La última hoja
Es imposible que olvides lo ocurrido. Los recuerdos entran en tu mente, uno tras otro, dibujando lágrimas en tus ojos.
Desde la rama más alta del árbol, distingues el roble que tiene vuestros nombres grabados, aquellos nombres escritos con piedra sobre su corteza. Aquellos nombres grabados con fuego en el corazón.
Nunca pensaste que acabarías enamorado de ella, sin embargo, sus ojos marrones te fueron conquistando poco a poco, sobre esa alfombra de hojas que anunciaba el inicio del otoño. Nunca olvidarás aquella sonrisa. Ni tampoco el día en el que te dijo aquel“te quiero”, porque tú no te atrevías.
Se va haciendo de noche. Los colibríes desaparecen y la estrellas traen consigo el canto de los búhos. La luna llena resplandece en el cielo oscuro, mientras un viento frío te da en la cara, trayéndote de vuelta a la realidad. Una realidad en la que ella no está.
Ya no habrá más besos. Ya no habrá más noches en las que vuestros cuerpos se junten hasta formar uno solo.
Con vergüenza y desprecio hacia ti mismo recuerdas aquel día.
No sabías que cuatro de tus amigos aparecerían en aquel momento. Negaste una y otra vez que no la conocías, que preferirías estar muerto antes de ser rozado por una mano como aquella. Preferirías estar muerto antes que ser rozado por una mano judía.
No tuviste valor de mirar atrás mientras marchabas. El sonido de sus gritos y las risas de tus compañeros mientras rasgaban su ropa hicieron que comenzaras a correr. Pero un disparo hizo que frenaras en seco, el mismo disparo encargado de callar aquellos gritos.
Nunca sabrás que aquella tarde ella tenía algo muy importante que decirte. Ni tampoco sabrás que aquella tarde fueron dos vidas las que se marchitaron. Pero ya daba igual.
Desde la rama más alta del árbol ves como la última hoja del otoño cae al suelo. Con un último saludo al
Führer, das un paso hacia delante. El viento te da en la cara mientras tu cuerpo se precipita al vacío. La caricia del aire, despeinándote durante tu caída, te recuerdas el tacto de las manos que amabas. Por un momento, tu en tu cara asoma una pequeña sonrisa. Por un momento, te sientes libre... hasta que notas la cuerda tensándose sobre tu cuello.
Comentarios
Lo que mencionas se me escapó totalmente. Si se puede lo edito ahora mismo.
Muchas gracias y un abrazo para ti también.