Luego está el asunto de las fibras:
Veranos acrílicos escuchando a una solterona
que se quejaba de falta de amor,
canción tras canción.
Echaba chispas como un pijama nuevo,
barato bajo las sábanas.
La única defensa era soplar por la pajita del granizado,
dirección la luna
o correr a la playa y enfrentarse al mar.
Yo no soy esa, decían los altavoces bañados por esos focos verdes
que nunca más he vuelto a ver, ¿quién eres tú, entonces?
La solterona de voz ginebresca no sabía que esa noche
yo tendría la prueba de la vida extraterrestre:
Luces rojas y azules girando en circunferencia
a la distancia de tres dedos míos del horizonte.
Una resistencia eléctrica se encendió
en medio de mi sangre.
La puta música seguía dale que dale.
Justo
por aquella época
las respectivas epidermis de mis padres
eran la piel de un tambor
que el tiempo tocaba para desquiciarme.
Comentarios
Fue un gusto leerte.
Saludos