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el texto literario

Universidad Autónoma De Sinaloa

Preparatoria Rubén Jaramillo

Materia: Literatura II

Profesora: Emma Cointa

Alumno: Christian Eduardo López Martínez

Actividad de autoevaluación:
Elabora un texto expositivo de 800 palabras.


Tema abordado: El Texto Literario
Toda obra de arte tiene su propio medio de expresión, la literatura se vale de la palabra. Por ello, el lenguaje de la literatura es independiente del lenguaje común y este se halla ligado al marco de la historia, repartido en la casuística de autores, obras, escuelas o épocas. Asi, el escritor, autor o artista se hace uso del lenguaje literario a partir de su propio léxico y gramática. Valiéndose del lenguaje <<estándar>>, pone en tensión sus posibilidades o ara implicar y llenar de connotaciones subjetivas a la obra literaria. El lenguaje literario es, básicamente, la lengua escrita estándar en la que se introducen palabras poco usuales (cultismos, voces inusitadas, extranjerismos, arcaísmos, etc.) y que se someten normalmente a una voluntad de forma. Por una parte, tiene muchos rasgos que lo acercan a la lengua escrita culta; pero por otra, es frecuente que aparezcan en él giros coloquiales y hasta vulgares, para producir ciertos efectos.
El lenguaje literario se ve durante la vida cotidiana pues desde que somos pequeños no enseñan a usarlo empezando por entenderlo de manera de lectura hasta poder escribirlo nosotros mismos en mi localidad es demasiado grande ha vemos miles de personas que usan el lenguaje literario de manera diferentes pero la manera en la que más se usa es por los jóvenes atravesé de las redes sociales de internet. En la literatura suele emplearse el idioma para llamar la atención sobre sí mismo, sobre cómo están dichas las cosas. El escritor debe producir extrañeza y ha de usar, con ese fin, los artificios adecuados. Aunque no por literarios estos recursos han de ser muy raros o chocantes. El texto literario funciona como un acto de comunicación que posee las siguientes características:
Es resultado de una creación que el autor destina a que perdure y se conserve exactamente con la misma forma original.
La comunicación que la obra literaria establece con el lector y oyente es unilateral, porque el mensaje no puede recibir respuesta inmediata del receptor.
La obra no se dirige a un destinatario concreto, sino a receptores desconocidos, muchos o pocos, actuales o futuros (receptor universal).
El lector u oyente no establece relación directa con el autor, sino sólo con el mensaje, con su obra (comunicación diferida). Y ello, cuando él lo desea. De esa manera, la iniciativa del contacto comunicativo corresponde al receptor.
La comunicación literaria es desinteresada, no tiene una finalidad práctica inmediata. Por el contrario, posee una naturaleza estética, es decir, pretende producir las reacciones que en el ánimo suscita lo bello. Sin dejar de ser cierto lo anterior, no lo es menos que muchos autores escriben literatura para favorecer una determinada causa, para promover un cambio en la sociedad, para denunciar una situación.
El estilo es, lo que convierte en literario un texto, en especial cuando lo que se cuenta no contiene algo que impresione por sí mismo; es un tratamiento de belleza que recibe el lenguaje y que incrementa mediante la función del lenguaje conocida como función poética, estudiada por Roman Jakobson, la cohesión textual incrementando su belleza, concepto estudiado por la disciplina denominada estética. Ese tratamiento de belleza convierte al mensaje literario en algo perdurable y sólido a través del tiempo y facilita su aprendizaje, mientras que la lengua de uso, cuyo cometido es fundamentalmente pragmático, desvanece su forma y su contenido al mismo tiempo que es usado y no perdura más allá de la función pragmática con que fue creado. De ahí que los refranes, las canciones, las coplas y las palabras literarias, sometidas a un proceso de estilización, perduren por su belleza en la memoria colectiva durante siglos, mientras que creaciones sin intención estética han perecido.
RASGOS DIFERENCIALES: El límite que separa al lenguaje literario de otros tipos de lenguaje es muy difuso. Muchos escritos de carácter periodístico o científico pueden ser considerados como verdaderas piezas literarias.

La extensión de un texto literario no es un rasgo distintivo, puesto que es muy variable, desde un par de versos hasta cientos y millares de páginas.

Así pues, el texto literario posee unas características internas sumamente peculiares pero, a la vez, difíciles de aislar. Comparte un buen número de ellas con otras clases de textos: la plegaria, el mensaje publicitario, el eslogan, el conjuro, el texto periodístico, etc.

Carácter desinteresado: Quizá el rasgo más diferencial sea su carácter desinteresado. Desinteresado en cuanto a la comunicación en sí misma, no por lo que se refiere a la remuneración que el autor pueda obtener a cambio de lo escrito. El texto literario no tiene una finalidad práctica inmediata.

Final Previsto: A diferencia de lo que ocurre en la comunicación ordinaria (la conversación entre dos interlocutores), el texto literario posee un final previsto por el autor. La extensión del texto dependerá del género elegido, pero siempre fluctuará dentro de unos límites aproximados. El cierre es, pues, otra de sus características diferenciales.

Artificios Lingüísticos: Cuanto más estricta sea la exigencia del cierre, mayores efectos suele provocar en el lenguaje de la obra. Los géneros en verso muestran mayores artificios lingüísticos que los géneros en prosa; pero, en general, el empleo de expresiones poco usuales: arcaísmos, neologismos, voces inusitadas y cultas, y construcciones sintácticas atípicas caracterizan a todos los géneros literarios. De estos artificios lingüísticos trataremos con más detalle en el apartado Recursos literarios.

Polisemia: El texto literario se presta a múltiples interpretaciones o lecturas; en teoría, a tantas como lectores y oyentes. Y ello no perturba la comunicación; por el contrario, muchos lectores que muestran entusiasmo por una obra literaria no la entienden, o la comprenden de un modo deficiente y superficial. Pero la comunicación resulta satisfactoria. Esto no puede ocurrir en los mensajes ordinarios o en otros mensajes de finalidad práctica, pues daría lugar a errores que podrían ser muy graves; imaginemos lo que podría resultar de una polisemia en las señales de tráfico.



 

Comentarios

  • KarlRossmanKarlRossman Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2013
    ". El escritor debe producir extrañeza"

    Me quedo con esto. La falta de originalidad es la muerte por asfixia de un escrito.
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