¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Fabulas

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


FÁBULAS

El milano que quiso relinchar

Tuvo antiguamente el milano otro tipo de voz; una voz muy penetrante. Pero, admirado, oyó un día a un caballo relinchar, y lo quiso imitar. Y, a pesar de todos sus intentos, no consiguió captar exactamente la voz del caballo. Y eso no fue lo peor, ya que perdió además su propia voz.

Así que el pobre, y a la vez osado milano, se quedó sin la voz del caballo y sin la suya propia antigua.

Nunca intentes imitar las cualidades ajenas si no tienes la preparación y las condiciones adecuadas para hacerlo, bajo pena de quedar como un vulgar y fracasado envidioso.


LA CAJA DE MSICA 4 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 13 A_mila10

Fuente; Internet

ACHL

 :)
 

Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El conejito soñador

    Había una vez un conejito soñador que vivía en una casita en medio del bosque, rodeado de libros y fantasía, pero no tenía amigos. Todos le habían dado de lado porque se pasaba todo el día contando historias imaginarias sobre hazañas caballerescas, aventuras submarinas y expediciones extraterrestres. Siempre estaba inventando aventuras como si las hubiera vivido en realidad, hasta que sus amigos se cansaron de escucharle y acabó quedándose solo.

    Al principio, el conejito se sintió triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero pese a eso continuó escribiendo.

    Sus historias eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas, o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.

    Se pasaba todo el tiempo escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.

    Un día, mientras leía entusiasmado su último relato, apareció por allí una hermosa conejita que parecía perdida. Pero nuestro amigo estaba tan entregado a la interpretación de sus propios cuentos que ni se enteró de que alguien lo escuchaba. Cuando acabó, la conejita le aplaudió con entusiasmo.

    ____Vaya, no sabía que tenía público- dijo a la recién llegada. Y agregó:- ¿te ha gustado mi historia?
    ____Ha sido una historia muy emocionante. ¿Sabes más? -respondió ella-.
    ____Claro!. Yo mismo las escribo.
    ____¿De verdad? ¿Y son todas tan apasionantes?
    ____¿Tu crees que son apasionantes? Todo el mundo dice que son muy aburridas…
    ____Pues eso no es cierto, a mi me ha gustado mucho. Ojalá yo supiera saber escribir historias como la tuya ...

    El conejito se dio cuenta de que la conejita se había puesto de repente triste, así que se acercó y, pasándole la patita por encima del hombro, le dijo con dulzura:

    ____Yo puedo enseñarte a escribirlas. Seguro que aprendes rápido
    ____¿Me lo dices en serio?
    ____¡Claro que sí! Y si quieres, podríamos escribirlas juntos.
    ____¡Genial! Estoy deseando explorar esos lugares, viajar a esos mundos y conocer a todos esos villanos y malandrines.

    Ambos conejitos se hicieron muy amigos y compartieron juegos, además de que escribieron cientos de libros que después leyeron a los niños de todo el mundo.

    Sus historias jamás contadas y sus peripecias se hicieron muy famosas y el conejito no volvió jamás a sentirse solo ni tampoco a dudar de sus historias.


    LA CAJA DE MSICA 4 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 13 A_cone10

    Fuente: Internet

    ACHL

     :)
     

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Los deseos ridículos

    Había una vez un leñador tan pobre que ya no tenía ilusiones en esta vida. Estaba desanimado porque jamás había tenido suerte. Su vida era trabajo y más trabajo. Nada de lujos, nada de viajes, nada de diversiones…

    Un día, paseando por el bosque, comenzó a lamentarse en voz alta, pensando que nadie le escuchaba.

    ____No sé lo que es una buena comida, ni dormir en sábanas de seda, ni tener un día libre para holgazanear un poco ¡La vida no ha sido buena conmigo!

    En ese instante, se le apareció el gran dios Júpiter con un rayo en la mano. El leñador, muy asustado, se echó hacia atrás y, tapándose los ojos, empezó a gritar:

    ____¡No me haga nada, señor! ¡Por favor, no me haga nada!

    Júpiter le tranquilizó.

