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La Noche

MadridMadrid Anónimo s.XI
editado febrero 2011 en Erótica


Todo empezó en una noche de verano. Por aquel entonces vivía en Madrid, dirigía la mejor discoteca de la capital y era socio mayoritario de la misma. Todos los fines de semana me preparaba, me vestía con mis mejores trapos como se suele decir, abría mi gran vestidor y elegía lo que ese día me haría sentir bien, seductor para las decenas de mujeres que acudirían al local y muchas de las cuales se pondrían a mis píes, era el Rey de la noche. Eso pensaba yo por aquel entonces.
Vivía en un dúplex en plena calle de la Castellana, tenía un Porsche Cayman que estaba pagando aún, aunque eso evidentemente sólo lo sabía yo, era pura imagen. En los negocios la gente te mira por el coche que llevas, la ropa que vistes, la casa que tienes y luego después de todo esto, miran dentro de ti, pero si tienes facilidad de palabra, alma emprendedora y una buena imagen, eres el prototipo de persona de éxito.
Esa noche aparecí por el local sobre las 00:20 de la noche, llegué con la música alta y paré en la puerta mi preciosidad de coche. Sentado en él me sentía mejor persona, un triunfador, capaz de comerme el mundo. Mi frenazo primero y el acelerón después hizo el efecto deseado, la cola para el acceso al local era enorme y todas se fijaron en aquel hombre, vestido de Ermenegildo Zegna que bajó del Porsche negro.
Todos me saludaban al entrar, y mi sonrisa cautivó a la primera incauta, una morenaza que se encontraba con sus amigas dispuestas a entrar, tenía unos 30 años, con unas curvas de impresión, maquillada, vestida para la ocasión y calzada con unos zapatos de tacón de aguja que estilizaban sus piernas hasta el infinito, me sonrió. Estaba hablando con Robert, el jefe de seguridad. Me acerqué y dije.

-Hola Robert, deja pasar a mi invitada.


Le agarré de la mano y tiré de ella. Se giró y miró a sus amigas riendo nerviosa, sin decir nada se dejó guiar por mí. Sus amigas detrás de nosotros venían como si de una comitiva se tratara.
La noche estaba empezando, me acerqué a la zona VIP.


- Buenas noches Señor Marco, me saludó Fran.
-Quiero que a esta Señorita, me giré, la miré y dejé pasar el tiempo clavando mis azules ojos en los suyos…
Susana, contestó.
-Quiero que a mi amiga e invitada Susana y a sus amigas no las falte de nada.
-Guiñé un ojo a Fran y sonreí.
-Sí Señor Marco, me contestó con una mirada de complicidad.
-Encantado Susana, dije de nuevo mirándola.
-El placer es mío.
-Se acercó y me besó en la mejilla suavemente y con calma.


Ese detalle, tengo que reconocer que en ese preciso instante me sorprendió, normalmente me abrazaban y las más osadas me besaban en la boca. Intuí que ella era diferente al resto en ese momento.

-Adiós Señoritas, nos vemos más tarde, refiriéndome a sus amigas. Me alejé despacio, pero con un pensamiento en mi cabeza, esa noche volvería por allí.


Entré en mi reservado, me senté en la silla de mi escritorio de piel de búfalo negro, apoyé los brazos en la mesa y contemplé el cristal que me dejaba observar el local sin ser visto. Desde la planta alta donde me encontraba, podía ver el escenario, las jaulas donde las go-gos y los chicos ponían en escena sus bailes de seducción y la pista central con su enorme barra.

En un lado del despacho tenía un sofá cama de piel italiano, que usaba para dormir y mis noches de lujuria. El equipo de música y video con pantalla de plasma de 50 pulgadas ban& olufsen, la nevera de titanium, un armario con ropa de repuesto y algún cuadro completaban mi pequeño refugio.
Puse el equipo en marcha y la música de Hans Zimmer me conquistó. Sonó mi móvil, era Robert.


-Marcos ha llegado Natalia, ¿quieres que le diga que estás y la acompañen a tu despacho?
-Preguntó dubitativo.
-Hummm, Natalia pensé, una imponente mujer que quería atraparme a toda costa, rubia, de metro setenta, con un pecho natural y perfecto, unas curvas y un trasero firme y redondo que me decía, devórame, y lo mejor de todo, que la chupaba divinamente.
-Déjala subir. Contesté.


