Ya nadie quiere morir en plazos fijos
escondiéndonos del aduanero
le pegamos duro al teclado
pegándole como Bukoski
Se agoniza en la pluma ya seca
fingiendo ser Balzac o Dostoievski
sedientos de su eterna miseria
oculta detrás de la luna
Ya nadie quiere morir en plazos
de Evangelios pulcramente pisoteados
por arcángeles o pacientes profetas
que esperan en la oscuridad de los cielos