Casi que no doy con la palabrita, primero me leí todos los comentarios a ver si valía la pena llegar al escrito, jajaja. mentiras llegue lo leí y te la cambie:)
Voy leyendo lo que escribes, pero sigo sin saber dónde comentar, pues entiendo que en el otro hilo es solo para que lo lea. ¿Y luego? ¿Tengo que volver aquí y comentar?
Mejor que comentes aquí, si no volveremos a mezclar textos y comentarios en el otro hilo.
Gracias, guapa.
Acabo de leer "Lucia" y el "El primo Alberto".
El primer relato me gustó porque escribes muy bien, pero no encontré la gracia y realismo del segundo. Esos episodios sensuales entre primos adolescentes, el descubrimiento de sensaciones nuevas, reprimidas por una inexistente educación, el juego ventajoso del chico aprovechando la inexperiencia de ella...está muy bien descrito, con delicadeza y realismo.
Otro día leeré los siguientes.
Saludos.
Tienes toda la razón. Por tratarse de un conjunto de relatos bajo el título genérico"My way" , tienen estilos muy diferentes entre sí. Aunque me encantaría presumir de mi versatilidad, supongo que eso se debe en realidad a que no soy una escritora poco avezada.
"Lucía" es un relato romántico , tierno, cándido ( by Barrikada), idealista ( by Lily) sobre un amor de adolescencia. Por cierto, os ECHO de menos a ambos.
"Mi primo Alberto", por el contrario, es una gamberrada. Me divertí mucho escribiéndolo y recordando que , in illo tempore, tuve quince años y gusanillos me recorrían el cuerpo...
Me he mirado esta mañana en el espejo. He de acostumbrarme al cambio que va a experimentar mi imagen. He llevado el pelo largo desde niña. Ahora me llega a la altura de los omóplatos, aunque en una fase hippy tenía que recogerlo para no sentarme encima de mi propia melena.
¿ Me acostumbraré a no hacer el gesto de apartarlo con la mano? Lo he repetido maquinalmente miles de veces. Roberto suele retorcerlo y ponerlo sobre uno de mis hombros cuando hacemos el amor. Pero tendrá que acostumbrarse él también.Crearemos gestos nuevos para las nuevas circunstancias.
Se me ocurrió lo de la peluquería después de salir de la consulta del médico. Es mejor hacerlo ahora, al principio de todo este proceso. Ahora que hay fuerzas y el ánimo está intacto.
Magdalena, mi peluquera, ha sonreído cuando he aparecido en su establecimiento. Me ha invitado , con un gesto, a que tomase asiento ante el espejo. La silla de cuero negro me parece siniestra hoy. Llevo un camisa sin cuello y al reclinarme, he pensado en Ana Bolena delante del tajo en la Torre de Londres. Mis amigas comentaban las tonterías de la prensa rosa para animarme, porque saben que sin mi pelo me siento como desnuda.
Veo caer al suelo mechones rojizos sobre un lecho de color rubio y moreno. Evito mirar al espejo. Quiero retrasar lo inevitable.
_ Ya está- dice Magdalena-, no ha sido para tanto.
Mi cabeza se ve muy pequeña sobre los hombros. Tengo la frente - donde antes estaba el flequillo- más pálida que el resto. Estamos en julio y ya hemos ido varias veces a la playa.
_ Te queda bien, tonta - intenta consolarme Estrella.
María Teresa se acerca para besarme en el remolino de la coronilla.
Frente al espejo tres mujeres de pelo corto se observan.
_ Es mejor así, antes de que la quimio haga que se caigan los mechones a puñados - explica María Teresa.
Salimos juntas de la peluquería. Parecemos tres chavalines en tejanos. Reímos, pero estamos tristes. Siempre lo hemos compartido todo desde que nos hicimos amigas : cumpleaños de nuestros hijos, excursiones, festivales escolares, confidencias, lágrimas y risas. Todo.
La semana pasada, fuimos juntas al oncólogo:
- Siento decirle que los resultados de la biopsia son positivos: tiene un cáncer de mama.
Como autómatas salimos del hospital y nos abrazamos llorando en el aparcamiento.
_ Esto vamos a pasarlo juntas, como cuando se murió mi madre y a ti te quitaron los quistes del ovario.
_ Nos raparemos la cabeza contigo, para que no te sientas rara.
En el colegio de nuestros hijos nos llaman "las tres mosqueteras", con cierto retintín envidioso. No sé cómo nos pondrán ahora que las tres llevamos el pelo cortado al uno, como los soldados.
María Teresa nos sonríe entre lágrimas y nos dice a Estrella y a mí:
A mi desde niño me han dado morbo las mujeres con el pelo a lo garçon:rolleyes: De hecho antes a mi las mujeres con el pelo demasiado largo no me atraían, por ejemplo la actriz Meg Ryan me parecía guapísima pero solo con melena corta, cuando llevaba el pelo más allá de los hombros me parecía fea y todo...
Mi sobrina de 4 años tiene un cabello sedoso que le llega, como ella dice, hasta el culo. Un cabello dorado que junto con sus ojos verdes (de mi abuela) y la piel canela de su cuarto de sangre gitana la hacen una muñeca hermosísima...en fin, siempre hay una buena excusa para homenajear a mi sobrina que es lo más bonito que existe y no porque lo diga yo:rolleyes2:
Ah, se me olvidaba: las mujeres con el pelo largo pero recogido si que son guapas...lo del pelo recogido es todo un arte!:o
Espectacular Francesca. Admiro tu delicadeza para afrontar una cuestión tan crucial, y a veces tan común en la existencia humana pero que no deja de tener un costado brutal. Sin embargo tu lo presentas de una manera diáfana. Hay candor en tu relato. Yo te diría, hay candor en tus relatos y eso me atrae fuertemente cuándo los leo. Además, tienen estructura, y eso el lector siempre lo agradece. Aquí en el foro prolifera demasiado el caos y lo autoreferencial casi sin sentido. Leerte, pasar por tus textos, es como disfrutar de un soplo de aire fresco en el aire contaminado.;)
Acabo de leer el comentario de Nestor ( Bar imperio), y tiene razón, candor es la palabra para definirte, no lo pierdas corazón.
