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Caer del caballo

Corría el año 2012. Él era un joven apuesto y temerario. La había vuelto a encontrar. Justo cuando tuvo aquel sueño con su compañera de oficina en el que en medio de una isla caricaturesca rozaba ligeramente sus labios. Y despertó ese día con una fiebre en la boca y sin saberlo, a la noche, un constipado tremendo. Aquella oficina había llegado a acabar con él. El trabajo mecánico, de picador de datos, frente a aquella pantalla, cada día, por más de seis meses, con horarios in extremis, salvándole el culo a la empresa literalmente, la superpoblación de féminas a su alrededor, el carácter de éstas -bueno, ya se sabe-, era como si desde primera hora de la mañana ya tuviesen ganas de juerga, además la mayoría bonitas, y él; con su noción, su persistencia en la idea fijada de la primera, que no tan fijada, digamos… tan solo velada; presentía.

Como digo, aquel sueño lo hizo despertar, feliz, como si un gran agobio lo hubiese estado persiguiendo hasta entonces. Era la compañera a la que mayor simpatía y respeto guardaba cabe decir. Aquel acercamiento onírico tan sólo simbolizaba eso. Ambos habían estado trabajando codo con codo, ella había sido su instructora cuando él llegó novicio a la oficina y además era la única a la que le había hablado de “ella”. Los sueños son complicados, cualquier interpretación puede atender a una lógica razonable pero a fin de cuentas la única sensación que vale es la del propio individuo en cuestión. Y sí, fue liberador. De tal modo que el joven se animó. Por entonces tenía una banda de rock, montó una página en Internet y aquella mujer de la que aún guardaba reminiscencias interactuó con la misma por puro accidente. Pero él no lo consideró de ningún modo. Creyó firmemente que ella lo había reconocido y formaba parte de la expectación.

Jamás la contactó. Tuvo que ser por un arrebato de celos posterior al confundir su manera de escribir con otra en otra página cuando esto se produjo.

- ¿Vas a seguir escribiendo ahí?

- ¿Pero qué dices?

- Mira, ya sé que lo nuestro hace mucho tiempo que pasó pero me gustó el mensaje de las ranas. No sé si eso lo podrás llegar a entender algún día.

- Lo entiendo… Ya sabes que loca, pero lista.

Entonces la chica le mandó una canción con un video incorporado.

- Te la mando porque me parece preciosa.

- ¿Estás en Londres?

No hubo más respuesta. Lo que ambos habían vivido era casi indescriptible. Simplemente decir que acabó siendo demasiado inmerecidamente trágico para ambos y los dos parecían tener miedo de volver a inmiscuirse en ello.

Pero el chico empezó a sentirlo de nuevo. Las vibraciones, el sentimiento de invulnerabilidad. Tal fue así que ante un coche patrulla de la policía desenfundó su dedo índice de la mano derecha a modo de pistola e hizo el acto de pegarles dos tiros. Los policías detuvieron inmediatamente el coche. Salieron, -¡a ver qué pasa ya contigo!- pronunció uno de ellos mientras se dirigían a él de manera impetuosa. El más joven que dijo estas palabras tenía prisa por echarle el guante mientras el más mayor ya debía conocerlo. Por suerte bajó su madre a la que tan solo estaba esperando en las inmediaciones del portal de su casa y apaciguó la situación. El policía joven se turbó, su madre había sido concejala en la localidad, el más mayor habló con ella de manera trivial y el chico se libró de acabar en el cuartelillo aquella vez.

Así que su madre tenía programado un viaje a Roma con dos de sus hermanas y otra cuñada ni más ni menos. El chico, se apuntó de facto. Aunque el miedo a la muerte se había acrecentado y de la chica no había vuelto a saber creía que por alguna confabulación cósmica el encuentro definitivo se daría y para esto era necesario moverse de cualquier modo. A la hora de preparar las maletas encontró un candado completamente olvidado con código numérico para ser abierto con el que podría cerrar la suya e introdujo tres dígitos a conciencia y con suma delicadeza. El candado saltó de golpe y tuvo un brote de alegría inmensa que trató de comunicar a sus padres pero estos lo recibieron con suspicacia. El cosmos estaba dando sus frutos. ¿Pero acaso no fue increíble? Cuando subió al avión al lado de una de sus tías lo que más desconfianza le provocaba era la opresión y si sería capaz de resistirla, no obstante esto pasó en vano y llegaron al aeropuerto de Roma sin ninguna complicación. Su madre ya había empezado a recelar de él en demasía y no le quitó ojo de encima durante los cinco días que allí pasaron. El área de Roma era halagadora, sobre todo en modo turista. Llegaron al hostal y las cuatro mujeres habían reservado una habitación para ellas en la que se divirtieron bastante mientras que para el chico había sido dispuesta una en solitario en la que también, más que divertirse, se imbuyó bastante. El primer detalle que observó en ella, tras tratar de chapurrear un italiano de manera valiente por su osadía al desconocer realmente este idioma con el dueño del hostal y que su madre menoscabó, fue hallar en los ventanales de madera inscritas unas cruces con algún tipo de utensilio afilado. Le pareció un signo de religiosidad ominoso. Y luego se echó sobre la gran cama matrimonial. Había transportado con él su guitarra. Se sentía bien. Rayano a la felicidad podría decirse. Se masturbó. Puso la televisión. La quitó. Era su primera noche allí y pronto sería llamado a cenar. Se duchó. Probó el agua caliente. Se duchó como un señor. Se vistió. Bajó a cenar con sus familiares. Cenaría pizza o algo así. Subió de nuevo. Sacó su guitarra y antes de dormirse en su teléfono móvil interpretó una grabación con una melodía tenue que lo llevó en sus sucesivas reproducciones a encontrar el sueño final.


[...]


(puede verse el relato completo aquí: https://siervosdelsol.blogspot.com/2022/09/caer-del-caballo.html)


Gracias.

Comentarios

  • Marcelo_ChorenMarcelo_Choren Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    Quiero pensar que es un primer borrador.
    El relato es confuso y abigarrado. Necesita una depuración a fondo.
  • Siento que te decepcione, para mí está niquelado. Y además me he congratulado un buen rato releyéndolo.

    Saludos
  • Marcelo_ChorenMarcelo_Choren Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    Navuk dijo:
    Siento que te decepcione, para mí está niquelado. Y además me he congratulado un buen rato releyéndolo.

    Saludos
    Si te conformas con eso, me parece bien.
  • En realidad todo lo que hago son apuntes, que éste texto es confuso lo acepto, que es abigarrado también. Sin embargo el contenido me causa una simpatía enorme. Quizá he pecado de vanidad al decir "niquelado" porque lo escribí hace ya algún tiempo y su proceso fue más pesado que ligero. Ha sido después de todo este tiempo que lo he vuelto a revisionar y como te digo me ha hecho gracia y he decidido compartirlo. Tiene defectos, sí, tras tu crítica lo he repasado. Pero vamos, que no es un borrador ni pienso retocarlo. Lo gordo llegará cuando al fin pueda dedicarme en exclusiva a la elaboración de una novela y toda esta confusión argumental pueda disiparse. Gracias por estar al quite. Nuevamente, saludos.
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