En el bosque, el viejo roble parecía inofensivo. Su tronco ancho ofrecía sombra, y sus ramas, nido a los pájaros. Pero los vecinos sabían la verdad. Cada otoño, cuando las hojas caían, el árbol cobraba su precio.
Primero fue don Ernesto, que tropezó con una raíz levantada. Después, doña Marta, que trató se subirse y se cayó, por fortuna sin lesiones.
La dirección del parque forestal envió jardineros, pero el árbol siempre encontraba cómo vengarse: una rama que caía justo a tiempo, una ardilla que asustaba a alguien con bastón.
Un pez grande hambriento nadaba por las aguas profundas del océano cuando divisó una barquichuela flotando en la superficie. Era frágil, con varios pescadores a bordo, desprevenidos del peligro inminente.
El pez nadó hacia debajo de la barquichuela. De repente, dio u salto, abrió su enorme boca y se la tragó de un solo bocado.
El mar volvió a calmarse, como si nada hubiera pasado. El silencio volvió a reinar bajo el agua, mientras el pez, todavía satisfecho, se alejaba lentamente hacia lo más hondo del océano en busca de una próxima presa.
El jugador de baloncesto más alto de la historia es Gheorghe Mureșan, nacido en Rumania en el año 1971. Mide 2,31 metros y jugó en la NBA para los Washington Bullets/Wizards y los New Jersey Nets en la década de 1990. Su enorme estatura, producto de una condición genética, lo convirtió en una figura muy reconocible tanto dentro como fuera de la cancha.
Si comparamos su altura con la Torre Eiffel, que mide 330 metros incluyendo su antena, se necesitarían aproximadamente 143 Mureșan apilados uno sobre otro para alcanzar su cima. Esta comparación muestra la asombrosa magnitud de la estructura parisina, pero también resalta la extraordinaria altura del jugador.
A pesar de su tamaño, Mureșan era sorprendentemente ágil y llegó a ser Jugador Más Mejorado de la NBA en 1996. Tras retirarse, se dedicó al cine, la publicidad y a promover el baloncesto entre los jóvenes.
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En el bosque, el viejo roble parecía inofensivo. Su tronco ancho ofrecía sombra, y sus ramas, nido a los pájaros. Pero los vecinos sabían la verdad. Cada otoño, cuando las hojas caían, el árbol cobraba su precio.
Primero fue don Ernesto, que tropezó con una raíz levantada. Después, doña Marta, que trató se subirse y se cayó, por fortuna sin lesiones.
La dirección del parque forestal envió jardineros, pero el árbol siempre encontraba cómo vengarse: una rama que caía justo a tiempo, una ardilla que asustaba a alguien con bastón.
Un pez grande hambriento nadaba por las aguas profundas del océano cuando divisó una barquichuela flotando en la superficie. Era frágil, con varios pescadores a bordo, desprevenidos del peligro inminente.
El pez nadó hacia debajo de la barquichuela. De repente, dio u salto, abrió su enorme boca y se la tragó de un solo bocado.
El mar volvió a calmarse, como si nada hubiera pasado. El silencio volvió a reinar bajo el agua, mientras el pez, todavía satisfecho, se alejaba lentamente hacia lo más hondo del océano en busca de una próxima presa.
todavía satisfecho, NO
todavía insatisfecho, SÏ
El jugador de baloncesto más alto de la historia es Gheorghe Mureșan, nacido en Rumania en el año 1971. Mide 2,31 metros y jugó en la NBA para los Washington Bullets/Wizards y los New Jersey Nets en la década de 1990. Su enorme estatura, producto de una condición genética, lo convirtió en una figura muy reconocible tanto dentro como fuera de la cancha.
Si comparamos su altura con la Torre Eiffel, que mide 330 metros incluyendo su antena, se necesitarían aproximadamente 143 Mureșan apilados uno sobre otro para alcanzar su cima. Esta comparación muestra la asombrosa magnitud de la estructura parisina, pero también resalta la extraordinaria altura del jugador.
A pesar de su tamaño, Mureșan era sorprendentemente ágil y llegó a ser Jugador Más Mejorado de la NBA en 1996. Tras retirarse, se dedicó al cine, la publicidad y a promover el baloncesto entre los jóvenes.