¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Esta la escribí diferente

Estábamos alegres. 

Nos levantamos de nuestra cama sonriendo. Un día más. Yo siempre insistí en el beso de los buenos días. Acurrucarme a su lado y hacer como un pajarito que canta en la mañana. Ella se levanta y me hace como un gato amasando pan al decirme que mi panza pronto va a ser más grande si no cuido la boca. Tomé su mano y la sujeté con fuerza, como si nuestras manos fueran corazones que se abrazan.

Es curioso que mi mente no recuerda bien cómo empezó la discusión. No recuerdo qué era, pero recuerdo haberme enojado porque comenzó como una estupidez y terminó en tercera guerra mundial. 

Las relaciones son así, eso me digo una y otra vez. Todas las parejas discuten. Pero la discusión de un momento escaló y se hizo más y más grande con el paso de las horas. Era como una bomba de tiempo, pero no podía ver el temporizador. Entonces, cuando pensé que todo iba a terminar mal esa noche, sucedió. 

Al principio no me dijo del dolor, estábamos peleados después de todo. Después cuando la vi incómoda, supe que algo pasaba. Ella nunca se queja de sus malestares, a menos que estos sean graves. Poco después tomamos la decisión de ir a urgencias.

En el camino me dijo que era mi culpa. Que había acumulado tanta rabia en su cuerpo que había estallado. Me eché a reír, aunque no sé si lo dijo con esa intención. Tomé su mano y la sujeté con fuerza, tratando de ocultar tras una sonrisa lo preocupado que estaba. 

El desespero se apodera de uno. No conozco ningún país diferente al mío, pero estoy seguro de que en Colombia el sistema de salud está en un estado precario, el cual nos limita. El hambre nos puso a hablar. Estuve junto a ella todo lo que pude, ella me miraba diciendo que iba a estar bien. Yo la miraba y le repetía que comeríamos todo lo que ella quisiera una vez estuviera mejor. Nos separaron y me informaron que la iban a llevar a hacer unos exámenes. Traté de esperar con paciencia, pero cuando pasaron las horas y no recibía información me llegó el peso de las palabras que había pronunciado. Ni siquiera me había despedido de ella, al separarnos no le dije “Te amo” como solía hacer. Una parte de mí seguía enojada y esa parte salió a flote. 

Aquella muchacha me dijo lo que sabía.

Me dijeron que estaba en el quirófano. 

Me quedé callado. Sabía que no era nada bueno. 

Entonces fui a la sala de espera. El ambiente allí no ayudó. Vi varios hombres como yo. Al parecer la operación más común del día era la cesárea. Un hombre a mi lado lanzó maldiciones y se puso a llorar. Lo único que pude entender es que su esposa, como la mía estaba en el quirófano y habían perdido a su bebé. Me puse a pensar en la seria posibilidad de no volver a ver a mi amada. En la mañana, estábamos alegres, luego peleados y ahora estábamos separados. 

La llamada tardó en llegar, pero llegó. Los pasos hasta la cirujana fueron largos. Mi corazón se detuvo y dejé de respirar un segundo. En mi cabeza había una tormenta de recuerdos. Si fuera hecho esto diferente… quizá… Un montón de ideas se juntaron y luego… no hubo nada. Mi alma se quedó en silencio mientras me hacían tragar el parte médico. Mi esposa estaba bien, tuvo una operación menor, necesitaba reposo y cuidados. No había despertado y no lo haría en algo más de 5 horas, pero cuando lo hiciera podíamos irnos a casa. 

Cuando por fin la pude ver, me dolió mucho. Estaba débil y necesitada. Hice lo que debía. Me hice cargo de ella y olvidamos la discusión… por poco más de un mes. 

Hoy duermo en el sofá, recordando aquellos momentos. 

