Sin Condiciones
Cuando la fija sombra de la muerte estimó oportuno se alejó, desde aquel preciso instante apreció lo que hasta ese día no conoció.
Es tan sencillo como abrir los ojos sin condiciones, escapar de dogmatismos, prejuicios, y dejar de pensar que la vida es un continuo juicio.
Comenzó a vivir más despacio y disfrutar de todo el espacio que los miedos le empujaban a pasar de largo.
Comprendió que herir no es vivir.
Qué quejarse es rebajarse.
Que el dinero que estimaba lo primero se desvanecía ante un te quiero sincero, una mirada cómplice, o un abrazo de los que no entienden de dinero.
Tan cerca estuvo de partir que ya tenía todo previsto para coger la maleta del que al final le falta todo y viviendo una vida que no era vida se dejo la vida sin apenas pararse y disfrutar de la vida.
Ha decidido dar gracias cada día, sonreír y reír, cantar sin miedo a la lluvia, hablar sin callar, arriesgarse antes que apartarse, soñar sin temor a volar, abrazar sin pensar qué pensarán.
Da gracias a la muerte por haberle entregado la vida.
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