Pasados unos minutos y ya con una copa de buen cava y otra dispuesta para ella, se abrió la puerta. Allí estaba Natalia, impresionante como siempre, pero con cara de enfado. Supongo que justificada, pues hacía más de una semana de nuestro último encuentro y no había contestado ni una sola de sus llamadas.
Entró con aires de pocos amigos, queriendo ponerme en mi sitio, pero en cuanto le entregué su copa, la agarré de la cintura notando su vestido negro ajustado con la espalda totalmente descubierta, dejando ver el empiece de su hermoso culo y un escote que no dejaba nada a la imaginación y deslicé mi mano por su espalda hasta llegar al final, se entregó a mí. La miré a los ojos y la besé.

-Ya estás en mis redes. Me dije.

Su juguetona lengua confirmó mis divagaciones y seguí hasta la línea divisoria de sus glúteos, notando el calor de su piel, mientras mi boca se centró en su cuello.


-Eres un cabronazo, ¿lo sabes?
-Te iba a llamar nena, pero he estado ocupado. Sí, con Raquel pensé sin darme cuenta y una sonrisa pérfida e involuntaria escapó de mi boca.


Mis manos expertas seguían ablandando su cuerpo y mi boca calentando su mente. Entre susurros empezó a reaccionar a mis caricias, despacio dejamos las copas en la mesa, la intensidad aumentó, sus manos empezaron por sacar mi camisa y recorrió mi espalda arañándola con suavidad. Yo le quité el tirante del vestido, a la vez que besaba su hombro moreno y lo dejé resbalar por su brazo despacio, acompañado de mi mano.
Me empujó contra la mesa y sus manos desabrocharon mi cinturón y la bragueta. Bajé la cremallera del vestido y sus pechos quedaron expuestos, mis manos recorrieron su contorno y mis dedos acabaron haciendo lo mismo con la aureola de sus pezones, ya duros. Pellizqué ambos a la vez y estiré, mis dientes apresaron su labio inferior, haciendo con todo ello que emitiera un gemido de placer. Inclinó el cuerpo hacia atrás, buscando el dolor. Solté mi cinturón y le junté los brazos a la espalda con él, abroché fuerte a la altura de sus codos, dejándola así inmóvil.
Me quité mi pantalón, ya en el suelo, me descalcé y me saqué los calcetines mientras la observaba. Se movía despacio como un felino, deseando ser poseída, con una mirada desafiante en sus ojos, la agarré del pelo tirando con fuerza y la doblé, dejándola de rodillas ante mí.


- Quítame el calzoncillo con la boca, perra. Le ordené.
-Sus dientes empezaron a tirar del CK, sin conseguir su objetivo.
No puedo.
-He dicho que me los quites. Repetí con tono autoritario.
-Lo intentó con más ganas esta vez y poco a poco bajó el slip, dejando al descubierto mi miembro.
- Cómetela despacio.


Sus manos no llegaban y eso le producía nerviosismo. Agarré su cabeza y la obligué a metérsela entera de un golpe. Empecé a follar su boca sin compasión, una y otra vez mi polla ya dura entraba y salía, la saliva empezó a caer por las comisuras de los labios y el ruido de la succión se hizo audible. Su lengua de vez en cuando salía para recorrer mi miembro erecto, jugar con mis testículos o lamer mi glande, su boca engullía y succionaba, ahora con más hincapié, por lo que su cabeza se movía de un lado a otro al ritmo que marcaba su ansia. Retiré mi miembro y tiré del pelo, viendo como su boca quedaba unida a mi polla por un hilo espeso de saliva. Incrementé la fuerza de mi tirón de pelo hasta que gritó, pues no quería levantarse.


-Vamos zorra apóyate en la mesa y ábrete de piernas.


Empecé despacio a calentar su culo con pequeñas palmadas, que poco a poco subí de intensidad haciendo que la rojez de su trasero fuera ya evidente. Su coño estaba húmedo y comenzó a resbalar una gota blanca, aproveche esa lubricación natural para mojar todo su sexo y de paso introducir mis dedos. Sus labios menores al ser separados por mis dedos, quedaron unidos entre si por pequeños hilos, como si de una telaraña se tratara, que fui rompiendo y frotando contra las paredes de su vagina. No tardé mucho en perder de vista hasta tres de mis dedos, cuando los noté empapados me incline sobre Natalia, giré con la otra mano su cara y metí mis pequeñas extremidades en su boca, restregándolos contra su nariz, labios y lengua.


-¡Como te gusta perra! te sientes bien así, ¿verdad?
-Sí, ¿fóllame!. Métemela entera de una vez. Suplicó.
-Claro que te voy a follar zorra estúpida.


