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Homenajes a Ángel González

MeadowMeadow Anónimo s.XI
editado agosto 2008 en Mundo literario
Dos han sido los homenajes que en los últimos días se han celebrado sobre la obra y persona de Ángel González.
El primero de ellos fue en los cursos de verano en El Escorial, de la Universidad Complutense de Madrid, el jueves 17 de julio. Contó con la presencia, entre otros, de Benjamín Prado y Luis García Montero. Que leyeron alguno de sus grandes poemas, como el del vídeo que adjunto, que consiguió pasar la censura en una época en la que la palabra amor era incasta y pura. "Lugares propicios al amor".

http://benjaminprado.blogspot.com/2008/07/benjamn-prado-leyendo-ngel-gonzlez.html

Además, el pasado jueves, en Rota, se celebró un homenaje al poeta asturiano. También contó con la presencia de grandes de la literatura contemporánea, como García Montero, Caballero Bonald o el propio Benjamín Prado, Almudena Grandes...

Si os interesa el tema podéis ver fotografías y sitios vinculados con este post en

http://benjaminprado.blogspot.com/2008/07/rota-idem-sin-ngel-gonzlez.html

Comentarios

  • AnandamojiAnandamoji Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2008
    Mi recuerdo a Angel Gonzalez:

    EL INVIERNO

    El invierno
    de lunas anchas y pequeños días
    está sobre nosotros. Hace tiempo
    yo era niño y nevaba mucho,
    mucho. Lo recuerdo
    viendo a la tierra negra que reposa,
    apenas por el hielo
    de un charco iluminada.
    Es increíble: pero todo esto
    que hoy es tierra dormida bajo el frío,
    será mañana, bajo el viento,
    trigo.
    Y rojas
    amapolas. Y sarmientos...

    Sin esperanza:
    la tierra de Castilla está esperando
    -crecen los ríos-
    con convencimiento.
  • MeadowMeadow Anónimo s.XI
    editado agosto 2008
    El mejor homenaje es el recuerdo...

    Para que yo me llame Ángel González
    para que mi ser pese sobre el suelo,
    fue necesario un ancho espacio
    y un largo tiempo:
    hombres de todo mar y toda tierra,
    fértiles vientres de mujer, y cuerpos
    y más cuerpos, fundiéndose incesantes
    en otro cuerpo nuevo.
    Solsticios y equinoccios alumbraron
    con su cambiante luz, su vario cielo,
    el viaje milenario de mi carne
    trepando por los siglos y los huesos.
    De su pasaje lento y doloroso
    de su huída hasta el fin, sobreviviendo
    naufragios, aferrándose
    al último suspiro de los muertos,
    yo no soy más que el resultado, el fruto,
    lo que queda, podrido, entre los restos;
    estos que veis aquí,
    tan sólo esto:
    un escombro tenaz, que se resiste
    a su ruina, que lucha contra el viento,
    que avanza por caminos que no llevan
    a ningún sitio. El éxito
    de todos los fracasos. La enloquecida
    fuerza del desaliento...
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