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Necesitada de macho

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Slo escritos erticos Escrit36


Necesitada de macho 

Le conocí una noche en la que después de mucho tiempo decidí darme un homenaje, pues, divorciada cinco años atrás y sin haber catado macho desde entonces, estaba famélica de sexo. Según me dijo mi amiga Martina, él era un tío guapísimo de unos 25 años y que estaba buenísimo, que le gustaban las maduras como yo y que trabaja de camarero en un bar flamenco de copas, el mismo bar al que ella me aconsejó visitar. No bien me senté en uno de los taburetes en una esquina de la barra, enseguida me di cuenta de que aquel donjuán camarero no me quitaba ojo de encima

Desde la otra esquina se me acercó.

- Hola. ¿Qué te sirvo? –me dijo, sonriéndome.
- Hola. Un botellín de cerveza muy fría y sin vaso, por favor –le sonreí.
- Marchando.

No pude ni quise evitar seguirlo con la mirada. Sus ojos verdes eran de ensueño. Llevaba una camiseta tan ceñida que se le marcaba torso, y su culo y su paquete en los vaqueros... ¡madre mía! Ya me lo imaginaba desnudo.

Me trajo el botellín y entonces me fijé más detenidamente en él: ojos pícaros, labios carnosos… “¿Cómo besará?”, pensé. Y todo esto sin contar que olía a gloria. “Pues sí, Martina, es un tío realmente hermoso”, me dije para mí.

- Gracias –le dije y empecé a hacer un círculo con el índice de la mano derecha en el grueso del botellín, para luego llevarme el dedo a la boca, como calculando el grosor de su...
- De nada -y me sonrió de nuevo, dándose cuenta de mi gesto.
- ¿Podrías darme la hora? -le pregunté, de pronto.
- A ti te doy yo lo que tú quieras -respondió, insinuante.
- ¡Vaya, muy amable! -exclamé, aparentemente tranquila-. Pero por ahora solo quiero la hora -y llevé otra vez el dedo a la parte ancha del botellín.
- Las doce –y de nuevo mostraba su sonrisa, haciendo gala de sus perfectos y blanquísimos dientes.
- Otra vez gracias -y le miré enarcando una ceja.

Yo no soy de esas mujeres que hablan con un chico y enseguida se insinúan. Pero con él no sabía qué me estaba pasando, lo cierto es que desde que le vi, deseando estaba de pedirle que me hiciese suya. Le miraba y él sonreía, incitándome. Pasados unos minutos, le hice una seña para que me trajese otro botellín. Y me lo trajo, y esta vez lo puso en mi mano y me dijo:

- Toma, y bien heladito para mi guapa señora. “¿Deseas algo más?”.

Hacía énfasis en: “deseas algo más”, como si estuviese ofreciéndose él también. Pero qué bonito sería ese algo más, de solo pensarlo sentía un cosquilleo desde mis pechos hasta mi sexo.

- Pues sí, deseo algo más: una copla –hacía también de DJ-. Una que te guste a ti, pero yo prefiero “Me embrujaste”, en la versión de Miriam Domínguez.
- ¡Oh, me encanta Miriam Domínguez! -exclamó, mordiéndose el labio inferior.

Me sentía atraída y, al verle morderse el labio, mi imaginación se ponía a volar hasta verle mordiéndome el cuello, la boca, y... ¡a mí enterita!

De pronto me entraron ganas de hacer pis. Sentada en la taza del váter miré mi tanga y vi que estaba mojado, corroborada la humedad por el pañuelito de papel que después de orinar pasé por mi vagina.

Al acabar y salir vi que allí estaba él refrescándose la cara en un lavabo próximo. Se vino hacia mí y me hizo entrar de nuevo al cubículo del inodoro. Cerró la puerta por dentro y se abalanzó sobre mí. Mordía mis labios a la vez que deslizaba su mano desde mis pechos hasta mi entrepierna. Me la metía, cual cuña, dentro del tanga frotándome el clítoris. Yo temblaba entera. Pero tampoco me quedada quieta. Llevé mi mano a su bragueta y, tocándola por encima, noté lo dura que estaba. Le quité el pantalón y los calzoncillos, le cogí la pene y comencé a masturbarlo. Me empujó suavemente hasta quedarme sentada en la tapa del inodoro, que allí me introdujo su miembro viril en la boca y lo chupé sin parar. Gemía y me miraba con sus pícaros luceros. Estaba disfrutando tanto como él, y el hecho de saber que estábamos en un lugar público y que de pronto alguien podría llamar a la puerta, me excitaba más aún.

