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Bombas Atómicas. Verlo para creerlo. Parte II.


Todo comenzó con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades del sur del Japón. Lo hicieron los americanos para terminar con la guerra. Pero no se sabe muy bien lo que pasó allí, si fue una sola explosión atómica en esas ciudades respectivas lo que originó su destrucción,  o se trató de un bombardeo en serie con otra clase de bombas convencionales, pues todas y cualquier noticia relacionadas con los hechos quedaron centradas en las explosiones únicas nucleares. El número de muertes en Hiroshima superó los 60.000, pero hay que tener en cuenta las características de aquella población en aquellos años, con edificios en su mayor parte de madera y la concentración de población en esos edificios. De todos esos muertos también hay que echar la culpa a situaciones secundarias a la explosión de la Gran Bomba, pues muchos de ellos tuvieron que morir a causa de incendios y destrucción de edificios o por accidentes o confusión creada en aquellos momentos. También, por supuesto, a causa de quemaduras y radiactividad.

Lo que conviene dejar  muy claro es que no hay que echar la culpa de toda esas muertes, 60.000 víctimas, a la mera explosión de esas bombas, esa forma de ver las cosas puede crear una idea distorsionada de la capacidad letal de las bombas atómicas.

La historia siguió después con el inicio de la "carrera armamentística" y sobre todo con los famosos "experimentos nucleares". El asunto, entonces, con una cosa y otra quedó lo suficientemente claro, los señores que manejaban esos artefactos lo vieron en un segundo, no solo eran ellos quienes podrían construirles, sino quienes podrían presumir de ello.

Cuando el ejército de Aníbal y sus unidades de elefantes, allá en los años 200 y pico antes de nuestra era, se fue acercando a Roma, todo el mundo en ésta ciudad se preguntaba cómo serían esos animales, su tamaño, las leyendas que corrían sobre ellos, si serían del tamaño de casas o de árboles. Eso es lo mismo que pasa y sigue pasando en el pensamiento de las gentes en relación con la bombas atómicas. Nadie se imagina una cosa así, algo colosal, algo que, explotado en el centro de una cualquier ciudad podría acabar con ella y, por curiosidad, da lo mismo que esa ciudad o población tenga 50.000 habitantes, que 150.000 o 5 millones de habitantes, que la pertinaz y fantasiosa potencia de esas bombas atómicas acaba con cualquier cosa que se le presente. A mi me parece que eso no puede ser pensado de esa manera.

Sin embargo, esos reparos en el pensamiento popular, han ido creando en trono a esa arma nuclear una cierta aura maligna que en nada favorece el normal desarrollo de los pueblos y de los grupos humanos. La gente de la calle no quiere hablar de esas cosas porque parece muy lejos el día que las tengamos ahí, en la primera página del periódico o en la pantalla del televisor. Las nuevas generaciones, ahora en el siglo XXI, apenas tiene una idea formada del asunto, si no ninguna, lo sitúan como algo novedoso, con los ovnis o los fenómenos paranormales y aquellos que presenciaron esas explosiones, las de la guerra o los experimentos de después, siguen viendo en ello el horror, algo que de ninguna manera tendría solución. Sería muy difícil, por otra parte, advertir, en esa clase de conversaciones, el síntoma más importante, el del miedo, es muy difícil pillar al ciudadano medio en semejante trampa. Pero sin duda, ese debe ser el síntoma más importante, el miedo, el reparo, el tabú de las cosas y las situaciones. La guerra no existe, las armas nucleares no existen y no solo es que no existen ahora, sino que no existirán nunca en el futuro.

Se da el caso, por ende, y esto es lo más terrible de todo, que esa clase de potencia fantasiosa que se le atribuye a las armas nucleares, siempre ha sido asociada de manera inconsciente, desalmada y descocada, como artilugios destinados para terminar y explosionar el amado lugar donde vivimos, nuestro querido planeta Tierra. Ahí tienen ustedes la facilidad asombrosa que todo el mundo y cualquier persona le conceden a esos ingenios nucleares para terminar con ese lugar y cuerpo planetario, la Tierra, como si enseguida pudiera hacerse lo mismo con la Luna, el Sol y con todas las estrellas. Eso parecen a mi entender ciertos remanentes psicoanalíticos de logros y miedos en el perfecto marco de la humana cultura que muy bien podrían relacionarse en ese mismo sentido de insania con las teorías más cáusticas y distorsionantes de la Big-Bang como explosión del universo. Pero es en lo que estamos, la facilidad que siempre se le ha atribuido a esos ingenios y experimentos nucleares para terminar con el planeta Tierra. Y es que eso debe ser algo absolutamente imposible según los ejemplos presentados. Ni siquiera con la totalidad de los ingenios desplegados y la potencia conseguida con todos ellos, puede existir la más mínima posibilidad de atentar en contra del planeta Tierra.

Unos números: existen en el mundo 9 países que cuentan con arsenal atómico: China, Rusia, EEUU, Inglaterra,  Francia, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Cinco países más tienen entre sus armas bombas nucleares: Bélgica, Alemania, Italia, Holanda y Turquía. Se piensa que Rusia posee 6. 257 cabezas nucleares, que EEUU posee 5. 550 ojivas nucleares y que las armas nucleares se redujeron de 70. 300 unidades en el año 1.986 a 15. 350 en el año 2.016.

No existe, entonces, la más mínima posibilidad de atentar contra el planeta Tierra en relación con el uso e invención de esa clase armas nucleares, las bombas atómicas. Si no, habría que proponer a todas esas naciones poseedoras de artilugios atómicos que procedieran con ello en la superficie de su propio territorio, ya que ambas cosas son suyas el territorio y las bombas,  para saber que es lo que pasaba. No creo ni por mientes que todas y cada una de las bombas del arsenal atómico americano pudiesen acabar con un solo cuarto de territorio de Norteamérica. Que los 6. 257 bombas que posee Rusia causasen, de ser explotadas a un mismo tiempo, un excesivo descalabro en su amada Siberia.

¿Qué sucede, entonces? ¿Cuáles son las serias consecuencias de todo ello? Pues que quedaron delimitadas una serie de fronteras para la civilización y el progreso entre los países del norte y los del sur,  y que, a su vez, hizo que se formase una falsa y miope idea de la libertad de las naciones y su soberanía para construir o dejar de hacerlo, armas nucleares.

Lo primero, es lo primero y es dejar que nuestro vecino se comporte como a él le parezca si respeta las lindes y normas entre sus propiedades y las mías, en un sentido más amplio dejar que cada país elija su destino. 

Y después sí, una vez que se conozca el poder de muerte y destrucción de esa clase de bombas, que todos y cualquier país del planeta tengan acceso a su estudio y fábrica; una vez estipulado y respetado  el espacio y la libertad de cada uno de los pueblos y naciones de la Tierra, después sí, se puede luchar por la vida, por la desamortización de todas y cada una de las armas nucleares, por la naturaleza y la convivencia ecológica, por el espacio verde y la paz en los lugares planetarios y se podrá separar una cosa de otra, el rollo militar del civil, y conceder a esa clase de armas un uso exclusivo militar y para la confrontación guerrera, alejando de su influjo los núcleos poblacionales, y se podrán crear normas para el juego de esas armas y uso de ese armamento.


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