¡Qué bien has contado lo de la escabechina de tu melena! ¡lástima!
!Un texto sencillo que conmueve!.SE nota que es tuyo, porque lleva la impronta del buen hacer que te caracteriza.
Me parece ver en el conjunto de relatos,la lucha interior de los personajes para sobrevivir y no dejarse abatir por la adversidad.DE alguna manera...!Reflejo de lo cotidiano!
A mi desde niño me han dado morbo las mujeres con el pelo a lo garçon:rolleyes: De hecho antes a mi las mujeres con el pelo demasiado largo no me atraían, por ejemplo la actriz Meg Ryan me parecía guapísima pero solo con melena corta, cuando llevaba el pelo más allá de los hombros me parecía fea y todo...
Mi sobrina de 4 años tiene un cabello sedoso que le llega, como ella dice, hasta el culo. Un cabello dorado que junto con sus ojos verdes (de mi abuela) y la piel canela de su cuarto de sangre gitana la hacen una muñeca hermosísima...en fin, siempre hay una buena excusa para homenajear a mi sobrina que es lo más bonito que existe y no porque lo diga yo:rolleyes2:
Ah, se me olvidaba: las mujeres con el pelo largo pero recogido si que son guapas...lo del pelo recogido es todo un arte!:o
Llevé el cabello muy corto durante unos dos años. Después, durante varios años , lo tuve como N. Portman en tu foto de perfil, exactamente así. Ahora, llevo una melena suave hasta - justamente- el inicio del cuello y sin que toque las clavículas. El flequillo cae al lado derecho y suele taparme un ojo. Me lo recojo muchas veces con unas peinetas preciosas. En invierno, uso boinas de lana sedosa...
No me importó sacrificar mi pelo. Juntas lo hemos pasado todo. Ellas han llorado mucho por mí y conmigo. Y también hemos reído y jugado como niñas.
Espectacular Francesca. Admiro tu delicadeza para afrontar una cuestión tan crucial, y a veces tan común en la existencia humana pero que no deja de tener un costado brutal. Sin embargo tu lo presentas de una manera diáfana. Hay candor en tu relato. Yo te diría, hay candor en tus relatos y eso me atrae fuertemente cuándo los leo. Además, tienen estructura, y eso el lector siempre lo agradece. Aquí en el foro prolifera demasiado el caos y lo autoreferencial casi sin sentido. Leerte, pasar por tus textos, es como disfrutar de un soplo de aire fresco en el aire contaminado.;)
Te agradezco mucho esas palabras, Bar.
Sé que soy cándida. Cándida y delicada. En este mundo que nos tocó vivir, amigo, la candidez no se considera precisamente una virtud. Y la delicadeza se asimila a la debilidad. Yo no sé crear personajes atormentados, viciosos, del bajo fondo, fornicarios o bebedores. Así que soy consciente de que muchos tocarán el gesto ante estos escritos tan "blancos", pero no me importa. Yo vivo en un mundo en el que el amor, en todas sus facetas, es lo único que importa. En , por , de ,con amor vivo... ¡Qué le voy a hacer!
Me alegro de ser ese "silbo vulnerado" en una atmósfera enrarecida.
Acabo de leer el comentario de Nestor ( Bar imperio), y tiene razón, candor es la palabra para definirte, no lo pierdas corazón.
¡Qué bien has contado lo de la escabechina de tu melena! ¡lástima!
Ahora, a estas edades, esas melenas ya no sientan tan bien. Mis amigas -mis hermanas del alma- y yo hemos compartido lo bueno y lo malo. Pienso que "París bien vale una misa".
Ellas me velaron en una cama de hospital, lloraron la muerte de mi madre aun sin conocerla y velan por mis hijos como las hadas madrinas del cuento.
No perderé mi candor, Suina. Me ha acompañado a lo largo de mi vida. Era un compañero de viaje incómodo, hasta que comencé a apreciar su valor. Siempre lo llevo en mi bolso o en mi maleta.
!Un texto sencillo que conmueve!.SE nota que es tuyo, porque lleva la impronta del buen hacer que te caracteriza.
Me parece ver en el conjunto de relatos,la lucha interior de los personajes para sobrevivir y no dejarse abatir por la adversidad.DE alguna manera...!Reflejo de lo cotidiano!
Tienes toda la razón, Visionario.
Si ha habido una constante en mi vida, ha sido la lucha. Admiro a quienes afrontan la adversidad de tal manera que , en lugar de resultar destruidos, emergen fortalecidos entre el oleaje.
Gracias por valorar mis pequeñas historias.
Te agradezco mucho esas palabras, Bar.
Sé que soy cándida. Cándida y delicada. En este mundo que nos tocó vivir, amigo, la candidez no se considera precisamente una virtud. Y la delicadeza se asimila a la debilidad. Yo no sé crear personajes atormentados, viciosos, del bajo fondo, fornicarios o bebedores. Así que soy consciente de que muchos tocarán el gesto ante estos escritos tan "blancos", pero no me importa. Yo vivo en un mundo en el que el amor, en todas sus facetas, es lo único que importa. En , por , de ,con amor vivo... ¡Qué le voy a hacer!
Me alegro de ser ese "silbo vulnerado" en una atmósfera enrarecida.
Desde lejos, miro tus manos cruzadas y en reposo. Manchas oscuras se pierden entre arrugas y pliegues. En la derecha, una sombra blanca recuerda el anillo que llevaste durante años. Acaricio el familiar contorno sobre mi propio dedo. Ese anillo siempre me encantó: un aro fino, casi frágil, coronado por una roseta de zafiros. Cuántas veces intenté yo - niña caprichosa y consentida- hacerlo deslizar de tu anular. Me dejabas siempre trastear en tu joyero para probarme todo lo que aquella cueva de Aladino me ofrecía, pero...