Me cogió entre sus brazos, me besó y me mordió suavemente en el cuello. Bajó las manos y apretó mi culo contra sí. Podía sentir su verga empalmada e hirviendo sobre mis nalgas. Lo besé apasionadamente y metí la lengua en su boca mordiéndole los labios. Subió sus manos y las llevó de nuevo a mi culo. Me quitó el tanga y me preguntó:

- ¿Te la meto? ¿No es eso lo que querías?
- ¡Sí, hazme tuya! -cogí sus piernas y las aprisioné contra las mías.

Me puso de espaldas, quedándome ante el espejo y apoyada al lavabo. Me la metió en la raja, empujando con fuerza a la vez que me lamía los pezones. La excitación de ambos era bestial.

- ¡Empuja más, empuja, fuerte, vamos…!

Se inclinó más, y casi me atraviesa su dura, larga y gruesa verga. Sentía un dolor y un placer deliciosos, mientras empujaba con violencia. Me hizo el amor a sus anchas, y yo sentía un estremecimiento en todo mi cuerpo, y ya hasta rugía.

- ¡Ahora soy toda tuya! -le decía mientras iba golpeando el lavabo, llevada por la adrenalina del momento.

Rugíamos en nuestro orgasmo al unísono. Pero poco antes tuve sola dos seguidos. Sentía un reguero que me bajaba por los muslos, que me temblaban como un flan. Me introdujo dos dedos en mi cueva y luego los llevó a mi boca. Deseosa por mi excitación, los lamí con desespero. Acabada la delicia se puso los calzoncillos y el pantalón y yo me subí el tanga, me puse el sujetador y me arreglé un poco la ropa.

Me cogió de nuevo contra sí, me besó y me dijo:

- Te mueves de puta madre y me has hecho una felación de escándalo. Que sepas que me ha encantado conocerte.
-Y a mí también. Ha sido una delicia hacérmelo contigo.


-sigue y termina en página siguiente-


Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Abrió la puerta y salió como si nada. Esperé unos minutos y salí yo. Ya me había olvidado del mundo. Me quedé nueva y con ganas de repetir. Se lo hice saber “durante”, con su visto bueno y diciéndome: “cuando quieras, ya sabes dónde estoy, como la tengo y como trabaja".

    En mis ojos se veía que estaba feliz, pero cansada, y dolorida porque hacía mucho que no hacía el amor. Y asustada también por lo que acababa de hacer: entregarme sin resistencia a un extraño, del que ni siquiera sabía su nombre, pero eso no me había importado mientras nos manteníamos “enganchados”.

    Ya en la barra, le hice una seña. Vino hasta mí velozmente.

    - Dime, mi guapa señora -dijo con una voz tan pícara como sus ojos.
    - ¿Qué te debo? -le dije sin expresión en mi cara pues no quería irme, pero tenía que marcharme sin falta.
    - Nada. ¿Por qué te vas? ¿Algo te molestó? -preguntó, meloso.
    - Al contrario. Es que se me ha hecho tarde y mañana tengo que madrugar. ¿Pero cómo es que no debo nada?
    - Gentileza de la casa. Dame tu móvil. No te permito que te vayas sin dármelo. Por cierto –alargó su traviesa mano, la misma mano que poco antes “me había hecho de todo”-. Gusto en conocerte, me llamo Mario.
    - Y yo Maricarmen, y mi número de móvil te lo daré otro día
    - ¿Nos volveremos a ver?
    - Puede... -respondí en un tono dudoso e indiferente para que no se le subiesen más los humos, pero por dentro me moría de ganas por revolcarme con él de nuevo, incluso en la barra.
    - Si no quieres, tú te lo pierdes -y se fue a atender a una clienta que, por la edad que aparentaba, era otra madura en busca desesperada de sexo.
    - Adiós –le dije como única respuesta.
    - Adiós –aun mi ambigua respuesta, me dijo que me esperaba.

    Cogí mi bolso y salí del bar, con urgencia por salir para contarle a Martina, vía móvil, cómo me había ido “la cosa”.

    Y Martina me dijo que sabía cómo "lo hacía" Mario porque se lo había tirado varias veces, algo que no me dijo cuando me recomendó visitar el bar, la muy zorra.

    De acuerdo. Yo "me lo hice" con Mario por pura necesidad y porque llevaba mucho tiempo sin estar con macho, y, además con la idea en la cabeza de "hacérmelo" más veces con él. Pero entre Martina y yo hay una “pequeña” diferencia: yo soy una mujer divorciada y libre, y Martina es una mujer que casada y supuestamente comprometida con su marido.


    Slo escritos erticos Encont13


    Antonio Chávez López
    Sevilla agosto 2001


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