Dos figuras
-Este será el diálogo más hastiado que puedas recordar, de hecho llegará la noche funesta y con pesar rememorarás las palabras de quien tanto te trastornó. ¿Cabe alguna duda de mis capacidades? ¡Oh, no quisiera sonsacarte una sonrisa con lo triste que es el asunto! ¿Escuchas la melodía en lontananza? Ellos aún viven las bacanales como si de un dios romano se tratase aquel ídolo de hierro candente.
-Celos, tirria despreciable, ¡estéril criatura!
Tenían los ojos pechos, alguna pestaña revoloteaba confusa con la brisa, teniendo en cuenta la prohibición de acto tan libertino. De espaldas al suelo, tumbados pues, dejaban que sus manos enredasen con la tierra seca que daba más frío que los hielos glaciales que otros introducían sádicamente en sus vasos de arena fundida.
-No me gusta el título de nuestra vida.
-Yo tampoco puedo comprender cómo a un autor se le ocurre tal travesura inmunda, dotar de vida personajes tan incongruentes, infelices en su perfección absurda y artística. Por más que intentemos ganarnos galardones dorados siempre caerá sobre nosotros la incapacidad, ¿aprecias la dificultad del progreso?
-En realidad deberíamos dejar de lado las reflexiones y seguir el curso esperado, mirar al cielo, abrir los párpados maltrechos, engrandecer nuestras bocas con palabras que nunca nos pertenecerán, como estas no lo hacen. Me siento perdida, figura sin alma.
-La tendrías, si otros quisieran que así fuese.
-Entonces sí, empieza con la función y mátame, a cada puñalada gritaré con furor ¡verás qué bien pintará la sangre artificial sobre los bellos ropajes de satine verde! Te espero.
Se levantó el hombre y de su indumentaria sacó la daga de lacerante resplandor, la mujer también irguió la cabeza colgante, los ojos eran tan obscuros como la orbe apagada.
-Pupila de rey sifilítico! Virgen en su oficio condenado...princesa de perdiciones de Gomorra -se rió- ¡todo esto para llamarte puta!
-Cobarde de entrañas pútridas, te falta el valor como la mansedumbre del buen caballero, tus actos responden a los de un vil bellaco, inmerecedor de esta santa unión que es el matrimonio -una mueca- ¡todo esto para llamarte cabrón!
-Oh, Clotilda, dirás ...¿a qué aburrido escritor se le ocurre impregnar de arcaísmos las mentes de jóvenes aducidos a mejor vida, sin complicación más notoria que la de elegir entre vulgaridad suprema o perversa hasta la vergüenza ajena?
-Ya ves Segismundo, que muy mal ha de estar aquel que ve en la actualidad impulso posible para la belleza de las letras. Ilusos intelectos ocupados, nosotros cargaremos con sus sueños pronto rotos.
¿Por qué?
-Para eso nos inculcaron, querida, para reproducir la repulsión misma. ¿O no lo ves en los infructuosos versos? Sigamos, verás, verás... -le da un beso en la frente, sin falacias. -¿Te atreves, viscosa mujer, a responderme con tal talante? Ha mi daga de atravesarte el corazón de ceniza nauseabunda, los mismos cuervos repudiarán tu carroña manchada por el adulterio falaz.
Le clava el arma en lo profundo de la garganta, emana el rojo chorro de vida como si de una fuente divertida e inconstante se tratase. Grandes carcajadas, ella cae al suelo.
-Me muero...apenas concibo mi ida. ¡Verás cómo yo te adoraba, cómo veneraba tu imagen pulcra sobre mi sano pecho, tan malherido ahora! ¡Argrgr! Yo te amo, Segismundo...¡yo vivía!
-Y es que lo clavas...querida, lo haces sorprendentemente bien teniendo en cuenta la ínfima calidad de la obra.
-No me hables, estoy muerta.
-Da lo mismo, nunca me ha repulsado del todo la necrofilia.
-Eres del todo asqueroso.
-Debes ser un zombie, pues respondes con menos gala y gloria que el padre de Hamlet, Hamlet.
-Utiliza la forma castellana, muerto-viviente.
-¡Qué obsesión por la corrección, chica!
-¿Aún oyes los cantos ocultos por los altavoces, bestias de sonido abrupto...?
-Sí, los percibo...nosotros también deberíamos celebrar el final del rodaje, por hoy al menos, dejar de ensayar de una vez, vivir nuestra pobre existencia impuesta por seres que nunca conoceremos.
-Realmente fastidia que nunca nos presenten a los guionistas...
-Pero...¿qué pides, querida? Aún somos jóvenes, aún somos desgraciados...
-Habla claro, Segismundo.
-Aún somos actores.
Y las figuras emprendieron su vuelta al vaso de tinta.
Comentarios
Lo único que me sigue sonando muy arcaico es el lenguaje usado. Vamos, que lo leo porque sé que es tuyo y está en el foro, porque si no, de no tratarse de una obra clásica, no leo un relato así.
Me temía un nunca deseable caso de violencia de género
Voy leyendo tus relatos, como siempre hago con la gente que llega, y veo en ti originalidad, pero tu forma de escribir me resulta poco natural; tal vez podría decir,algo libresca, como quien ha aprendido el idioma en sesudos libros; y, teniendo en cuenta que eres de origen germano,puede ser esa la causa de tu falta de naturalidad a la hora de narrar, pues en tus comentarios muestras un lenguaje sencillo y natural..
Saludos.
Tengo la impresión de que tratas de inspirarte en leyendas y hechos del pasado histórico, pero se te escapan de las manos y quedan relatos confusos y, para mí, algo pesados.
Como te dicen más arriba, trata de ser natural. No pretendas impresionar.Lo que de verdad impacta en los demás es la sencillez.
Recibe mi opinión amistosamente.
Saludos.