_ Este anillo, no. Hoy no. Ten paciencia, que algún día será tuyo.
Me acerco. No te miro a la cara. Tus manos destacan sobre el resto, como si un cañón de luz las iluminarse en el escenario. Una vieja marca alargada me trae recuerdos. Mi bicicleta, sin frenos, rueda calle abajo. Te llamo a gritos. Me faltan reflejos a mis escasos cinco años. La pared se acerca peligrosamente. La realidad se altera , se trastorna enviando imágenes a cámara lenta a mi retina. Corres descalza -tal vez perdiste los zapatos de tacón-, impelida por el miedo. Respondes a mi reclamo de auxilio. Tu voz tiene el poder de Orfeo para disipar mi temor como se diluye la neblina. Avanzas a mi lado, jadeando. Alargas tu mano hacia la mía. La bicicleta se vuelca y la cadena te hace una herida. Sangras. No te importa: me tienes segura entre tus brazos.
He de acercarme un poco más. No puedo ver tu dedo medio, endurecido por el uso. ¡Has escrito tantas cartas! Te recuerdo en el escritorio, con un fajo de sobres, repasando mentalmente a quién "le debes una":
_A mi primo Antonio de Colliure, a tu tío Juan de Marsella, a Anselmo en Villa María...
_ ¿Esos son los argentinos, mamá?
Me parece escuchar tu lectura lenta y vacilante. Tachas, repasas, corriges. A medida que iba creciendo, me pedías con algo de sonrojo que te corrigiera las faltas. Me negué siempre por el respeto que tú y tus cosas me merecen.
Quiero tocar tus manos.
Las recuerdo frías sobre mi frente sudorosa, desgranando un rosario, velando mi sueños intranquilos. Tus manos ofreciéndome una tisana o una limonada fría.
Sentada en tu silla de anea, en la puerta del patio aprovechadas las últimas luces del día. Cantas, remendando las rodillas destrozadas de los pantalones de mi hermano.
_ Este niño es un desastre.
Alertada por los gritos y por las imprecaciones, tus manos nos separan mandándonos a rincones opuestos de la sala. Como púgiles, nos medimos observándonos desde lejos, mascullando amenazas. Tus manos vuelan directas a nuestros cogotes: saetas certeras que calmaban los ánimos al instante.
Quisiera tocarte. Apoyo las palmas en un cristal frío.
Tus manos descansan, yertas sobre tu pecho. Ya no puedes alzarlas para alisar el remolino de mi coronilla:
_ ¡Qué pelo tan rebelde, hija! Así me has salido...
Soy yo la que me aliso el pelo ahora. Trago saliva, en un intento de acopiar fuerzas. He de hacerlo, he de enfrentarme tarde o temprano a la verdad. Por fin deslizó mi mirada sobre tu cuerpo, comenzando por las manos, sobre las mangas negras de tu mejor vestido, sobre tu cuello desnudo sin tus perlas, sobre tu labios entreabiertos, sobre tus ojos cerrados para siempre.
Un relato muy poético, recordándome por momentos (pero esto es muy subjetivo) a la prosa entrecortada de Marguerite Duras (en fin, llevo días obsesionado con El Amante). Borges escribió que la literatura es un sueño dirigido...y que la realidad no es verbal (o sea, lo verbal es pura fantasía). Novalis escribió que la vida es la enfermedad del espíritu. En fin, intento aportar un poco de poesía a un relato llena de ella. Y ahora fuera llueve, otoño, triste otoño...:rolleyes:
Un relato muy poético, recordándome por momentos (pero esto es muy subjetivo) a la prosa entrecortada de Marguerite Duras (en fin, llevo días obsesionado con El Amante). Borges escribió que la literatura es un sueño dirigido...y que la realidad no es verbal (o sea, lo verbal es pura fantasía). Novalis escribió que la vida es la enfermedad del espíritu. En fin, intento aportar un poco de poesía a un relato llena de ella. Y ahora fuera llueve, otoño, triste otoño...:rolleyes:
Los últimos textos me salen más poéticos, ¿no crees? Tal vez se deba a mi un ansia desmedida de Belleza.
Es hermoso el otoño, a su manera. Desde mi ventana, puedo ver un sendero que serpenteando se adentra en el parque. El suelo está tapizado de agujas de pino. Un corredor solitario se ha detenido para respirar.
Huele a resina, a tierra mojada, a niñez. Mi hija se ha echado en mi regazo, mientras la comida se cuece en el horno.
Es la belleza de lo cotidiano. Busca , Carlos. Tienes ojos que pueden apreciarla, incluso, en esta lluvia y en la tristeza.
Los últimos textos me salen más poéticos, ¿no crees? Tal vez se deba a mi un ansia desmedida de Belleza.
Es hermoso el otoño, a su manera. Desde mi ventana, puedo ver un sendero que serpenteando se adentra en el parque. El suelo está tapizado de agujas de pino. Un corredor solitario se ha detenido para respirar.
Huele a resina, a tierra mojada, a niñez. Mi hija se ha echado en mi regazo, mientras la comida se cuece en el horno.
Es la belleza de lo cotidiano. Busca , Carlos. Tienes ojos que pueden apreciarla, incluso, en esta lluvia y en la tristeza.
A mí de niño me encantaba el Otoño, el invierno, la Navidad...de mayor ya no, me desengañé de la Navidad, prefiero el calor, odio cada día más el frio...los días lluviosos aún tienen su encanto...Además no ya solo prefiero el calor por la comodidad (menos ropa, menos tiritar por el frio) sino que las chicas llevan sandalias y eso no tiene precio...:D:rolleyes2:
Por cierto, aprovecho tu hilo para mi despedida preventiva (digo lo de preventiva porque igual luego se suspende todo, quién sabe), es decir: por razones personales es muy posible que no pueda volver por el foro en un tiempo...lo cual me pone triste porque me ha tratado muy bien y he conocido a mucha gente interesante y cariñosa. Yo desde aquí le mando un abrazo a todos los que me han leído, un cariñoso mimo calentito (que viene le frío) a los que me han tratado mejor de lo que merecía y mucho ánimo para los que escriben, que no lo dejen y que lean mucho (ese es mi único consejo).
