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Nada mas para decirte

Necrokimy_VonmortemNecrokimy_Vonmortem Garcilaso de la Vega XVI
editado octubre 2014 en Erótica
Yo me senté en mi cama, a mirar una película en mi notebook tranquilamente. Había cenado temprano, ya que el día de trabajo había sido agotador, y no tenia ganas de seguir levantada en mi apartamento. Me había escrito durante todo el día al celular con David, y ahora aproveche que me había dicho de ir a cenar para descansar un poco.
David era un amigo que si bien sabia de su existencia en esto de las redes sociales, había comenzado a hablar conmigo hacia un par de meses atrás, nada muy importante, el trabajo, sus aficiones cineastas y nada mas allá de eso. Sin embargo, sabia perfectamente bien que me gustaba muchísimo, y que yo a su vez le gustaba a el. Su coeficiente y madurez tanto sentimental como físicamente eran increíbles, y al menos de mi parte, el decía lo mismo, así que se podía decir que nos llevábamos bastante bien.
Por mutuo acuerdo, aunque el sabia donde vivía yo, prometimos no visitarnos el uno al otro. Teníamos pensado una relación, al menos el me decía lo que quería, pero yo aun no estaba segura así que sencillamente opte por bajar las banderas a media asta y tomarnos un tiempo de paz. El lo aceptó, un poco dolido quizá, como un niño que se encuentra a gusto comiendo un caramelo y repentinamente le obligan a escupirlo, pero la cosa es que lo había asumido como tal y si bien no teníamos una relación ferviente, tampoco eramos amigos comunes. El interés estaba por allí.
La noche estaba medianamente fresca, y yo hacia poquitos días que había salido de una gripe importante así que me sentía de muy buen humor. Comencé a reproducir la película cuando a los cinco minutos me llega un mensaje, era de David, diciendo que tenia una sorpresa para mi. Le pregunte de que se trataba pero no me quiso decir, tan solo me dijo que esperara.
No pude volver a concentrarme en la película, releí su conversación, era imposible no sentirme húmeda con el. Y no me refiero preferentemente a lo sexual, porque creo que hay dos tipos de humedades. Esta la humedad física, claro, y luego la humedad emocional, conocer y hablar con una persona que tan solo con escuchar su voz domina tus sentimientos como si de un artesano se tratase. Digamos que David dominaba perfectamente tanto una como la otra.
Continué mirando la película a pesar de que mi mente se hallaba dispersa en otros asuntos, cuando de repente el timbre de la puerta me sobresaltó, no sabia cuanto tiempo había pasado, supongo que unos quince minutos masomenos. Así que me levante, me puse un camisón de piel, mis pantuflas de dormir, y camine hasta la puerta. David estaba ahí.
-¿David?, ¿que haces aquí?.- Le pregunte, consternada.- Te dije que no vinieras a mi casa, ese era el trato.
-Ya lo se, solamente quería verte un rato, esta es mi sorpresa. Toma, esto es para ti.- Dijo el, extendiendo en mis manos una flor blanca, un precioso jazmín.- ¿Estabas acostada?.
-Si, me había acostado a ver una película ¿Por que?.
-Necesito hablar contigo.
Ambos entramos entonces a mi cuarto, yo cerré la pantalla de mi notebook y la aparté de la cama, dejándola encima de mi mesa de noche. Entonces me senté encima de la cama, apoyando la espalda. El se sentó a mi lado, en el borde. Miró a su alrededor y respiró con fuerza.
-La habitación tiene olor a ti, a mujer.- Me dijo.- Amo este perfume, es muy particular de habitación de mujer, como el olor a tierra mojada y lluvia una tarde de otoño.
-¿Todo lo tienes que decir poeticamente?.- Le pregunte. Amaba su arte, pero no dejaba de sorprenderme con su forma de actuar.
-No se hablar de otra forma, así soy.- Me respondió.
-Bueno, ya. ¿Que sucede?.
-Que odio los protocolos que se nos imponen a los humanos, la existencialidad es digna del amor, y el amor es una característica innata del hombre, y yo siento que debo renegar a eso. Las espinas del dolor, de la duda se aparecen en mi cada vez que me impones normas, que me dices que vaya con calma.- David me tomó de las manos y me las apretó levemente mirándome a los ojos, parecía estar a punto de llorar.- Denise, entiéndelo ¿Como pretendes que gobierne mi propia alma?, esa misma alma que me impone decirte cuanto te quiero y me importas. No puedo seguir así, sencillamente no puedo.