    ____No temas, amigo, no voy a hacerte ningún daño. Vengo a demostrarte que te quejas sin fundamento. Quiero que te des cuenta por ti mismo de las cosas que realmente merecen la pena.
    ____No comprendo lo que quiere decir, señor…
    ____¡Escúchame atentamente! Te daré una oportunidad que deberás aprovechar muy bien. Pide tres deseos, los que tú quieras, y te los concederé. Eso sí, mi consejo es que pienses bien lo que vas a pedirme, porque sólo son tres y no hay marcha atrás.

    En cuanto dijo estas palabras, el dios se esfumó en el aire levantando una nube de polvo. El leñador, entusiasmado, echó a correr hacia su casa para contarle todo a su mujer.

    Como os podéis imaginar, su esposa se puso como loca de contenta ¡Por fin la suerte había llegado a sus vidas! Empezaron a hablar de futuro, de todas las cosas que querían comprar y de la cantidad de lugares lejanos que podrían visitar.

    ____¡Será genial vivir en una casa grande rodeada de un jardín repleto de magnolios! ¿Verdad, querida mía?
    ____¡Sí, sí! Y al fin podremos ir a París ¡Dicen que es precioso!
    ____¡Pues a mí me gustaría cruzar el océano Atlántico en un gran barco y llegar a las Américas!

    ¡No cabían en sí de gozo! Dejaron volar su imaginación y se sintieron muy afortunados. Pasado un rato se calmaron un poco y la mujer puso un poco de orden en todo el asunto.

    ____Querido, no nos impacientemos. Estamos muy emocionados y no podemos pensar con claridad. Vamos a decidir bien los tres deseos antes de decirlos para no equivocarnos.
    ____Tienes razón. Voy a servir un poco de vino y lo tomaremos junto a la chimenea mientras charlamos ¿Te apetece?
    ____¡Buena idea!

    El leñador sirvió dos vasos y se sentaron juntos al calor del fuego. Estaban felices y algo más tranquilos. Mientras bebían, el hombre exclamó:

    ____Este vino está bastante bueno ¡Si tuviéramos una salchicha para acompañarlo sería perfecto!

    El pobre leñador no se dio cuenta de que con estas palabras acababa de formular su primer deseo, hasta que una enorme salchicha apareció ante sus narices.

    Su esposa dio un grito y, muy enfadada, comenzó a recriminarle.

    ____Serás tonto…! ¿Cómo malgastas un deseo en algo tan absurdo como una salchicha? ¡No vuelvas a hacerlo! Ten cuidado con lo que dices o nos quedaremos sin nada.
    ____Tienes razón… Ha sido sin querer. Tendré más cuidado la próxima vez.

    Pero la mujer había perdido los nervios y seguía riñéndole sin parar.

    ____¡Eso te pasa por no pensar las cosas! ¡Deberías ser más sensato! ¡Mira que pedir una salchicha!…

    El hombre, harto de recibir reprimendas, acabó poniéndose nervioso él también y contestó con rabia a su mujer:

    ____¡Vale, vale, cállate ya! ¡Deja de hablar de la maldita salchicha! ¡Ojalá la tuvieras pegada a la nariz!

    La rabia y la ofuscación del momento le llevó a decir algo que, en realidad, no deseaba, pero el caso es que una vez que lo soltó, sucedió: la salchicha salió volando y se incrustó en la nariz de su linda mujer como si fuera una enorme verruga colgante.

    ¡La pobre leñadora casi se desmaya del susto! Sin comerlo ni beberlo, ahora tenía una salchicha gigante en la cara. Se miró al espejo y vio con espanto su nuevo aspecto. Intentó quitársela a tirones pero fue imposible: esa salchicha se había pegado a ella de por vida.

    Con lágrimas en los ojos e intentando controlar la ira, se giró hacia su marido con los brazos en jarras.

    ____¿Y ahora qué hacemos? Sólo podemos formular un último deseo y las cosas se han torcido bastante, como puedes comprobar.

    Efectivamente, la decisión era peliaguda. Tratando de conservar la calma, se sentaron a deliberar sobre cómo utilizar ese deseo. Había dos opciones: pedir que la salchicha se despegara de la nariz de una vez por todas, o aprovechar para pedir oro y joyas que les permitirían vivir como reyes el resto de su vida. Lo que estaba clarísimo era que a una de las dos cosas debían renunciar.

