenerse vivos, mientras que otros sólo descubren su verdadera profundidad cuando llega la convivencia.

    Quizá Sandra comprendió algo que Jorge aún no había descubierto. O quizá ambos confundieron el deseo con el amor... o el amor con el deseo.

    Y creo que ahí reside un gran acierto del relato: no responde ninguna de esas preguntas. Las deja flotando para que sea el lector quien complete la historia.

    Al fin y al cabo, después de cada encuentro, ¿se amaban un poco más... o simplemente se deseaban hasta la siguiente cita?

    No tengo la respuesta. Y quizá sea mejor así. Porque las mejores historias no son las que cierran todas las puertas, sino las que dejan una entreabierta para que cada lector entre con su propia experiencia u opinion.


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado 8 de julio


    Antes de nada te digo que me gusta escribir de todo, pero con matices significativos; que, en este relato erótico, algunas palabras y frases pueden resultar groseras. Verbigracia: en lugar de polla, podía escribir pene; en lugar de vagina, sexo; en lugar de follar, hacer el Amor... y así por estilo. Pero este es un apartado erótico del foro, y como que esos segundos sinónimos, según mi criterio, no encajan.

    Aclarado eso anterior, te doy la razón en cuanto a que dejo mucho a la imaginación del lector, que me agrada que se imbuya en el texto y saque sus propias conclusiones.

    Del resto de tu intervención como respuesta, digo exactamente lo mismo; es decir, que tú misma dilucides las preguntas que haces.

    No sé si me he explicado bien y te pido disculpas si es lo contrario.

    Si ahondas más en mis relatos, sobre todo en "Narrativa", encontrarás algunos que pueden ser de tu agrado. Varios de ellos han ganado premio en concursos de Literatura, organizados por el Ateneo del Sevilla, y en concursos de Literatura Libre, organizados por la Fundación Caixa.

    Yo soy un hombre de avanzada edad y desde siempre me ha interesado la escritura. Pero no soy escritor, simplemente un aprendiz en esto de escribir. Mis estudios universitarios tiraron por otros derroteros, por ingeniería agrónoma.

    Gracias por leerme y por colaborar en el foro.

    Saludos

     :)
     
    (Te invito a que leas cuatro relatos míos, que están ubicados en al apartado "Narrativa" y cuyos títulos son: "Tiempo real hecho materia". "Toda una vida de lucha y trabajo", "Mi herida no para de sangrar", y "Forzado a emigrar" (*). Y muchos más que pueden ser de tu interés. En mi PC tengo archivado la friolera cantidad de 3453 relatos, de toda índole, además de cuatro libros, y todo ello sin publicar oficialmente, sólo en este foro de Literatura y en revistas de concurso Gracias)

    (*) Te los voy a situar en los primeros lugares del apartado "Narrativa"
     

  • Muchas gracias por tu respuesta y por la puntualización. La verdad es que no solo la entiendo, sino que la comparto plenamente. Cada género tiene su propio lenguaje y, en un relato erótico, resulta natural que determinadas palabras se empleen con menos pudor del que quizá tendrían cabida en otro tipo de narrativa. Al final, lo importante no es tanto el término utilizado como el contexto, el respeto con el que se escribe y la intención literaria que hay detrás.

    Además, coincido contigo en algo que me parece especialmente interesante: dejar espacio para que el lector complete la historia con su propia imaginación. A veces, lo que no se dice tiene tanta fuerza como lo que se escribe.

    Y gracias también por invitarme a conocer tus relatos. Después de lo que comentas sobre tus premios y tu trayectoria, la curiosidad ya está despertada. Será un placer acercarme a ellos y descubrirlos con calma.

    Por cierto, no te restes mérito diciendo que eres "solo un aprendiz". Creo que quienes disfrutan escribiendo y siguen aprendiendo después de toda una vida son, precisamente, los que mejor entienden la literatura. Que la ingeniería agrónoma te llevara por otros caminos no impide que las letras hayan encontrado también un buen lugar en ti.

    Un cordial saludo, y gracias por la conversación.

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