Nos has dado guerras y dermatitis
y canales teletienda
para distraernos del huracán.
Tenemos guitarras de doce cuerdas,
animales amaestrados
y dos magníficas manos para masturbarnos.
Tenemos cine mudo
(que nadie te pidió, por cierto)
y trenes en miniatura
para que los alemanes maten el tiempo.
Está el ping-pong y los abrazos.
Los impagos y la orfebrería,
la altanería,
la lencería,
la fanfarronería.
Los neutrones y el yogur.
Cierto.
Tenemos posrock
y virgencitas que se iluminan.
Envases con dolor de tres sabores
y pinos de navidad que se pliegan
tanto o más
que nuestra dignidad.
Tenemos de todo.
Tetas en la espalda, diría yo.
Pero señor, oh señor, gracias
por lo de la piel opaca.
Después de todo
sería terrible
levantarse y comprobar:
Músculos,
sangre jugando a Le Mans
y el corazón como una zapatilla vieja
que un mago homófobo
convierte en una paloma.
¿Quién tendría el valor
suficiente
para lavarse los dientes
frente a un espejo
o
no sé,
cortar
una simple
rodaja
de sandía?
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Saludos
Lena