Un beso y un mimo, Francesca, guapetona. De todas formas espero volver lo antes posible con nuevos escritos y vivencias. Y no abro hilo de despedida porque no quiero ser dramático y ya le dije a Nae que yo el día que me fuera no se enteraría nadie...no he cumplido mi palabras pero me he acercado lo más posible...:D Así espero dejarlo, con esta sonrisa. Sed buenos.:rolleyes:
Delicadísimo relato. Exquisito, es la palabra que me viene a la mente. Las sensaciones que despierta van graduadas tan sutilmente, que se pasa de la ternura, a la pena y finalmente a la sorpresa, sin sentir las "costuras". El detalle de enterarnos sólo al final de quién es la voz narradora, es perfecto. Felicitaciones, Fran; ¡es un relato muy bien logrado!
Poético, sí. Tremendo y delicado a la vez. Quien ha sufrido pérdidas como ésta que nos cuentas, comprende de otra manera lo arrasador de la muerte. Curiosamente, la propia desaparición empieza a parecernos algo más familiar; y tenemos más miedo del dolor que sentirán quienes nos aman, que de la propia muerte.
Excelente relato, Fran. Impecable.
Delicadísimo relato. Exquisito, es la palabra que me viene a la mente. Las sensaciones que despierta van graduadas tan sutilmente, que se pasa de la ternura, a la pena y finalmente a la sorpresa, sin sentir las "costuras". El detalle de enterarnos sólo al final de quién es la voz narradora, es perfecto. Felicitaciones, Fran; ¡es un relato muy bien logrado!
¡Oh, Lily, gracias!
Temía que nadie entendiese la sorpresa final sobre la narradora. ¡Tú lo has captado!
Me emociona todo lo que me dices, utilizas unos adjetivos que representan cualidades que me gustan.
Temía resultar cursi y melodramática. Y eso es algo que odio. Yo soy mesurada para todo salvo para la alegría y no quería que mi relato resultase folletinesco y melodramático.
Agradezco tu apoyo, Lily.
Poético, sí. Tremendo y delicado a la vez. Quien ha sufrido pérdidas como ésta que nos cuentas, comprende de otra manera lo arrasador de la muerte. Curiosamente, la propia desaparición empieza a parecernos algo más familiar; y tenemos más miedo del dolor que sentirán quienes nos aman, que de la propia muerte.
Excelente relato, Fran. Impecable.
Estos dos últimos relatos están impregnados por la tristeza que sentía y que siento.
Yo pasé en una especie de trance hipnótico los trámites mortuorios de mi madre: saludaba como una autómata, aceptaba las condolencias como una autómata y aguanté como una autómata, con el apoyo de mi marido, nada más. Comprendí lo que realmente había sucedido cuando abrí un cajón y vi todas sus cosas. La casa familiar me pareció un caparazón vacío y me vine abajo.
Bueno, ahora es necesario levantarse de nuevo, recuperarse y remontar el vuelo. Muchas veces me he elevado buscando una corriente cálida que me ayudase a volar. También ahora lo lograré. El próximo relato será más alegre que los dos anteriores. Espero no ser de ésas a las que la pena inspira más que la alegría.
De nuevo, gracias Lily.
La casa de mis padres, la casa de mi infancia y de mi juventud, me resulta hoy irreconocible. Recuadros oscuros decoran las paredes como único recuerdo de las fotos familiares y de las láminas enmarcadas que tanto gustaban a mamá. Las estanterías han perdido los libros que descansan ahora en unas cajas etiquetadas: los llevaré conmigo. El resto - camas, mesas, sillas y tresillo- ha sido donado a Cáritas a petición de mis padres. Me he resistido todo lo posible a registrar los cajones de la cómoda para no violar su intimidad. Mi madre era una mujer chapada a la antigua y nunca la vi en ropa interior. Ahora, sin embargo, meto las manos entre sus prendas para guardarlas en cajas. No es fácil echar a la basura las pertenencias de aquellos a quienes se ha amado tanto.
Muevo la cabeza en un intento de disipar estos tristes pensamientos y me digo que, al fin y al cabo, la vida no es sino un devenir continuo y sin paradas hasta la estación término.
En el fondo de uno de los cajones, mis manos tropiezan con una caja. La llenan recuerdos atesorados durante años por mi madre: uno de mis patucos; postales de lo más cursi, con edulcoradas promesas de amor eterno en su reverso; fotos de unos jóvenes en quienes reconozco a mis padres a duras penas y cientos de pequeños recuerdos de mi vida.
Como cuando ella me contaba cuentos, me siento en el borde de su cama y ´me permito sonreír por vez primera en toda la mañana. Van apareciendo fotos en blanco y negro en las que, indefectiblemente, mi cara asoma detrás de mi padre o poso aferrado a las faldas de mi madre.
Había olvidado que fui un niño tímido. Tímido, apocado, cohibido.
Entre las instantáneas, un amarillento recorte de periódico de 1980 me recuerda mi época de capitán de equipo en un concurso provincial , Área 5. Y mi primer beso, también.
Yo, un vergonzoso empedernido, di mi primer beso delante de una concurrencia de quinientas personas. Se me escapa una carcajada por mi audacia de aquel día, en el que fui todo un ladrón de besos.
Ella estudiaba con las monjas. Nuestras miradas se cruzaron un día en el que yo pasaba por la puerta de su colegio. Ya comenzaba a soñar con las piernas de las chicas y con los secretos que se ocultaban bajo sus ropas. Y , entonces, ella bajó las escaleras saltando los escalones de dos en dos. Las tablas de su falda se levantaron revelando sus muslos y, por el esfuerzo, su agitado pecho amenazaba con hacer saltar los botones de la blusa de su uniforme colegial. ¡ Cuántas noches me dormí imaginando que mis dedos abrían uno por uno aquellos botoncitos blancos! Llegué a obsesionarse mucho con ellos, he de reconocerlo.