Comentarios

  • editado febrero 2024
    Querido Amigo Imaginario:

    Hola. 
    Soy Nacho, el de la gingivitis navideña, recuerdas?
    Te preguntaría cómo estás, pero claro, estoy contigo (es lo que tenemos los amigos imaginarios) así que ya lo estoy viendo, y en fin, puede que sea un ente de ficción, pero lo que no soy es un falso de mierda que viene con preguntitas superfluas mareando el arbusto.
    Tampoco soy el más indicado para dar ánimos y decir que todo se arregla. Después de la gingivitis me ha venido una infección de orina del carajo (al menos no es una ets, jeje); me encantaría decir que fue el regalo final de Baltasar hijo de puta -por el alivio de culpar a alguien- pero me temo que no ha tenido nada que ver. Qué te cuento, en vez de Nacho Rodríguez debería llamarme Johnny Melavo.
    Y desde luego, aunque puedo entenderte muy bien, no soy the best person para dar consejos. Cuando he hecho lo que he querido he acabado en el trullo (no culpo a la Policía; los caminos de lo que queremos son inescrutables, y al momento de ser detenido yo llevaba un alijo de coca entre los dientes), y cuando he hecho lo que tenía que hacer, pues menuda depresión. De hecho ese es mi estado actual: en depresión. Aunque aun me han sobrado 20 botellas de vino de navidad (es mágico, nunca se acaba!!!), lo cual me anima a seguir adelante. 
    Te diré algo en confianza: dentro de mí vive un enano cabrón que me dice "vete a la mierda, Nacho" y trata de hundirme la vida; yo le hago una pedorreta y le digo que se joda porque ya estoy en ella -en la mierda, me refiero-, pero no funciona. Sin embargo también hay otro enano que me dice en modo chincheta cabrona: "no te rindas, joder", porque si hay vino hay esperanza. Es como el cuentito indio de los lobos, pero con enanos (hay que estar tronao de la cabeza, sip). Ya sé lo que me vas a decir; soy un ser humano deleznable, es cierto, pero hago lo que puedo por aferrarme a la vida cual garrapata, qué le voy a hacer, soy un resident-e-vil. Todos tenemos algo a lo que aferrarnos aunque ese algo sea cocaína, tinki-winki, Farla o Po. Intento decirme todos los días que hasta una alimaña como yo tiene derecho a la vida.

    Perdón, amigo, por todas estas barbaridades imaginarias.
    Aquí la persona loca que me habita espera haberte sacado alguna risa.
    Te espero con 200 botellas de vino para cuando vengas a Narnia... Entre tanto, te propongo un juego que ayer se me ocurrió cuando tenía insomnio y se llama: "cambia títulos de libros y películas por la palabra 'cucaracha'".
    "Cinco semanas en cucaracha", "cuatro cucarachas y un funeral", "brain dead: tu cucaracha se ha comido a mi perro"...
    "el clan de la cucaracha cavernaria", "la cucaracha vieja y el mar", "ordena tu vida con marie condo, Cucaracha" (la coma es opcional y depende de tu autoestima; en mi caso la pongo porque mi autoestima es cero), "la hoguera de las cucarachas",

    "Cucaracha Jones y el templo maldito", "Anna Cucaracha" (de los hermanos Karanosequé), "Cucarachuela" de Cortázar, 

    "Muere otro día, Cucaracha", "La cucaracha del mañana nunca muere", "Cucaracha Kane", "la cucaracha de un viajante"...

    Con esta mierda me estallaba de risa, compañero, por lo menos me duró dos horas. 

    En fin, bro, voy a ver si salgo del infierno que hasta para el diablo hace demasiado frío.

    Un abrazo imaginario.

    -El cucaracho Nacho.
  • Hola Nacho, 

    Bueno, gracias por tus palabras. A veces todo lo que se necesita en la vida es saber que no estas solo. La compañía de alguien, aun en la distancia o en la imaginación, es apreciada. 

    Dile a Reyes que no te deje hacer locuras.  :)
  • Me gusta mucho cómo interactúan con sus personajes usterdes dos, je, je...
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado febrero 2024
    Ohm dijo:

    Estábamos alegres. 

    Nos levantamos de nuestra cama sonriendo. Un día más. Yo siempre insistí en el beso de los buenos días. Acurrucarme a su lado y hacer como un pajarito que canta en la mañana. Ella se levanta y me hace como un gato amasando pan al decirme que mi panza pronto va a ser más grande si no cuido la boca. Tomé su mano y la sujeté con fuerza, como si nuestras manos fueran corazones que se abrazan.