    La mujer no quería ser portadora de una salchicha que afeara eternamente su bello rostro, y el leñador, que la amaba, no quería verla con ese aspecto monstruoso. Al final se pusieron de acuerdo y el hombre, levantándose, exclamó:

    ____¡Que la salchicha desaparezca de la nariz de mi mujer!

    Un segundo después, la descomunal salchicha se había volatilizado. La muchacha recobró su belleza y él se sintió feliz de que volviera a ser la misma de siempre.

    La posibilidad de ser millonarios ya no existía, pero en lugar de sentir frustración, se abrazaron con mucho amor. El leñador comprendió, tal y como Júpiter le había advertido, que la auténtica felicidad no está en la riqueza, sino en ser felices con las personas que queremos.


    LA CAJA DE MSICA 4 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 13 A_los_13

    Fuente: Internet

    ACHL

     :)
     
  • Excelente hilo, Antonio. me gusta.
    Aquí pondremos fábulas de Esopo, Iriarte, Samaniego y La Fontaine, por mencionar unos cuantos.
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Excelente hilo, Antonio. me gusta.
    Aquí pondremos fábulas de Esopo, Iriarte, Samaniego y La Fontaine, por mencionar unos cuantos.


     Pues venga, Carlos, dale caña  :)

  • EL RATÓN CAMPESTRE Y EL CORTESANO

    Fábula de Esopo

    Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo invitó a que fuese a comer al campo. Pero como solo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo: 

    —¿Sabes amigo que llevas una vida de hormiga? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición los tendrás.

    Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel. Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.

    Dispuestos ya a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona incursionó en el lugar, y al verla, los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse.

    Entonces el ratón de los campos, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano:
    —Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobre diablo y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, pero sin angustias ni temores hacia nadie.

    Moraleja: Es tu decisión escoger el disponer de ciertos lujos y ventajas que siempre van unidos a agobios y preocupaciones, o vivir un poco más austeramente pero con más serenidad.


  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV


    El traje nuevo del emperador (Hans Christian Andersen) 

    Hace muchos años vivía un Emperador que gastaba todas sus rentas en lucir siempre trajes nuevos. Tenía un traje para cada ocasión y hora de día. La ciudad en que vivía el Emperador era muy movida y alegre. Todos los días llegaban tejedores de todas las partes del mundo para tejer los trajes más maravillosos para el Emperador.

    Un día se presentaron dos bandidos que se hacían pasar por tejedores, asegurando tejer las telas más hermosas, con colores y dibujos originales. El Emperador quedó fascinado e inmediatamente entregó a los dos bandidos un buen adelanto en metálico para que se pusieran manos a la obra cuanto antes.

    Los ladrones montaron un telar y simularon que trabajaban. Y mientras tanto, se suministraban de las sedas más finas y del oro de mejor calidad. Pero el Emperador, ansioso por ver las telas, envió al viejo y digno ministro a la sala ocupada por los dos supuestos tejedores. Al entrar en el cuarto, el ministro se llevó un buen susto '¡Dios nos ampare! ¡Pero si no veo nada!'

    Pero no soltó palabra. Los dos bandidos le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos los colores y los dibujos. Le señalaban el telar vacío y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, sin ver nada. Pero los bandidos insistían: '¿No dices nada del tejido?'

    El hombre, asustado, acabó por decir que le parecía todo muy bonito, maravilloso y que diría al Emperador que le había gustado todo. Y así lo hizo. Los estafadores pidieron más dinero, más oro y se lo concedieron. Poco después, el Emperador envió a otro ministro para inspeccionar el trabajo de los dos bandidos. Y le ocurrió lo mismo que al primero.

    Pero salió igual de convencido de que había algo, de que el trabajo era formidable. El Emperador quiso ver la maravilla con sus propios ojos. Seguido por su comitiva, se encaminó a la casa de los estafadores. Al entrar no vio nada. Los bandidos le preguntaron sobre el admirable trabajo y el Emperador pensó:

    '¡Cómo! Yo no veo nada. Eso es terrible. ¿Seré tonto o acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso'. Con miedo de perder su cargo, el emperador dijo:

    - Oh, sí, es muy bonita. Me gusta mucho. La apruebo. Todos los de su séquito le miraban y remiraban. Y no entendían al Emperador que no se cansaba de lanzar elogios a los trajes y a las telas.

