"Necesito un libro que me haga reír"
No sé vosotros pero yo, Regina Exlibris, siempre despacho mis dolencias a golpe de fármaco o de tinta impresa, según el caso.
Si el dolor es físico me atiborro a pastillas, pero si el desgarrón es espiritual me autoprescribo libros para sobrellevar el bajón y superarlo, o incluso para chapotear en mi propia miseria.
Además, de vez en cuando se deja caer por reginaexlibrislandia algún cliente que quiere que le recete cualquier título para este o aquel estado anímico y para esta o aquella enfermedad espiritual.
La última de esta tarde fue tan concisa como directa con sus síntomas:
Señorita, necesito un libro que me haga reír.
Y yo, dada al travestismo, desenpolvé la bata blanca, revisé mi botica/fondo editorial y garabateé veinte posibles remedios para paliar su mal:
- LA VENGANZA DE DON MENDO, de Muñoz Seca. Divertida burla del teatro más aburrido y presuntuoso de su tiempo.
- LA TESIS DE NANCY, de R. J. Sender. La España 'cañí' a través de los ojos de una estudiante norteamericana...
- DE ACUERDO, JEEVES, de P.G. Wodehouse. Una entretenida serie sobre un pijo inglés y su mayordomo Jeeves.
- NOTICIA BOMBA, de Evelyn Waugh. Un magnate envía por error a cubrir una guerra en África a un periodista de lo más inadecuado.
- INSÓLITAS AVENTURAS DEL SOLDADO IVÁN CHONKIN, de V. Voinóvich. Un soldado tiene que custodiar un avión del Ejército Rojo en una remota aldea rusa.
- WILT, de Tom Sharpe. Carcajadas a cargo de un profesor que enseña literatura a quien el destino niega todo posible ascenso.
- LA CAÍDA DEL MUSEO BRITÁNICO, de David Lodge. Obsesiones y fracasos de Adam Appleby, casado y buen católico.
- LA CONJURA DE LOS NECIOS, de J.K. Toole. El mundo está contra Ignatius Reilly, un excéntrico y mordaz personaje
- EL FANTASMA DE CANTERVILLE, de Oscar Wilde. La cómica frustración de un fantasma inglés torturado por una pragmática familia estadounidense.
- SIN NOTICIAS DE GURB, de E. Mendoza. El absurdo abordado desde los ojos de unos curiosos alienígenas que investigan la Tierra.
- MÁXIMAS MÍNIMAS, de E. J. Poncela . 535 carcajadas por 535 aforismos sobre el amor, la vida, la muerte, el hombre, la mujer...
- GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO, de D. Adams. Inusitadas y divertidas historias marcianas a través de las galaxias.
- LO MEJOR QUE LE PUEDE PASAR A UN CRUASÁN, de Pablo Tusset. Un treintañero inadaptado en un barrio pijo de Barcelona y metido a detective.
- EL COLOR DE LA MAGIA, de Terry Pratchett. Primero de la hilarante serie del Mundodisco
- GARGANTÚA, de F. Rabelais. Las aventuras y desventuras de dos gigantes, narradas con mucha irreverencia narrativa.
- ALTA FIDELIDAD, de Nick Hornby. Divertida disección de un Peter Pan adicto al pop que regenta una tienda de vinilos en Londres. (Gracias, Armstrongfl, por esta receta milagrosa que me arrancó de un día gris.)
- LOS PAPELES PÓSTUMOS DEL CLUB PICKWICK, de Dickens. El filántropo S. Pickwick monta un club para recorrer Inglaterra junto a sus excéntricos colegas.
- MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES, de Gerald Durrell. Impagable galería de personajes tan cautivadores como estrafalarios.
- HAPPINESS TM, de Will Ferguson. Despiadada sátira del poder de los mcm, de la industria de la autoayuda y de la credulidad de la gente.
MYRA BRECKINRIDGE, de Gore Vidal. Una desbocada transexual dispuesta a conquistar Hollywood y a lograr un mundo gobernado por amazonas como ella.
PROSPECTO:
Los títulos citados están indicados por Regina ExLibris para estados carenciales de alegría y episodios de apatía congénita. También son adecuados para prevenir depresiones, desconectar de una rutina plomiza y recuperar la armonía con el entorno. Las dósis son ilimitadas y su ingesta masiva no produce efectos secundarios más allá de ataques de risa y sonoras carcajadas. No producen somnolencia pero sí reactivan las ganas de vivir.
Mi clienta se decantó por el Wilt de Tom Sharpe... Smile
Yo recomiendo "Finalmente juntos", de Emlyn Rees y Josie Lloyd, de Ediciones Salamandra. Hacía mucho tiempo que no me había reído tanto con un libro...
También recomendaría "Tom Sawyer" de Mark Twain, "Ana la de Tejas Verdes" de Lucy Maud Montgomery, así como "La sombra del águila" de Pérez-Reverte. Son tres libros muy graciosos.
lo dijo Elena
Propongo la trilogía de Italo Calvino:"El caballero inexistente", "El barón rampante" y "El vizconde demediado".
lo dijo BORON04
El Cadillac de Big Booper, de Jim Dodge.
