Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!
Le mataré con un plato de comida caliente sobre la mesa cada día, con las sábanas limpias y extendidas sobre su cama en la noche, con la sonrisa en los desayunos y los días de playa sin que ocurra nada.
Le mataré implorando por el algo para que regrese y que no sabe ni nombrar.
Paseo mi cuerpo desnudo de norte a sur y de este a oeste y las piernas cerradas a cal y canto; ahora él vestirá el luto y escuchará tañir las campanas a entierro. Cuando una mujer muere, el halo se detiene.
Le mataré con mis ojos que le miran sin mirar, con su ropa limpia oliendo a mañanas de sol, a regresos de un día que no me interesa y a silencios de risas a sus chistes y a sus viejas manidas historias.
Traeré la locura de una existencia perfecta. A veces solo hay que emborrachar al otro con su veneno; le narraré al oído dulces palabras y recuerdos lejanos de otros tiempos mientras guardo silencio en las noches perfumadas sin deseo, para que la añoranza se detenga a sus pies y le pellizque el alma que no tuvo aquella noche. A veces morimos con todo lo que deseamos y el vacío de una presencia.
Le mataré con la falta de luz en mí que una vez le puse a los pies.
Aprenderá de las palabras que vuelan y no llegan, de la tristeza perenne sin aliento ni descanso, de la prioridad que solo suma uno y del llanto que suena a madrugadas de nanas.
Le mataré siendo la de siempre sin ser para que lo busque en el laberinto del pasado y revuele la muerte que me rondó.
Pedirá por todos los gestos de cuidado que existían y por la libertad de una espada al cuello que una vez afiló; sin valentía ni protección se quedaron mis brazos vacíos para toda la vida. Ya no habrá tetas hinchadas, ni ojos que mirar, tampoco risas desprevenidas, ni amor de vida. Lo cambié por el hueco de un dolor que todo lo llena. Ya no soy ni fui, ni seré.
Le mataré con el cobijo que me negó y los gritos a mi locura que resonaron al fondo de mi útero. Yo horadaré la fosa con cada palada de mi pena y le ataré a mi cintura para que se conforme con mi sombra y el precio de su cobardía.
Le mataré con toda la vida a sus espaldas y le tomaré la mano para que caiga en mi tumba al lugar de mi hijo.
Ni la venganza necesito, una mujer nueva muerta camina que entre todos mataron.
Comentarios
Y eso que es sin venganza. Ni me imagino cómo lo mataría con venganza.
¿Lo tenías escrito ya o lo has hecho a bote pronto?
Texto bien redactado. Me ha gustado.
Un saludo
Los "le" o los "les" etimológicamente son pronombres personales átonos que se utilizan para cosas, y los "lo, la, los, las" para personas. De acuerdo. Pero la RAE no hace feo al uso variado.
DIODAMA dijo:
lo escribi a las 1. 31 minutos jaja, a esas horas ya ni veo,, pero salio asi.. del tironcillo Antonio. Y no , no es una venganza, solo es lo que pasa cuando se deja de amar... la desidia de tantas y tantas mujeres que estan en matrimonios y el tio no se da por enterado de nada.. jaja, no hace falta venganza para que una mujer se " cargue" a un hombre, con dejar de desearlo y amarlo la venganza ya se hizo. jajjaa. Eso trataba de expresar,
Efectivamente, dejar de amar cualquiera de las dos partes de una pareja sentimental, es la mayor de las venganzas. ¿El motivo?: él y ella lo sabrán.