Si esta mujer, Julia la Mayor, nacida en siglo XVI, según ella misma, hizo el Amor con más de 80.000 hombres y no tuvo hijos y en aquellos tiempos no existían los preservativos, ni el diu, ni los anticonceptivos... ¿qué cosa utilizaba en "eso" y para "eso"?
- Buenos días, señor estanquero. - Bueno días, señor cliente. - Deme un sello y un puro. - Lo siento, yo no doy nada, yo sólo vendo. - ¿Y qué es lo que vende usted? - De todo un poco. - Pues deme de todo un poco. - Lo siento, de todo un poco no me queda. - ¿Entonces por qué dice que vende de todo un poco? - Es que hay cosas que se agotan antes de llegar. - Pero eso se avisa antes. - ¿De qué he de avisarle? - La verdad es que no lo sé. - Y si usted no lo sabe, ¿cómo quiere que le avise? - Tiene usted razón. No me avise. - De acuerdo. Queda usted no avisado. - Gracias y buenos días, señor estanquero. - De nada y buenos días, señor cliente.
Sé que suena extraño, sé que puede ser increíble, pero la primera noche que pasé en mi nueva casa del pueblo fue inolvidable. Y sí, tenía que ser de noche, cuando los ruidos se silencian, cuando se desvanecen las luces y la vigilia deja paso a los sueños.
Apenas llevaba unos minutos en la cama, con el deseo de descansar de tanto trajín de la mudanza, cuando mi imaginación empezaba a proyectar una película tras otra, y ya no podía dormirme. Permanecía despierta.
Era, en esos momentos, testigo privilegiada de los recuerdos que murmuran las paredes. Oía ladridos lastimosos, y vi un cachorro pastor alemán, que estaba en esta misma casa solo, nadie se hacía cargo de él. Con pasos cansinos y mirada triste iba de un lado a otro ahora un gemido, ahora un ladrido, como quejas; ahora corría hacia la puerta, con poca fe. Así pasaban las horas y en su cabeza entraban dudas. Se ponía tan nervioso que la emprendía contra una toalla del baño: la mordía y la volvía a morder, como si esa actitud acabase con su situación de soledad. Poco después había destrozado la toalla, que ya era un trapo inservible. De repente su corazón empezaba a palpitar con fuerza, daba vuelcos de alegría. ¡Oía un abrir de puerta! Salía corriendo a recibir a su salvador, a alguien que lo sacase del vacío de la nada. Una sonrisa de felicidad me sustraía de tanta pena. En esa casa vivía alguna persona que quería a los animales. ¡Bien!
Cerré de nuevo los ojos y me di la vuelta pata intentar coger el sueño, pero las paredes estaban parlanchinas esa noche. Entonces oí una música, eran arpegios de una guitarra, que sonaba melancólica. No podía ver la cara del músico, pero sí sus manos, manos de una persona mayor, su piel seca con las venas marcándose sobre el dorso, no daba lugar a dudas. ¿Qué lejanos recuerdos evocaban con sus notas?
Hice un esfuerzo por penetrar el significado de aquella melodía, por traducir a imágenes aquellas emociones. No fue fácil, pero pronto vi que aquel hombre no tenía a nadie, su corazón rebosaba Amor, pero era un alma solitaria. Entendí que en su vida había amado sólo una vez, pero no supo o no pudo ser correspondido; que quería olvidar bebiéndose la vida a tragos largos, equivocándose de persona, una y otra vez, no encontrando lo que en una ocasión halló. Pero la música cambió y se hizo alegre. Entonces supe que en esa casa vivía un hombre que era feliz, que no le pedía cuentas al destino, que al final de su vida encontraba su mejor y más feliz recuerdo, y esto me consolaba.
Me levanté de la cama y fui a beber un poco de agua a la cocina, con la esperanza de cortar la situación. Pero nada. Me senté en una silla y cuando menos lo esperaba, de nuevo las paredes con sus monólogos, y esta vez oía ruidos de platos rotos y cubiertos, chocando con el suelo y las paredes.