Tiene momentos muy divertidos, incluso para arrancarme una sonrisa en mi habitual rictus de seriedad en el cercanías. Eso sí, el lector debe entender el código anfetamínico en el que está escrito.
Memorias de un amante sarnoso. Groucho March
lo dijo itaka40
te recomiendo "vampiro a mi pesar" y las desventuras de "don camilo"
lo dijo levistu
Añadiría "Tres Hombres en una Barca" de Jerome K. Jerome y "Cuatro Granujas sin Tacha" de G. K. Chesterton, y en general cualquier obra de estos dos autores.
lo dijo Alatriste
Comentarios
A mí me pasó algo muy curioso con los libros de Terry Pratchett.
Mi amorío con el Mundo Disco no fue amor a primera vista. Por primera vez vi los libros "Guardias, Guardias", "Pirómides" y "Brujerías", en un Librerías de Cristal. Andaba yo en una de mis usuales cacerías de lectura, por aquellos tiempos en que había aún menos librerías por estos lares de las que hay hoy, y cuando aún no descubría los libros electrónicos. Me iba a dar una ronda por todas las librerías de las ciudad... todas las tres, todititas ellas, y regresaba con un que otro buen libro.
Así que vi esos tres títulos, en la sección de Fantasía, junto a la muy escueta sección de Ciencia Ficción. Tomé uno de ellos, Guardias, Guardias, y pensándolo en retrospectiva, una descarga eléctrica debió haber recorrido mi brazo, pero en aquel momento nada pasó. Leí la horripilante reseña de contraportada (que nada, absolutamente nada tenía que ver con la trama del libro, y que debería ser pieza central en algún museo de lo irónico), y dejé el libro a un lado. Por aquellas fechas, yo padecía, como buen adolescente, de un prejuicio contra la literatura de fantasía (no digo que los adolescentes tengan ese prejuicio, sino la tendencia a crearse prejuicios para sentirse maduros), era yo todo un esnob que despreciaba "esa 'literatura'", así, con dobles comillas. Y tras ver los dibujos de portada, creo que de Kirby, repudié aún más los libros como cosa para niños, o algo peor. Viéndome, de nuevo, en retrospectiva, me entran unas ganas de agarrarme a patadas, que si no fuera por imposibilidades termodinámicas, terminaría lastimándome muy seriamente a mí mismo.
En fin, que así lo dejé. Más tarde, algunas personas de una lista de correo (ah, como recuerdo la lista de Nostromo, y me pregunto qué habrá sido de la tripulación), me recomendaron esos libros, y como yo confiaba en ellos, pues fui y me los compré, debieron haber pasado meses, pero aun estaban allí, los libros se movían muy poco en las Librearías de Cristal, con lo caro y su política de guardar el precio como un muy preciado secreto...
Me enamoré a la página veinte de Guardias, Guardias, me mataba de la risa como pocas cosas lo habían hecho. Lo termine, creo, en dos días, y devoré los demás... y eso fue todo, no pude volver a conseguir nada más de ese señor Pratchett hasta años después.
Años después, comenzó mi segunda fase en la relación con el Mundo Disco, y la verdaderamente extraña.
Resulta que habría leído yo tal vez cinco de sus libros, incluyendo uno prestado, y los había amado a todos. Cuando, ya casi ni recordaba yo a ese autor, y encontrándome en medio de una terrible depresión, de esas que sólo la otra mitad del género humano pueden causarnos, fui a espantar mis tristezas a una librería... y allí estaba, El País del Fin del Mundo. Lo compré, obviamente; era el único ejemplar, y con su ayuda, campeé lo peor de la depresión. Ver a Rincewind sufrir a manos de los osos y las arañas, leer las entradas de su diario me hacía olvidarme de "ella", y reírme como sólo los que temen no poder volver a reír saben hacerlo.
Pasaron los meses, y "ella" seguía metiéndome en problemas con mi músculo cardíaco. Y así, de nuevo en medio de otra terrible depresión, me acerqué a la misma librería y allí, solo en un mar de títulos sin nombre, estaba Dioses Menores. Y de nuevo, Pratchett guío el timón y me llevó a costas soleadas, a través de lo más oscuro.
Y la historia se repitió con Hombres de Armas, aunque en esta ocasión, como buen escéptico, en cuanto volvió la depre, corrí a la librería, como creyendo, como no creyendo, y cómo no, allí estaba el libro, esperándome. Era casi como para creer en una de esas cosas que me precio de no creer, era casi para tener... ejem... ejem... fe (no le cuenten a mis amigos descreídos que use la "palabra con efe"). Y así, cada vez que le conocía un nuevo novio, o un nuevo prospecto a "ella", iba yo a buscar a Pratchett, debió pasarme una vez más, hasta que la cosa varió y dejó de ser sólo Pratchett con el que me encontraba en esos momentos. Pero vamos, que tres veces ya es bastante como para ir pensando en canonizar, si no a Terry, cuando menos a Rincewind...
Es por ello que le tengo mucho cariño a ese autor y a sus libros, y es por eso que sé lo que es necesitar un libro que te haga reír...