¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Me has abierto en canal rajándome tal y como una vez hicimos con la tierra en el canal de Panamá

TizadordecadaveresTizadordecadaveres Pedro Abad s.XII
editado marzo 2015 en Narrativa
Me gusta olerte y responderte con mis hormonas, no está bien, se que no está bien es enfermizo, se que es enfermizo, pero eso es lo único que me permite seguir unido a ti, la enfermedad, la tranquilidad que me produce esto tan enfermizo que he cultivado, sigo estudiando eso que me has dado, ese aroma a sangre fresca deseando evaporarse, me excita correrme encima del arcoiris que ese prisma creó a partir de la luz, tantas amantes muertas en cunetas de carreteras de curvas.

Ayer dejé caer los velos, y toda las miradas cayeron a las profundidades, desnudándose mientras caían al abismo más oscuro, hay un extraño amor caminando descalzo, acercándose a lo que somos; cerdas de crin de caballo deslizándose sobre cuerdas tensadas al máximo, nadie huirá, nadie sobrevivirá, hay un extraño amor sosteniéndote con sus manos de brujo, esculpiendo con cada lágrima una promesa, nadie volverá a rezar en las catedrales de los huesos pélvicos de tus caderas, hay un extraño amor que florece de tus clavículas sólo en mitad de la noche, embriagando con su olor todas mis sombras...

Existe una habitación con una luz de mesilla parpadeante y un pez sobre la moqueta boqueando, ese pez que tantas veces golpeaste el cristal para asustarlo ahora descansa sobre el terciopelo azul, es el día del juicio final de nuestro placer, no quedan más salidas, no quedan mas caídas, todo se ha acabado y el salitre de tu boca aún sigue sudando flores de astracán en la nevera junto al brick de leche caducado que yo dejé...

La vid retorciéndose sobre nosotros como la cadera de Laocoonte, sonríele a la aldea beata, y volvamos a ese alambique lleno de tu esencia que tantas veces germinó las semillas en nuestra inacabada atmósfera cerrada.

Cuando el caos te retire la silla para que te sientes y busques en un plato caliente el origen de ese dolor, recuerda la exhumación de nuestros cuerpos frente a la realeza, el tacto de los guantes de látex, recuerda que una vez fuimos trofeos de caza inmortalizados en una foto en blanco y negro. Cada centímetro de presión de la mandíbula de la tortuga caimán donde nos enamoramos.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com