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El conscripto nuevo

KikeKike Juan Boscán s.XVI
editado marzo 2013 en Narrativa
Hola, les dejo algo, que ya hace mucho no publicaba nada por aquí. Espero les guste.

Saludos.:D



El conscripto nuevo


-¡Quién contagió la risa?- gritó fúrico el Mayor.
-Fue González, yo lo vi.
-Qué González ni qué nada. ¡A las rejas, Ruíz!


Lo vi aceptando el castigo de alguien más. Ruíz, el elemento más serio y frío funcionando como un chivo expiatorio; sin siquiera cuestionar el autoritarismo del Mayor Rivera, llegó al calabozo para vivir allí por al menos una semana, por algo que fue gracia mía, o desgracia para él.
El calabozo tiene una fama de desaparecer a los conscriptos. Se dice que se vuelven locos y los tienen que mandar a un hospital psiquiátrico para evitar que causen más desaguisados. Esto había pasado a las setecientas horas. Para las mil quinientas, ya tenían a mi pelotón formado; el Coronel de División parado frente a nosotros pidiendo nombres y llevándose a no sé dónde a quienes no podían responder. Por desgracia, nadie de los interrogados supo qué decir a ciencia cierta.
La formación estaba ya deshecha y el silencio inundaba los espacios que quedaban entre mis compañeros.
“Rompan filas” y todos nos retiramos a continuar con nuestras labores cotidianas.
A las mil ochocientas, pensamos que estábamos bajo ataque; pudimos escuchar varios disparos desde el patio trasero.


La culpa me corrompía; Ruíz, Bernal, Manríquez, Vargas, todos ellos quién sabe dónde por culpa mía; tenía que saber lo que había pasado con ellos. Tuve que esperar hasta ya entrada la noche cuando la guardia podía tener, al menos, una diminuta brecha.
A las docientas horas me dirijí al calabozo. Afortunadamente no había guardia. Entré al edificio y me encontré en un pasillo con varias puertas a los lados y una justo enfrente de mí, hasta el fondo. Por las rejillas de la última puerta se alcanzaba a escapar el sonido de algún movimiento. Los había encontrado...
Cuando llegué a esa puerta, la abrí sin titubear, entonces fue cuando un collar de colmillos me abrazó fuertemente por la yugular.


En mi tumba, que está justo afuera de la parte delantera del calabozo, se puede leer el epitafio “Recorrió el camino y nunca sospechó lo que ahí encontraría”.
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