Me quede muda, sin saber que hacer. Repentinamente sentí calor, aunque me recorrió un escalofrió verle tan desanimado. Me quité las pantuflas con un movimiento de mis piernas, sacudiendo los pies. El observó este gesto.
-No te pongas así, me entristeces a mi.- Le rogué.
-Sabes bien que mi fetichismo mayor son los pies. Y tus pies son hermosos, son perfectos.- Me dijo, acariciándome el dorso de los dedos con suavidad, recorriendolos con la punta de su dedo indice.- Eres una perra.
Yo sonreí, y aunque nunca había pasado una noche con el, hablaba tan despacio que solamente el ambiente bastaba para hacerme sentir muchísimas cosas. Estire mis piernas y posandole mis pies en sus hombros, le acaricie una mejilla. Esa fue toda la invitación que David necesitaba. Se reclinó buscando mi boca, la cual le ofrecí con toda su pasión, y nos besamos por largo rato, primero lentamente y desenfrenados después, imposible contenerse a tanto deseo. Entonces me quitó el camisón, dejándome tan solo en ropa interior, y yo le quite la camiseta tan rápido como podía. El entonces me miró, detenidamente. Observando cada una de mis imperfecciones, mis rollitos abdominales, y me recorrió entera con la punta de sus dedos.
-No hay ser en esta Tierra tan perfecta como tu, Denise.- Dijo.
Acto seguido se acercó a mi cuello y comenzó a besarlo lentamente, casi rozandolo con los labios. Yo cerré los ojos y me deje llevar en aquel torbellino de sensaciones, sintiendo como mi respiración se agitaba segundo a segundo. Estaba completamente húmeda, el lo sabia, pero también me sentía empapada por este amor que crecía agigantado entre los dos. Y yo lo deseaba, así como a su persona también.
Sus manos buscaron mi rostro, posándose en mis mejillas y antes de besarme en los labios de nuevo, me miró a los ojos, un breve instante, queriendo capturar una magia que tan solo el conocía y entendía. Luego, solamente después de esto, me besó, mientras que sus manos bajaban por mi espalda quitándome el sostén. Mis pechos libres reclamaban su contacto, y como leyéndome la mente una de sus manos envolvió mi seno izquierdo, acariciando su pezón, volviéndome loca. Luego de un momento, me volvió a tomar en sus manos y suavemente, como una hoja mecida por el viento, me recostó hasta hacerme acostar encima de la cama. Entonces volvió de nuevo a mi boca, bajo a la barbilla, luego al cuello, y finalmente a uno de mis pechos, trazando con la punta de su lengua todo el contorno de mis pezones, haciéndome gritar, creyendo que me partiría en dos.
Ansiosa y locamente enrede mis manos en su frondosa cabellera, obligandole a que mordiera, a que dejara salir ese lobo que dormía dentro de si. Entonces levanto la cabeza y me miro un breve instante. Yo lo mire, y me mordí un labio. Sabia lo que quería perfectamente.
Su boca acaricio mi vientre, y con la punta de sus dientes tomo el borde de mi bikini, y con firmeza comenzó a bajarlo ayudado de sus manos, hasta dejarme desnuda por completo. Estaba mojadisima, y fuera lo que fuera que pensara hacer, debía hacerlo ya.
Se tomo su tiempo, me observo, separo con cuidado mis labios y lentamente comenzó a trabajarme el clítoris con una paciencia y lentitud desmesurada, haciéndome arrancar aullidos de felicidad. Después de que estuvo quince minutos torturándome de aquella forma, levanto la mirada y lo mire con lujuria desenfrenada.
-Hazme tuya de una vez, David. No soporto mas.- Le dije.
Entonces se quito los pantalones, luego se quito la ropa interior y tumbándose encima de mi, comenzó a penetrarme muy despacio y muy delicioso, con suma delicadeza. Yo entonces lo tome de su ancha espalda, clavandole mis uñas, y lo empuje para que entrara mas rápido, moviéndonos con la sincronía del amor mas perfecto. Hasta que los dos acabamos al unisono, salvajemente. David estaba temblando, lo mire y no entendía que le pasaba. De pronto comenzó a llorar, y me abrazo con fuerza, mientras los espasmos del orgasmo nos invadían a los dos.
-¿Que te pasa, que tienes?.- Le pregunte. Aunque entendía perfectamente lo que le pasaba, sabia que se estaba entregando a la incertidumbre de no saber que pasaría con nosotros después
-Te quiero, Denise.- Me dijo.
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