Fui yo, el que lo consiguió todo.
Y hoy, estoy devorado bajo desahogos maternos que no existen.
Y con violencias de impuros fermentos, como en Junio,
sobre un teatro del novecientos maquillado.
En esa calma sensual que estremecen a las lágrimas fáciles,
o a la naturaleza equivocada y malsana, que me hace dudar de la muerte
ahora mismo.
Una muerte estéril. Una muerte como abstraída y mezquina,
parece absorberse y estrellarme dentro de esos ansiosos párpados.
Son azules por dentro, en angostas jaulas que oyen divorcios de siglos enteros
en el grosero deshacerse de la tarde.
Un leve chasquido rompe ya el siseo de unas voces excitadas e insinceras.
Maquillaje.
Los minutos y la luz encendida.
Buscaré a la naturaleza monástica,
y en silencio taparán los desperfectos mis ojos,
que zumbarán un amor eterno que no existe...
.
.
.
Comentarios
Has acertado, porque me encanta sobremanera este poema.
Melancólico, porque tiendo a llorar cuando lo leo.
.
.
.
Saludos.