Vi una mujer asustada arrojando objetos a un hombre, tristemente desaliñado, hasta me parecía oler un repugnante tufo del vino barato de su aliento Él quería avanzar hacia ella, pronunciando palabras soeces, pero ella no era una mosquita muerta, le hacía frente y le decía que se fuese y que no regresase más. Añadía que no volvería a ponerle una mano encima y que ya tendría noticias de su abogado. Dicho esto, le tiró un vaso de cristal que se estampó contra la pared, a pocos centímetros de la cara del ahora asustado hombre. Se daba cuenta de la situación y llorando se arrodillaba y le pedía perdón, le hacía no sé cuantos propósitos de enmienda, pero veía la inapelable decisión de la mujer de tramitar el divorcio, porque se levantó y sin mediar palabra se fue, dando un sonoro portazo.
Me fui a mi cama y, rebobinando mentalmente, rememoré un cachorro pastor alemán, contento y feliz por haber abandonado su soledad. Rememoré un hombre mayor que buscaba su felicidad, hasta hallarla en su música. Y rememoré una mujer valiente que luchaba por no ser maltratada nunca más. Y me alegré de todo aquello. Me acosté, me tapé hasta la cabeza y, por fin, pude conciliar el sueño, plácidamente.
La vida en la Tierra se da gracias al Sol, que mantiene a nuestro planeta a una temperatura habitable, proporciona la energía necesaria para la fotosíntesis de las plantas, y a partir de ahí a todos los seres vivos.
La distancia entre la Tierra y el Sol es de 150 millones de kilómetros, suficientemente cerca como para que de día nuestro cielo esté completamente dominado por la luz solar y solo nos percatemos de las estrellas durante la noche. Sabemos que todas las demás estrellas se encuentran mucho más lejos de nosotros, ya que hasta las más brillantes no son más que unos puntos en el oscuro cielo nocturno.
Pero, ¿qué tan lejos se hallan las estrellas más cercanas al Sol? La estrella más cercana al sistema solar es "Próxima Centauri" , a unos 40.000.000.000.000 kilómetros (40 billones). Las distancias entre las estrellas son tan grandes que los astrónomos prefieren medirlas en años-luz, y vez de en kilómetros. La luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, suficiente para darle siete vueltas y media a la Tierra en un solo segundo. Así, la luz tarda 1.2 segundos en llegar a la Luna, unos 8 minutos en llegar al Sol y 4 o 5 horas a Neptuno y Plutón, los planetas más lejanos del sistema solar. Incluso a esta enorme velocidad, la luz tarda un poco más de 4 años en viajar de "Próxima Centaur" a nosotros, y por ello decimos que está a unos 4 años-luz. Si tomamos en cuenta que nuestra galaxia mide unos 100.000 años-luz, podemos darnos cuenta que "Próxima Centauri" es efectivamente una estrella vecina al Sol.
Comentarios
Inspeccionando la avería
de su propia cañería
ACHL
Una pregunta indiscreta
de la solterona Maripepa
ACHL
El conejo que a diario ve más conejos
ACHL
No vean el cariño que le ha cogío Sánchez a este difunto tío
Cien homenajes le va a hacer en este 2025, pero sin ultrajes
ACHL
Entre estas cuatro,
ni pa un puchero barato
ACHL
Su novio se fue a hacer la mili a Melilla,
y salió hace más de un año de Sevilla
ACHL
La Biblia no miente
ACHL
La nobleza por antonomasia
ACHL
Paquistaní, casada, 25 años condenada a
lapidación por un presunto adulterio
ACHL
Agua con gas
ACHL
Toma nota, Sánchez, Montero, Bolaños, Marlaska, Yolanda Díaz y compañía...
