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HILOS

Hilos
Por: Tomás Cárdenas Palau 

Recuerdo que fue en otoño cuando nos cruzamos por primera vez, entre hojas naranjas, rojas y amarillas, días de viento con aroma a café en el aliento y nubes grises taciturnas flotando ligeras en el aire. Hace poco leí que las hojas se ponen de esos colores porque el árbol guarda su energía y se prepara para su periodo de hibernación durante el invierno que se aproxima donde sus hojas se desprenden quedando solo troncos y ramas secas desprotegidas. Deja ir algo de sí mismo para seguir adelante.
Compartíamos cosas de vez en cuando, incluso el silencio. A veces eran charlas que no llevaban a ningún lado, pero ayudaban a dejar de pensar en galaxias y universos, en agujeros negros de rutina y en apesadumbrados días en cajones de ratón a expensas de un poco de queso para llevar a casa. El café humeante y los rayos del sol del otoño se reflejaban en nuestros rostros para posteriormente adormecernos uno encima del otro en la abrigada comodidad de la cama después de almorzar. Estábamos en ese momento, no existía nada más. Duraba poco y después cada uno volvía a su estadía habitual, con sus cosas, ruido, enredado cada uno en su propio hilo. Pero cada tanto los hilos se cruzaban, semanas o incluso meses después. Era como intercambiar un código morse secreto, tal como satélites que se interconectaban detrás del lado oscuro de la luna. Así ocurría y ese paréntesis nos funcionaba.
Cada vez que me veía caminando por un puente observando a los patos y los peces pescar su comida me imaginaba que nos encontrábamos a través del reflejo del estanco de abajo producto de una extraordinaria casualidad. Como si así lo hubiese querido el destino, aunque, eso del destino no es algo en lo que crea todos los días, depende más bien de con que pie pise el suelo ese día. Hay días grises, como nubarrones, gorilas gigantes sentados sobre mi pecho que apenas me dejan mover y decido no pelear con ellos para simplemente dejarme mimetizar y transformarme en aquellas escalas grises esperando con ansias que el día pase rápido. Que ilusión tan desdibujada es querer controlar el tiempo, pero es relativo, ¿no? así lo explicó alguna vez aquel gran científico alemán cuyo nombre, a pesar de ser tan famoso, olvido siempre. En cambio, hay otros días en que los colores invaden cada rincón y siento que puedo hacerlo todo, invencible, indestructible, a pesar de que nada me salga.
Llegamos a conocernos muy bien. Sabíamos incluso la ropa interior del otro relacionada con el día de la semana, el esmalte de uñas que utilizaba y era imposible no reconocer el aroma de aquel must de Cartier que dejaba su estela a donde quiera que fuera. Sin darme cuenta tarareaba las canciones que reproducía cuando iba a bañarse y podía sentir el aroma a café con crema de whisky en su aliento con cada ligero beso.
Un día no hablamos más.
Nuestras respuestas se volvieron más espaciadas e impersonales intercalándose entre “me olvide de responder”, “terminé tarde una reunión” o un emoji de carita feliz para salir del apuro cuando uno no sabe bien que contestar. Pero esta bien, las cosas empiezan y terminan. Es lo único que sabemos cuando tomamos conciencia de que incluso nosotros empezamos y terminamos, que esto es un enorme hotel y nunca se sabe el tiempo que estas hospedado. Y, cada tanto, de forma casual, nos cruzamos amigablemente. Dejamos ir algo que fue parte de nosotros para seguir adelante.
Hoy estoy conmigo, mis cosas, mi ruido, viendo a la gente pasar, automóviles que no van a ningún lado y a gatos vecinos que me miran fijamente con sus ojos hechiceros. Hoy estoy conmigo, enredándome en mis propios hilos.

Comentarios

  • Hola Tomas, gracias por tu texto. Sobre todo por
    "Dejamos ir algo que fue parte de nosotros para seguir adelante"
    A veces es necesario, casi siempre imprescindible hacerlo si no quieres quedarte anclado en un momento del tiempo. Me gusta la repetición de la frase: El otoño de los arboles, el otoño de la relación entre dos personas. Supervivencia. A mi me pillas ahora enredado en mi propio hilo, así que te entiendo.
  • Gracias por tu comentario ichavarria y me alegro que te haya gustado.

    Saludos  :)
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