Herir, Sufrir, Arder
Herir, sufrir, arder,
vivir o morir en el intento.
Amar, querer, odiar,
sentir placer de no vivir con miedo. Rogar, pedir, llorar,
suspirar sin tomar del aire su alimento. ¿Por qué esta sucesión
de sentimientos?
¿Acaso sea ésta la elección
del hombre que determine eternamente el buen camino
por el que haya de continuar la vida? ¿Acaso sea éste su destino?
Dolor, olvido.
¿Ante cuál de estas espadas
ha de arrodillarse la vida
de un hombre que prueba con dolor
el sabor amargo de la derrota,
en pos de recuperar un puñado
de su más humilde dignidad,
con la que sería capaz
de alcanzar alardeando con sobriedad
su más íntimo objetivo?
Ese esperado final,
tras el cual se encuentran los más
infinitos mares de felicidad eterna,
para los cuales nadie
ha sido preparado sino
que se ha debido de armar
con una armadura de fuego
con la que pudiera calcinar
toda suerte de afrentas
que en el desarrollo de esa dura batalla se le enfrentaran.
Querer, amar.
Qué es esto
si no la hoguera que inflama
cada grieta de nuestro pecho.
Amar, querer,
decir basta cuando el viento
empieza a amainar
y el fuego deja apagar
la llama que arde
por dentro de nuestro cuerpo.
Oh, dolor,
¿no estarás siempre hermanado
a cada uno de los recuerdos
humanos?
¿No será quizás el tiempo
el que haga recordar a ricos y a pobres, a humildes y a necios
el ardor
que en cada una de a tus empresas
llevan escritos el rencor y el temor
a un futuro incierto e improvisado
capaz de cegar a los hombres
por su carácter de inesperado
pero a veces tan vil
como un mercenario?
Reír, llorar. Llorar, reír.
Dos sentimientos tan distintos
y a la vez tan unidos.
Oh, lamento,
ese dolor que me arrasa por dentro,
esa herramienta de labrero
que rastrilla mi pecho
y se lleva tras de sí
bocanadas de aire
que con esfuerzo y temblor
llenaron mis pulmones, ya flacos,
faltos del verdadero aire
que pudiera aliviar este tormento.
23/09/2013
<para leer más obras de GONZALO, visita www.arzayole.wordpress.com>