ACHL
Real Betis siempre alto
ACHL
ACHL
Buenas tardes a todos. Sevilla, lunes 13 enero 2025
MISTERIO EN LA ANTIGÜEDAD
Si esta mujer, Julia la Mayor, nacida en siglo XVI, según ella misma, hizo el Amor con más de 80.000 hombres y no tuvo hijos y en aquellos tiempos no existían los preservativos, ni el diu, ni los anticonceptivos... ¿qué cosa utilizaba en "eso" y para "eso"?
ACHL
Entre todos, menos pesados que yo en este foro
ACHL
¡Joder, ha perdido el Betis otra vez!
ACHL
Pero también las mujeres inteligentes
abren las piernas interesadamente
ACHL
Buenos días a todos. Sevilla, martes 14 enero 2025
y tiene mucha jeta,
va con cara y careta
ACHL
La risa es hermosa,
terapéutica y contagiosa
ACHL
El móvil que to quisqui murmura,
lo trae por la calle de la amargura
ACHL
Y, de pronto, se hizo la música...
ACHL
Buenos días a todos. Sevilla, miércoles 15 enero 2025
Diálogo entre la mamá Josefina
y su bebé Angelina
- Buenos días, señor estanquero.
- Bueno días, señor cliente.
- Deme un sello y un puro.
- Lo siento, yo no doy nada, yo sólo vendo.
- ¿Y qué es lo que vende usted?
- De todo un poco.
- Pues deme de todo un poco.
- Lo siento, de todo un poco no me queda.
- ¿Entonces por qué dice que vende de todo un poco?
- Es que hay cosas que se agotan antes de llegar.
- Pero eso se avisa antes.
- ¿De qué he de avisarle?
- La verdad es que no lo sé.
- Y si usted no lo sabe, ¿cómo quiere que le avise?
- Tiene usted razón. No me avise.
- De acuerdo. Queda usted no avisado.
- Gracias y buenos días, señor estanquero.
- De nada y buenos días, señor cliente.
ACHL
Veo que este dos mil veinticinco
este foro va a funcionar con ahínco
ACHL
Las paredes murmuran
Sé que suena extraño, sé que puede ser increíble, pero la primera noche que pasé en mi nueva casa del pueblo fue inolvidable. Y sí, tenía que ser de noche, cuando los ruidos se silencian, cuando se desvanecen las luces y la vigilia deja paso a los sueños.
Apenas llevaba unos minutos en la cama, con el deseo de descansar de tanto trajín de la mudanza, cuando mi imaginación empezaba a proyectar una película tras otra, y ya no podía dormirme. Permanecía despierta.
Era, en esos momentos, testigo privilegiada de los recuerdos que murmuran las paredes. Oía ladridos lastimosos, y vi un cachorro pastor alemán, que estaba en esta misma casa solo, nadie se hacía cargo de él. Con pasos cansinos y mirada triste iba de un lado a otro ahora un gemido, ahora un ladrido, como quejas; ahora corría hacia la puerta, con poca fe. Así pasaban las horas y en su cabeza entraban dudas. Se ponía tan nervioso que la emprendía contra una toalla del baño: la mordía y la volvía a morder, como si esa actitud acabase con su situación de soledad. Poco después había destrozado la toalla, que ya era un trapo inservible. De repente su corazón empezaba a palpitar con fuerza, daba vuelcos de alegría. ¡Oía un abrir de puerta! Salía corriendo a recibir a su salvador, a alguien que lo sacase del vacío de la nada. Una sonrisa de felicidad me sustraía de tanta pena. En esa casa vivía alguna persona que quería a los animales. ¡Bien!
Cerré de nuevo los ojos y me di la vuelta pata intentar coger el sueño, pero las paredes estaban parlanchinas esa noche. Entonces oí una música, eran arpegios de una guitarra, que sonaba melancólica. No podía ver la cara del músico, pero sí sus manos, manos de una persona mayor, su piel seca con las venas marcándose sobre el dorso, no daba lugar a dudas. ¿Qué lejanos recuerdos evocaban con sus notas?