    Es curioso que mi mente no recuerda bien cómo empezó la discusión. No recuerdo qué era, pero recuerdo haberme enojado porque comenzó como una estupidez y terminó en tercera guerra mundial. 

    Las relaciones son así, eso me digo una y otra vez. Todas las parejas discuten. Pero la discusión de un momento escaló y se hizo más y más grande con el paso de las horas. Era como una bomba de tiempo, pero no podía ver el temporizador. Entonces, cuando pensé que todo iba a terminar mal esa noche, sucedió. 

    Al principio no me dijo del dolor, estábamos peleados después de todo. Después cuando la vi incómoda, supe que algo pasaba. Ella nunca se queja de sus malestares, a menos que estos sean graves. Poco después tomamos la decisión de ir a urgencias.

    En el camino me dijo que era mi culpa. Que había acumulado tanta rabia en su cuerpo que había estallado. Me eché a reír, aunque no sé si lo dijo con esa intención. Tomé su mano y la sujeté con fuerza, tratando de ocultar tras una sonrisa lo preocupado que estaba. 

    El desespero se apodera de uno. No conozco ningún país diferente al mío, pero estoy seguro de que en Colombia el sistema de salud está en un estado precario, el cual nos limita. El hambre nos puso a hablar. Estuve junto a ella todo lo que pude, ella me miraba diciendo que iba a estar bien. Yo la miraba y le repetía que comeríamos todo lo que ella quisiera una vez estuviera mejor. Nos separaron y me informaron que la iban a llevar a hacer unos exámenes. Traté de esperar con paciencia, pero cuando pasaron las horas y no recibía información me llegó el peso de las palabras que había pronunciado. Ni siquiera me había despedido de ella, al separarnos no le dije “Te amo” como solía hacer. Una parte de mí seguía enojada y esa parte salió a flote. 

    Aquella muchacha me dijo lo que sabía.

    Me dijeron que estaba en el quirófano. 

    Me quedé callado. Sabía que no era nada bueno. 

    Entonces fui a la sala de espera. El ambiente allí no ayudó. Vi varios hombres como yo. Al parecer la operación más común del día era la cesárea. Un hombre a mi lado lanzó maldiciones y se puso a llorar. Lo único que pude entender es que su esposa, como la mía estaba en el quirófano y habían perdido a su bebé. Me puse a pensar en la seria posibilidad de no volver a ver a mi amada. En la mañana, estábamos alegres, luego peleados y ahora estábamos separados. 

    La llamada tardó en llegar, pero llegó. Los pasos hasta la cirujana fueron largos. Mi corazón se detuvo y dejé de respirar un segundo. En mi cabeza había una tormenta de recuerdos. Si fuera hecho esto diferente… quizá… Un montón de ideas se juntaron y luego… no hubo nada. Mi alma se quedó en silencio mientras me hacían tragar el parte médico. Mi esposa estaba bien, tuvo una operación menor, necesitaba reposo y cuidados. No había despertado y no lo haría en algo más de 5 horas, pero cuando lo hiciera podíamos irnos a casa. 

    Cuando por fin la pude ver, me dolió mucho. Estaba débil y necesitada. Hice lo que debía. Me hice cargo de ella y olvidamos la discusión… por poco más de un mes. 

    Hoy duermo en el sofá, recordando aquellos momentos. 


    En un matrimonio (hombre-mujer) la la buena noticia de una preñez es un signo de alegría. Empero, cuando se presenta algún riesgo, la situación se vuelve más delicada y requiere de una atención especial.

    La pareja se halla ante el desafío de equilibrar la emoción del futuro hijo con la preocupación por la salud de la mamá y el bebé.

    Es sumamente crucial que los cónyuges se apoyen mutuamente en este trance, compartiendo ansiedades y tomando decisiones, siempre atendiendo a la experta voz médica.

    Las visitas regulares al médico, el seguimiento de sus indicaciones y los hábitos saludables, son fundamentales.

    Esta contienda fortalece su vínculo y permite afrontar juntos las incertidumbres y celebrar los triunfos.

    La comunicación y el apoyo emocional, se me antojan como pilares firmes para poder superar los obstáculos, construyendo una base sólida para la futura familia.

     :) 


Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com