    Y se propuso a estrenar los vestidos en la próxima procesión. El Emperador condecoró a cada uno de los bribones y los nombró tejedores imperiales. Sin ver nada, el Emperador probó los trajes, delante del espejo. Los probó y los reprobó, sin ver nada de nada. Y todos exclamaban: - ¡Qué bien le sienta! ¡Es un traje precioso!

    Fuera, la procesión lo esperaba. Y el Emperador salió y desfiló por las calles del pueblo sin llevar ningún traje. Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz o por estúpido, hasta que exclamó de pronto un niño:

    - ¡Pero si no lleva nada!

    - ¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia!, dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

    - ¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

    - ¡Pero si no lleva nada!, gritó, al fin, el pueblo entero.

    Aquello inquietó al Emperador, pues sospechaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: 'Hay que aguantar hasta el fin'. Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.


  • El traje Nuevo del Emperador la representé con un grupo de amigos en una obra de teatro cuando iba a la escuela media superior (Preparatoria).
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    El traje Nuevo del Emperador la representé con un grupo de amigos en una obra de teatro cuando iba a la escuela media superior (Preparatoria).

    Todo un dandi mexicano  :)


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Sarasvati dijo:


    El traje nuevo del emperador (Hans Christian Andersen) 

    Hace muchos años vivía un Emperador que gastaba todas sus rentas en lucir siempre trajes nuevos. Tenía un traje para cada ocasión y hora de día. La ciudad en que vivía el Emperador era muy movida y alegre. Todos los días llegaban tejedores de todas las partes del mundo para tejer los trajes más maravillosos para el Emperador.

    Un día se presentaron dos bandidos que se hacían pasar por tejedores, asegurando tejer las telas más hermosas, con colores y dibujos originales. El Emperador quedó fascinado e inmediatamente entregó a los dos bandidos un buen adelanto en metálico para que se pusieran manos a la obra cuanto antes.

    Los ladrones montaron un telar y simularon que trabajaban. Y mientras tanto, se suministraban de las sedas más finas y del oro de mejor calidad. Pero el Emperador, ansioso por ver las telas, envió al viejo y digno ministro a la sala ocupada por los dos supuestos tejedores. Al entrar en el cuarto, el ministro se llevó un buen susto '¡Dios nos ampare! ¡Pero si no veo nada!'

    Pero no soltó palabra. Los dos bandidos le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos los colores y los dibujos. Le señalaban el telar vacío y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, sin ver nada. Pero los bandidos insistían: '¿No dices nada del tejido?'

    El hombre, asustado, acabó por decir que le parecía todo muy bonito, maravilloso y que diría al Emperador que le había gustado todo. Y así lo hizo. Los estafadores pidieron más dinero, más oro y se lo concedieron. Poco después, el Emperador envió a otro ministro para inspeccionar el trabajo de los dos bandidos. Y le ocurrió lo mismo que al primero.

    Pero salió igual de convencido de que había algo, de que el trabajo era formidable. El Emperador quiso ver la maravilla con sus propios ojos. Seguido por su comitiva, se encaminó a la casa de los estafadores. Al entrar no vio nada. Los bandidos le preguntaron sobre el admirable trabajo y el Emperador pensó:

    '¡Cómo! Yo no veo nada. Eso es terrible. ¿Seré tonto o acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso'. Con miedo de perder su cargo, el emperador dijo:

    - Oh, sí, es muy bonita. Me gusta mucho. La apruebo. Todos los de su séquito le miraban y remiraban. Y no entendían al Emperador que no se cansaba de lanzar elogios a los trajes y a las telas.

    Y se propuso a estrenar los vestidos en la próxima procesión. El Emperador condecoró a cada uno de los bribones y los nombró tejedores imperiales. Sin ver nada, el Emperador probó los trajes, delante del espejo. Los probó y los reprobó, sin ver nada de nada. Y todos exclamaban: - ¡Qué bien le sienta! ¡Es un traje precioso!

    Fuera, la procesión lo esperaba. Y el Emperador salió y desfiló por las calles del pueblo sin llevar ningún traje. Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz o por estúpido, hasta que exclamó de pronto un niño:

    - ¡Pero si no lleva nada!

    - ¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia!, dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

    - ¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

    - ¡Pero si no lleva nada!, gritó, al fin, el pueblo entero.

    Aquello inquietó al Emperador, pues sospechaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: 'Hay que aguantar hasta el fin'. Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.



    ¡Un gran emperador, sí señor!

    Saluditos (así, en diminutivo, que están las cosas muy caras)  :)

  • Sarasvati dijo:


    El traje nuevo del emperador (Hans Christian Andersen) 

    Hace muchos años vivía un Emperador que gastaba todas sus rentas en lucir siempre trajes nuevos. Tenía un traje para cada ocasión y hora de día. La ciudad en que vivía el Emperador era muy movida y alegre. Todos los días llegaban tejedores de todas las partes del mundo para tejer los trajes más maravillosos para el Emperador.

    Un día se presentaron dos bandidos que se hacían pasar por tejedores, asegurando tejer las telas más hermosas, con colores y dibujos originales. El Emperador quedó fascinado e inmediatamente entregó a los dos bandidos un buen adelanto en metálico para que se pusieran manos a la obra cuanto antes.

    Los ladrones montaron un telar y simularon que trabajaban. Y mientras tanto, se suministraban de las sedas más finas y del oro de mejor calidad. Pero el Emperador, ansioso por ver las telas, envió al viejo y digno ministro a la sala ocupada por los dos supuestos tejedores. Al entrar en el cuarto, el ministro se llevó un buen susto '¡Dios nos ampare! ¡Pero si no veo nada!'

    Pero no soltó palabra. Los dos bandidos le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos los colores y los dibujos. Le señalaban el telar vacío y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, sin ver nada. Pero los bandidos insistían: '¿No dices nada del tejido?'

    El hombre, asustado, acabó por decir que le parecía todo muy bonito, maravilloso y que diría al Emperador que le había gustado todo. Y así lo hizo. Los estafadores pidieron más dinero, más oro y se lo concedieron. Poco después, el Emperador envió a otro ministro para inspeccionar el trabajo de los dos bandidos. Y le ocurrió lo mismo que al primero.

    Pero salió igual de convencido de que había algo, de que el trabajo era formidable. El Emperador quiso ver la maravilla con sus propios ojos. Seguido por su comitiva, se encaminó a la casa de los estafadores. Al entrar no vio nada. Los bandidos le preguntaron sobre el admirable trabajo y el Emperador pensó:

    '¡Cómo! Yo no veo nada. Eso es terrible. ¿Seré tonto o acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso'. Con miedo de perder su cargo, el emperador dijo:

    - Oh, sí, es muy bonita. Me gusta mucho. La apruebo. Todos los de su séquito le miraban y remiraban. Y no entendían al Emperador que no se cansaba de lanzar elogios a los trajes y a las telas.

    Y se propuso a estrenar los vestidos en la próxima procesión. El Emperador condecoró a cada uno de los bribones y los nombró tejedores imperiales. Sin ver nada, el Emperador probó los trajes, delante del espejo. Los probó y los reprobó, sin ver nada de nada. Y todos exclamaban: - ¡Qué bien le sienta! ¡Es un traje precioso!

    Fuera, la procesión lo esperaba. Y el Emperador salió y desfiló por las calles del pueblo sin llevar ningún traje. Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz o por estúpido, hasta que exclamó de pronto un niño:

    - ¡Pero si no lleva nada!

    - ¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia!, dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

    - ¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

    - ¡Pero si no lleva nada!, gritó, al fin, el pueblo entero.

    Aquello inquietó al Emperador, pues sospechaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: 'Hay que aguantar hasta el fin'. Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.


    Me ha encantado leerlo! De peque, este y algunos otros ("El soldadito de plomo" o "El califa cigüeña") eran mis cuentos favoritos. Bueno, y de mayor también, tanto por disfrutarlos como por todas las dimensiones que toman. 

    Sabes, algunos días antes de entrar a este foro, me rondaba la cabeza "versionar" algunos cuentos, y pensaba: ay dios lo que podría salir de ahí😅, porque se me iba todo al género terror... y es que claro, muchos de ellos ya de por sí terroríficos son (me encanta eso).

    Muchas gracias por compartirlo! <3
  • Versiona alguno, ya que sería bueno leerte.
    Si se trata de humor negro, mucho mejor.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com