Hice un esfuerzo por penetrar el significado de aquella melodía, por traducir a imágenes aquellas emociones. No fue fácil, pero pronto vi que aquel hombre no tenía a nadie, su corazón rebosaba Amor, pero era un alma solitaria. Entendí que en su vida había amado sólo una vez, pero no supo o no pudo ser correspondido; que quería olvidar bebiéndose la vida a tragos largos, equivocándose de persona, una y otra vez, no encontrando lo que en una ocasión halló. Pero la música cambió y se hizo alegre. Entonces supe que en esa casa vivía un hombre que era feliz, que no le pedía cuentas al destino, que al final de su vida encontraba su mejor y más feliz recuerdo, y esto me consolaba.
Me levanté de la cama y fui a beber un poco de agua a la cocina, con la esperanza de cortar la situación. Pero nada. Me senté en una silla y cuando menos lo esperaba, de nuevo las paredes con sus monólogos, y esta vez oía ruidos de platos rotos y cubiertos, chocando con el suelo y las paredes.
Vi una mujer asustada arrojando objetos a un hombre, tristemente desaliñado, hasta me parecía oler un repugnante tufo del vino barato de su aliento Él quería avanzar hacia ella, pronunciando palabras soeces, pero ella no era una mosquita muerta, le hacía frente y le decía que se fuese y que no regresase más. Añadía que no volvería a ponerle una mano encima y que ya tendría noticias de su abogado. Dicho esto, le tiró un vaso de cristal que se estampó contra la pared, a pocos centímetros de la cara del ahora asustado hombre. Se daba cuenta de la situación y llorando se arrodillaba y le pedía perdón, le hacía no sé cuantos propósitos de enmienda, pero veía la inapelable decisión de la mujer de tramitar el divorcio, porque se levantó y sin mediar palabra se fue, dando un sonoro portazo.
Me fui a mi cama y, rebobinando mentalmente, rememoré un cachorro pastor alemán, contento y feliz por haber abandonado su soledad. Rememoré un hombre mayor que buscaba su felicidad, hasta hallarla en su música. Y rememoré una mujer valiente que luchaba por no ser maltratada nunca más. Y me alegré de todo aquello. Me acosté, me tapé hasta la cabeza y, por fin, pude conciliar el sueño, plácidamente.
ACHL
La perfección hiere a la razón
ACHL
La vida en la Tierra se da gracias al Sol, que mantiene a nuestro planeta a una temperatura habitable, proporciona la energía necesaria para la fotosíntesis de las plantas, y a partir de ahí a todos los seres vivos.
La distancia entre la Tierra y el Sol es de 150 millones de kilómetros, suficientemente cerca como para que de día nuestro cielo esté completamente dominado por la luz solar y solo nos percatemos de las estrellas durante la noche. Sabemos que todas las demás estrellas se encuentran mucho más lejos de nosotros, ya que hasta las más brillantes no son más que unos puntos en el oscuro cielo nocturno.
Pero, ¿qué tan lejos se hallan las estrellas más cercanas al Sol? La estrella más cercana al sistema solar es "Próxima Centauri" , a unos 40.000.000.000.000 kilómetros (40 billones). Las distancias entre las estrellas son tan grandes que los astrónomos prefieren medirlas en años-luz, y vez de en kilómetros. La luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, suficiente para darle siete vueltas y media a la Tierra en un solo segundo. Así, la luz tarda 1.2 segundos en llegar a la Luna, unos 8 minutos en llegar al Sol y 4 o 5 horas a Neptuno y Plutón, los planetas más lejanos del sistema solar. Incluso a esta enorme velocidad, la luz tarda un poco más de 4 años en viajar de "Próxima Centaur" a nosotros, y por ello decimos que está a unos 4 años-luz. Si tomamos en cuenta que nuestra galaxia mide unos 100.000 años-luz, podemos darnos cuenta que "Próxima Centauri" es efectivamente una estrella vecina al Sol.
ACHL