Le metí mi polla tirando de su cabello, obligándola a que su cabeza retrocediera y nuestras miradas se cruzaran. Sus ojos cargados de deseo, las venas de su cuello hinchadas y su lengua ahora fuera, hicieron que mis caderas se movieran vertiginosamente. Una y otra vez entrando con una facilidad pasmosa penetré a Natalia. Mi mano mojada de sus jugos tapó su boca y noté en mi palma, como su lengua lamía con desesperación.
Me apetecía correrme, así que no espere más, la arrastré del pelo hasta el sofá, me senté y de rodillas engulló el miembro de su Señor, subía y bajaba con devoción como pocas veces he visto hacerlo, sus ojos cargados de lascivia me ponían cachondo. En poco tiempo mi semen llenó su boca. Sin poder retirase, la obligué a estar chupando y tragando hasta que la última gota escapó de mi polla. Limpió despacio con la lengua todo mi miembro y mirándome con una media sonrisa espero mi respuesta.

-Túmbate.

Agarré sus caderas, ahora siendo yo el que se postró ante ella y empecé a devorar su coño, mordiendo y lamiendo sus labios, introduciendo mi lengua en la vagina o bajando hasta su ano. De vez en cuando me centraba en su punto débil y lo mordía, lo succionaba o lamía. No tardó en empezar a correrse, yo me reía por dentro, frené mi ritmo, intentando seguir sus contracciones, despacio, empezó a correrse. Entonces me quedé quieto mirándola.


- ¡Por Dios! gritó, sigue cabrón no me dejes así. Mientras con sus manos hacía lo imposible por tocarse.


Sólo paré unos segundos, lo justo para que su orgasmo se detuviera a punto de llegar a su cenit. Tengo que reconocer que me encanta notar esa desesperación y la entrega que en esos momentos se apodera incluso de la mujer más rebelde. Entonces, continué, posando la punta de mi lengua en su clítoris, la moví lentamente sintiendo su deseo ya incontrolable. Sus caderas, moviéndose cada vez más rápido hicieron el resto, su respiración y jadeos empezaron a salir de su boca como un torrente.
Estalló en un orgasmo brutal, mezclando los jugos con la orina, acabó empapando mi alfombra.
La desaté y sus brazos morados recuperaron despacio su color moreno. Me miró riendo, me besó y me dijo.

-Eres un... nadie me folla como tú Marco, me encanta.


Nos vestimos y estuvimos un rato hablando y bebiendo cava, ella intentando que dejara mis devaneos amorosos y me centrara en estar sólo con ella, y yo me encontré a mi mismo pensando en la chica que había dejado en el reservado, Susana. Se marchó remoloneando, después de hacerme prometer que la llamaría.
Bajé a la zona VIPS con celeridad, después de arreglarme. Susana y sus amigas se habían ido del local.

Volví a casa contrariado, me di una ducha caliente e ingerí algo de la nevera, cuando me metí en mi cama, me sorprendí por el hecho de estar pensando en aquella chica, y no en Natalia.

Pasaron unas semanas, de vez en cuando quedaba con Natalia y otras chicas de mi agenda. Qué podía hacer yo si todas querían estar a mi lado, nada más que consolarlas y darles un poco de amor y sexo, pero la verdad empezaba a estar cansado de mi vida amorosa, de vez en cuando deseaba despertarme con la misma mujer a mi lado. Algún amanecer al abrir los ojos, me encontraba con más de una mujer hermosa desnuda en la cama pegada a mí, y tenía que hacer memoria incluso para recordar sus nombres. Más de un día al preparar el desayuno, las llamaba por el nombre de alguna otra conquista anterior, excusándome después con una broma, que hacía cambiar sus sospechas de lo que en verdad sabían, pero no querían admitir.
Había empezado el verano, era ya de madrugada y el local se encontraba repleto de gente, de hecho habíamos colgado el cartel de aforo completo y sólo podía pasar gente muy concreta, famosos, amigos…
Me encontraba recorriendo la zona vips, saludando a actores, empresarios y conocidos. Alguien me tocó por detrás y al girarme me dijo.


- Hola, ¿te acuerdas de mí? perdona si te interrumpo sólo quería darte las gracias.
Sus palabras en mi oído al acercar su boca y hablarme, su perfume y la cercanía de su cuello al inclinarme para escucharla, me despertaron de la monotonía de la noche.

-¿Eres… Susana? le dije, con un tono que dio a entender como que casi no me acordaba de ella.
Me sonrió.
-Sí y tú Marco, ¿verdad? Su beso, de nuevo en mi mejilla me conquistó.
-Sí, de nada, ¿Oyes, quieres tomar algo?


Noté que su frase sonó igual de falsa que la mía y aguanté mi risa. Sonriendo, la cogí de la mano encaminándome a mi despacho, pero acabé dando la vuelta sin ninguna explicación cuando ya estaba a punto de llegar a mi reservado.


-Te apetece salir a dar una vuelta. pregunté.
-Necesito relajarme y salir un poco.
-Sí, por que no.

...///...

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