Desde ese primer encuentro, me convertí en un acechador. Desviada mi camino hasta la puerta de su colegio para seguirla en silencio pues ella vivía unas calles más allá de la mía. Esperaba en el portal hasta que su taconcitos la anunciaban. Ella pasaba y yo me recreaba observando el aleteo de sus faldas, el cimbreante movimiento de sus caderas y la gracia con la que su coleta azotaba el aire.
¿Se percataba de que pasaba por allí por ella, de que la esperaba en mi portal?. Estoy seguro de que ella lo sabía todo y de que todo lo comprendía. Las mujeres poseen una suerte de arcana sabiduría desde niñas, por eso me daban tanto miedo.
Regreso al concurso. No nos habíamos enfrentado aún a su equipo, y habíamos pasado a las semifinales. Por fin íbamos a encontrarnos. Esperaba con nerviosismo tener cerca a la chica de mis sueños. Sólo aspiraba a eso, pero la vida me dio un precioso regalo.
Siendo ambos capitanes, el locutor nos llamó al escenario. Llegaba el tan ansiado momento del intercambio de banderines y del apretón de manos entre capitanes. Rozaría su piel suave. Estrecharía entre mis dedos los suyos tan delicados. Mas la voz del presentador me sacó de mi trance sensitivo:
- Muchacho, siendo tan bonita la capitana, podrías darle un beso.
Ella, con las mejillas ardiendo, me miró entre las pestañas. Y yo, desdeñoso de su arrebolada modestia, dediqué toda mi atención a sus labios. Allí, delante de todos, besé por vez primera a una mujer . Tomé por sorpresa su castillo y coroné con mi bandera la torre del homenaje.
No volvimos a vernos, ni a cruzar nuestros caminos pues ella cambió de casa y, en consecuencia, de colegio. Ese chico apocado que era yo no se atrevió a buscarla y, tal vez, ella se pregunte aún por qué. Desearía que recordarse su primer beso inmortalizado en un diario y sonría como ahora lo hago yo.
Entonces, me digo:
- No es un mal comienzo cuando se desea perder la timidez.
Ay, mi Francesca que ya ha vuelto!!! En cuanto tenga un poco de tiempo comento esto que hoy me ha pillado en la obligación de contestar otras cosas pendientes de antes!:D:o
Bueno, ahora con tiempo y calma he leído tu relato y me ha encantado...aunque creo que eso ya lo sabrías:D Ya te dije que si metes algo de picante me mola más:rolleyes2: Y es que me ha recordado tantas cosas...lo que cuentas es inevitable que me haga pensar en mi primer icono sexual que ya sabes que fue mi prima (lo conté en mis confesiones) y aquello del uniforme escolar era pura delicia fetichisa...y a la primera chica que me gustó la acechaba por los alrededores de su casa (intentando cruzarme casualmente con ella y así verla, hablar fuera del instituto en plan más íntimo...:rolleyes:) En fin, me encanta cuando alguien como tú escribe cosas con las que me identifico y me recuerdan cosas personales...cuando el prota dice que no vio a su madre en ropa interior me ha venido a la mente una vez que siendo muy niño vi a mi madre sin sujetador. Mi madre tenía unos pechos preciosos así que cada vez que he visto a una mujer con ese tipo de pechos (perfectamente rdondeados con pezones perfectos como garbanzos...espero no incomodar a nadie con los detalles:D) inevitablemente me recordaba a mi madre (seguro que Freud me daría unos cuantos consejos!:D ). Por suerte para mi ya complicada vida sexual nunca tuve fantasias sexuales con mi madre (eso del complejo de edipo y demás) pero quizá habría que profundizar psicoanalíticamente porque me molan tanto los pechos que se parecen a los de mi madre...:rolleyes: Pero igual no tengo respuestas. Por ejemplo siempre me he preguntado de dónde viene mi fetichismo por los pies femeninos...no recuerdo ningún acontecimiento en mi tierna infancia que lo explique...:rolleyes:
Me encanta que te encante... porque eres un lector apasionado.
Yo siento una desbordante pasión por los zapatos. Los tengo de todos los colores y , casi siempre, los llevo de tacón alto. Esas tiras finas que tatúan los pies, ¡me chiflan!
Tal vez, algún día, escriba algún cuento sobre ese tema.
Ese chico me acechó durante todo octavo. Recuerdo un día en el que se paró en una acera y me observó mientras cruzaba la calle. No era intimidante, sino halagador e inocente. Nunca nos hablamos, yo era muy tímida también. Era tan insegura que me sorprendía cuando alguien me decía algo bonito.
Después de ese beso en público, no volvimos a vernos. Fue él quien dejó el barrio, pero por necesidades de la narración he cambiado ese detalle. Es lógico cuando se novela algún recuerdo: la narración te lleva por donde quiere.
Aún puedo recordarle y , ¡tenía una retirada a R. Gallardón! Supongo que no nos reconoceríamos si nos viésemos.
Me alegra enormemente haber conectado contigo. Yo sí que vi alguna vez a mi madre, a pesar de sus contorsiones para evitarlo cuando se cambiaba. Pero mi hermano jamás la miró ni en ropa interior. Recordé a mi hermano cuando escribía sobre esto. Mi padre era un señor muy formal para esas coas ( aunque fuese un padre amoroso y alegre) y daba mucha importancia a lo que él llamaba elegancia ( no estar en casa en camiseta, ni sin ella, por ejemplo). Me educó así y yo procuro estar siempre bien vestida. Es cierto que "la patria de un hombre es su infancia" pues esas enseñanzas marcan toda nuestra vida.
Gracias por ser tan cariñoso. Me has robado el corazón, compañero.
Comentarios
Gracias, bromista.
Gracias, guapa.
Tienes toda la razón. Por tratarse de un conjunto de relatos bajo el título genérico"My way" , tienen estilos muy diferentes entre sí. Aunque me encantaría presumir de mi versatilidad, supongo que eso se debe en realidad a que no soy una escritora poco avezada.
"Lucía" es un relato romántico , tierno, cándido ( by Barrikada), idealista ( by Lily) sobre un amor de adolescencia. Por cierto, os ECHO de menos a ambos.
"Mi primo Alberto", por el contrario, es una gamberrada. Me divertí mucho escribiéndolo y recordando que , in illo tempore, tuve quince años y gusanillos me recorrían el cuerpo...
¿ Me acostumbraré a no hacer el gesto de apartarlo con la mano? Lo he repetido maquinalmente miles de veces. Roberto suele retorcerlo y ponerlo sobre uno de mis hombros cuando hacemos el amor. Pero tendrá que acostumbrarse él también.Crearemos gestos nuevos para las nuevas circunstancias.
Se me ocurrió lo de la peluquería después de salir de la consulta del médico. Es mejor hacerlo ahora, al principio de todo este proceso. Ahora que hay fuerzas y el ánimo está intacto.
Magdalena, mi peluquera, ha sonreído cuando he aparecido en su establecimiento. Me ha invitado , con un gesto, a que tomase asiento ante el espejo. La silla de cuero negro me parece siniestra hoy. Llevo un camisa sin cuello y al reclinarme, he pensado en Ana Bolena delante del tajo en la Torre de Londres. Mis amigas comentaban las tonterías de la prensa rosa para animarme, porque saben que sin mi pelo me siento como desnuda.
Veo caer al suelo mechones rojizos sobre un lecho de color rubio y moreno. Evito mirar al espejo. Quiero retrasar lo inevitable.
_ Ya está- dice Magdalena-, no ha sido para tanto.
Mi cabeza se ve muy pequeña sobre los hombros. Tengo la frente - donde antes estaba el flequillo- más pálida que el resto. Estamos en julio y ya hemos ido varias veces a la playa.
_ Te queda bien, tonta - intenta consolarme Estrella.
María Teresa se acerca para besarme en el remolino de la coronilla.
Frente al espejo tres mujeres de pelo corto se observan.
_ Es mejor así, antes de que la quimio haga que se caigan los mechones a puñados - explica María Teresa.
Salimos juntas de la peluquería. Parecemos tres chavalines en tejanos. Reímos, pero estamos tristes. Siempre lo hemos compartido todo desde que nos hicimos amigas : cumpleaños de nuestros hijos, excursiones, festivales escolares, confidencias, lágrimas y risas. Todo.
La semana pasada, fuimos juntas al oncólogo:
- Siento decirle que los resultados de la biopsia son positivos: tiene un cáncer de mama.
Como autómatas salimos del hospital y nos abrazamos llorando en el aparcamiento.
_ Esto vamos a pasarlo juntas, como cuando se murió mi madre y a ti te quitaron los quistes del ovario.
_ Nos raparemos la cabeza contigo, para que no te sientas rara.
En el colegio de nuestros hijos nos llaman "las tres mosqueteras", con cierto retintín envidioso. No sé cómo nos pondrán ahora que las tres llevamos el pelo cortado al uno, como los soldados.
María Teresa nos sonríe entre lágrimas y nos dice a Estrella y a mí:
- Amigas, gracias.
Mi sobrina de 4 años tiene un cabello sedoso que le llega, como ella dice, hasta el culo. Un cabello dorado que junto con sus ojos verdes (de mi abuela) y la piel canela de su cuarto de sangre gitana la hacen una muñeca hermosísima...en fin, siempre hay una buena excusa para homenajear a mi sobrina que es lo más bonito que existe y no porque lo diga yo:rolleyes2:
Ah, se me olvidaba: las mujeres con el pelo largo pero recogido si que son guapas...lo del pelo recogido es todo un arte!:o
¡Qué bien has contado lo de la escabechina de tu melena! ¡lástima!
Me parece ver en el conjunto de relatos,la lucha interior de los personajes para sobrevivir y no dejarse abatir por la adversidad.DE alguna manera...!Reflejo de lo cotidiano!
Llevé el cabello muy corto durante unos dos años. Después, durante varios años , lo tuve como N. Portman en tu foto de perfil, exactamente así. Ahora, llevo una melena suave hasta - justamente- el inicio del cuello y sin que toque las clavículas. El flequillo cae al lado derecho y suele taparme un ojo. Me lo recojo muchas veces con unas peinetas preciosas. En invierno, uso boinas de lana sedosa...
No me importó sacrificar mi pelo. Juntas lo hemos pasado todo. Ellas han llorado mucho por mí y conmigo. Y también hemos reído y jugado como niñas.
Te agradezco mucho esas palabras, Bar.
Sé que soy cándida. Cándida y delicada. En este mundo que nos tocó vivir, amigo, la candidez no se considera precisamente una virtud. Y la delicadeza se asimila a la debilidad. Yo no sé crear personajes atormentados, viciosos, del bajo fondo, fornicarios o bebedores. Así que soy consciente de que muchos tocarán el gesto ante estos escritos tan "blancos", pero no me importa. Yo vivo en un mundo en el que el amor, en todas sus facetas, es lo único que importa. En , por , de ,con amor vivo... ¡Qué le voy a hacer!
Me alegro de ser ese "silbo vulnerado" en una atmósfera enrarecida.
Ahora, a estas edades, esas melenas ya no sientan tan bien. Mis amigas -mis hermanas del alma- y yo hemos compartido lo bueno y lo malo. Pienso que "París bien vale una misa".
Ellas me velaron en una cama de hospital, lloraron la muerte de mi madre aun sin conocerla y velan por mis hijos como las hadas madrinas del cuento.
No perderé mi candor, Suina. Me ha acompañado a lo largo de mi vida. Era un compañero de viaje incómodo, hasta que comencé a apreciar su valor. Siempre lo llevo en mi bolso o en mi maleta.
Si ha habido una constante en mi vida, ha sido la lucha. Admiro a quienes afrontan la adversidad de tal manera que , en lugar de resultar destruidos, emergen fortalecidos entre el oleaje.
Gracias por valorar mis pequeñas historias.
Torcerán...
_ Este anillo, no. Hoy no. Ten paciencia, que algún día será tuyo.
Me acerco. No te miro a la cara. Tus manos destacan sobre el resto, como si un cañón de luz las iluminarse en el escenario. Una vieja marca alargada me trae recuerdos. Mi bicicleta, sin frenos, rueda calle abajo. Te llamo a gritos. Me faltan reflejos a mis escasos cinco años. La pared se acerca peligrosamente. La realidad se altera , se trastorna enviando imágenes a cámara lenta a mi retina. Corres descalza -tal vez perdiste los zapatos de tacón-, impelida por el miedo. Respondes a mi reclamo de auxilio. Tu voz tiene el poder de Orfeo para disipar mi temor como se diluye la neblina. Avanzas a mi lado, jadeando. Alargas tu mano hacia la mía. La bicicleta se vuelca y la cadena te hace una herida. Sangras. No te importa: me tienes segura entre tus brazos.
He de acercarme un poco más. No puedo ver tu dedo medio, endurecido por el uso. ¡Has escrito tantas cartas! Te recuerdo en el escritorio, con un fajo de sobres, repasando mentalmente a quién "le debes una":
_A mi primo Antonio de Colliure, a tu tío Juan de Marsella, a Anselmo en Villa María...
_ ¿Esos son los argentinos, mamá?
Me parece escuchar tu lectura lenta y vacilante. Tachas, repasas, corriges. A medida que iba creciendo, me pedías con algo de sonrojo que te corrigiera las faltas. Me negué siempre por el respeto que tú y tus cosas me merecen.
Quiero tocar tus manos.
Las recuerdo frías sobre mi frente sudorosa, desgranando un rosario, velando mi sueños intranquilos. Tus manos ofreciéndome una tisana o una limonada fría.
Sentada en tu silla de anea, en la puerta del patio aprovechadas las últimas luces del día. Cantas, remendando las rodillas destrozadas de los pantalones de mi hermano.
_ Este niño es un desastre.
Alertada por los gritos y por las imprecaciones, tus manos nos separan mandándonos a rincones opuestos de la sala. Como púgiles, nos medimos observándonos desde lejos, mascullando amenazas. Tus manos vuelan directas a nuestros cogotes: saetas certeras que calmaban los ánimos al instante.
Quisiera tocarte. Apoyo las palmas en un cristal frío.
Tus manos descansan, yertas sobre tu pecho. Ya no puedes alzarlas para alisar el remolino de mi coronilla:
_ ¡Qué pelo tan rebelde, hija! Así me has salido...
Soy yo la que me aliso el pelo ahora. Trago saliva, en un intento de acopiar fuerzas. He de hacerlo, he de enfrentarme tarde o temprano a la verdad. Por fin deslizó mi mirada sobre tu cuerpo, comenzando por las manos, sobre las mangas negras de tu mejor vestido, sobre tu cuello desnudo sin tus perlas, sobre tu labios entreabiertos, sobre tus ojos cerrados para siempre.
Los últimos textos me salen más poéticos, ¿no crees? Tal vez se deba a mi un ansia desmedida de Belleza.
Es hermoso el otoño, a su manera. Desde mi ventana, puedo ver un sendero que serpenteando se adentra en el parque. El suelo está tapizado de agujas de pino. Un corredor solitario se ha detenido para respirar.
Huele a resina, a tierra mojada, a niñez. Mi hija se ha echado en mi regazo, mientras la comida se cuece en el horno.
Es la belleza de lo cotidiano. Busca , Carlos. Tienes ojos que pueden apreciarla, incluso, en esta lluvia y en la tristeza.
La novela "La peste" comienza asi"Hoy ha muerto mama.¿O fue ayer?
A mí de niño me encantaba el Otoño, el invierno, la Navidad...de mayor ya no, me desengañé de la Navidad, prefiero el calor, odio cada día más el frio...los días lluviosos aún tienen su encanto...Además no ya solo prefiero el calor por la comodidad (menos ropa, menos tiritar por el frio) sino que las chicas llevan sandalias y eso no tiene precio...:D:rolleyes2:
Por cierto, aprovecho tu hilo para mi despedida preventiva (digo lo de preventiva porque igual luego se suspende todo, quién sabe), es decir: por razones personales es muy posible que no pueda volver por el foro en un tiempo...lo cual me pone triste porque me ha tratado muy bien y he conocido a mucha gente interesante y cariñosa. Yo desde aquí le mando un abrazo a todos los que me han leído, un cariñoso mimo calentito (que viene le frío) a los que me han tratado mejor de lo que merecía y mucho ánimo para los que escriben, que no lo dejen y que lean mucho (ese es mi único consejo).
Un beso y un mimo, Francesca, guapetona. De todas formas espero volver lo antes posible con nuevos escritos y vivencias. Y no abro hilo de despedida porque no quiero ser dramático y ya le dije a Nae que yo el día que me fuera no se enteraría nadie...no he cumplido mi palabras pero me he acercado lo más posible...:D Así espero dejarlo, con esta sonrisa. Sed buenos.:rolleyes:
Excelente relato, Fran. Impecable.
Temía que nadie entendiese la sorpresa final sobre la narradora. ¡Tú lo has captado!
Me emociona todo lo que me dices, utilizas unos adjetivos que representan cualidades que me gustan.
Temía resultar cursi y melodramática. Y eso es algo que odio. Yo soy mesurada para todo salvo para la alegría y no quería que mi relato resultase folletinesco y melodramático.
Agradezco tu apoyo, Lily.
Yo pasé en una especie de trance hipnótico los trámites mortuorios de mi madre: saludaba como una autómata, aceptaba las condolencias como una autómata y aguanté como una autómata, con el apoyo de mi marido, nada más. Comprendí lo que realmente había sucedido cuando abrí un cajón y vi todas sus cosas. La casa familiar me pareció un caparazón vacío y me vine abajo.
Bueno, ahora es necesario levantarse de nuevo, recuperarse y remontar el vuelo. Muchas veces me he elevado buscando una corriente cálida que me ayudase a volar. También ahora lo lograré. El próximo relato será más alegre que los dos anteriores. Espero no ser de ésas a las que la pena inspira más que la alegría.
De nuevo, gracias Lily.
Muevo la cabeza en un intento de disipar estos tristes pensamientos y me digo que, al fin y al cabo, la vida no es sino un devenir continuo y sin paradas hasta la estación término.
En el fondo de uno de los cajones, mis manos tropiezan con una caja. La llenan recuerdos atesorados durante años por mi madre: uno de mis patucos; postales de lo más cursi, con edulcoradas promesas de amor eterno en su reverso; fotos de unos jóvenes en quienes reconozco a mis padres a duras penas y cientos de pequeños recuerdos de mi vida.
Como cuando ella me contaba cuentos, me siento en el borde de su cama y ´me permito sonreír por vez primera en toda la mañana. Van apareciendo fotos en blanco y negro en las que, indefectiblemente, mi cara asoma detrás de mi padre o poso aferrado a las faldas de mi madre.
Había olvidado que fui un niño tímido. Tímido, apocado, cohibido.
Entre las instantáneas, un amarillento recorte de periódico de 1980 me recuerda mi época de capitán de equipo en un concurso provincial , Área 5. Y mi primer beso, también.
Yo, un vergonzoso empedernido, di mi primer beso delante de una concurrencia de quinientas personas. Se me escapa una carcajada por mi audacia de aquel día, en el que fui todo un ladrón de besos.
Ella estudiaba con las monjas. Nuestras miradas se cruzaron un día en el que yo pasaba por la puerta de su colegio. Ya comenzaba a soñar con las piernas de las chicas y con los secretos que se ocultaban bajo sus ropas. Y , entonces, ella bajó las escaleras saltando los escalones de dos en dos. Las tablas de su falda se levantaron revelando sus muslos y, por el esfuerzo, su agitado pecho amenazaba con hacer saltar los botones de la blusa de su uniforme colegial. ¡ Cuántas noches me dormí imaginando que mis dedos abrían uno por uno aquellos botoncitos blancos! Llegué a obsesionarse mucho con ellos, he de reconocerlo.
Desde ese primer encuentro, me convertí en un acechador. Desviada mi camino hasta la puerta de su colegio para seguirla en silencio pues ella vivía unas calles más allá de la mía. Esperaba en el portal hasta que su taconcitos la anunciaban. Ella pasaba y yo me recreaba observando el aleteo de sus faldas, el cimbreante movimiento de sus caderas y la gracia con la que su coleta azotaba el aire.
¿Se percataba de que pasaba por allí por ella, de que la esperaba en mi portal?. Estoy seguro de que ella lo sabía todo y de que todo lo comprendía. Las mujeres poseen una suerte de arcana sabiduría desde niñas, por eso me daban tanto miedo.
Regreso al concurso. No nos habíamos enfrentado aún a su equipo, y habíamos pasado a las semifinales. Por fin íbamos a encontrarnos. Esperaba con nerviosismo tener cerca a la chica de mis sueños. Sólo aspiraba a eso, pero la vida me dio un precioso regalo.
Siendo ambos capitanes, el locutor nos llamó al escenario. Llegaba el tan ansiado momento del intercambio de banderines y del apretón de manos entre capitanes. Rozaría su piel suave. Estrecharía entre mis dedos los suyos tan delicados. Mas la voz del presentador me sacó de mi trance sensitivo:
- Muchacho, siendo tan bonita la capitana, podrías darle un beso.
Ella, con las mejillas ardiendo, me miró entre las pestañas. Y yo, desdeñoso de su arrebolada modestia, dediqué toda mi atención a sus labios. Allí, delante de todos, besé por vez primera a una mujer . Tomé por sorpresa su castillo y coroné con mi bandera la torre del homenaje.
No volvimos a vernos, ni a cruzar nuestros caminos pues ella cambió de casa y, en consecuencia, de colegio. Ese chico apocado que era yo no se atrevió a buscarla y, tal vez, ella se pregunte aún por qué. Desearía que recordarse su primer beso inmortalizado en un diario y sonría como ahora lo hago yo.
Entonces, me digo:
- No es un mal comienzo cuando se desea perder la timidez.
¡Me tiene harrrta la puñetera!
Yo siento una desbordante pasión por los zapatos. Los tengo de todos los colores y , casi siempre, los llevo de tacón alto. Esas tiras finas que tatúan los pies, ¡me chiflan!
Tal vez, algún día, escriba algún cuento sobre ese tema.
Ese chico me acechó durante todo octavo. Recuerdo un día en el que se paró en una acera y me observó mientras cruzaba la calle. No era intimidante, sino halagador e inocente. Nunca nos hablamos, yo era muy tímida también. Era tan insegura que me sorprendía cuando alguien me decía algo bonito.
Después de ese beso en público, no volvimos a vernos. Fue él quien dejó el barrio, pero por necesidades de la narración he cambiado ese detalle. Es lógico cuando se novela algún recuerdo: la narración te lleva por donde quiere.
Aún puedo recordarle y , ¡tenía una retirada a R. Gallardón! Supongo que no nos reconoceríamos si nos viésemos.
Me alegra enormemente haber conectado contigo. Yo sí que vi alguna vez a mi madre, a pesar de sus contorsiones para evitarlo cuando se cambiaba. Pero mi hermano jamás la miró ni en ropa interior. Recordé a mi hermano cuando escribía sobre esto. Mi padre era un señor muy formal para esas coas ( aunque fuese un padre amoroso y alegre) y daba mucha importancia a lo que él llamaba elegancia ( no estar en casa en camiseta, ni sin ella, por ejemplo). Me educó así y yo procuro estar siempre bien vestida. Es cierto que "la patria de un hombre es su infancia" pues esas enseñanzas marcan toda nuestra vida.
Gracias por ser tan cariñoso. Me has robado el corazón, compañero.