Es un niño común, al menos así se lo dicen mientras le tocan levemente el hombro. Los mira sonriente y sigue el ritmo del último pause en su juego. Entonces ellos se miran y desaprueban lo dicho, lo miran una vez más y contemplan la idea de comentarle a su tutor sobre ayuda profesional. Ya alejado, Pablo también luce disconforme. A sus seis años de edad no hay peor insulto que se le diga normal.
Nueve de la mañana. Los niños del primer grado forman filas a puertas de su aula. Pablo llega pausadamente, mirando aleatoriamente los otros salones y distrayendo su mirada ocasionalmente ante el tenue sol invadiendo a discreción el cielo costeño.
- ¡Pablo! ¡más deprisa!
El niño corre a vehemencia y en el impulso de un salto llega de golpe a su lugar en la fila. Sonrie a los lados y no encuentra respuesta. Sonríe un poco más.
A las dos y veinte una mujer muy bella lo espera a puertas de la escuela. Fuma un cigarrillo mientras ve como un puñado de niños la señalan y hacen bromas entre ellos. Sabe que hablan de su vestido o su maquillaje excesivo. Les enseña la lengua con disimulo, sonriendo ante su sorpresa.
- ¿Esperaste mucho mamá?
- Casi nada. Dame la mochila, se ve que es muy pesada para ti.
Las tardes de primavera son preciosas para caminar. El renacimiento es una inquietante nostalgia que ambos disfrutan, el suave viento golpeando sus rostros como caricias y el eterno silencio de los bosques cerca a casa.
- ¿Cuánto tiempo estarás conmigo?
- Es una gira regional, Pablito, tú sabes cómo es esto
- Me cago en las regiones
Le gustan los helados, principalmente de vainilla. Intenta no entristecerse por la partida de su madre cantando junto a ella una de sus canciones ( de las menos conocidas). Aún no entiende completamente la letra pero eso parece no importarle a sus agudos gritos. Salta sobre el columpio sabiendo consciente que eso ocasionará una simple carcajada de su irremplazable compañera.
- Por cosas como estas no tienes muchos amigos... ¿quieres ser como tu madre?
- ¡Sí!
Daria cambia de semblante y siente que está haciendo mal las cosas. Enciende otro cigarrillo pensando una vez más que el futuro de Pablo pudiese estar al lado de su padre. Una persona tan importante para la industria musical que no puede darse el lujo de ser músico. Que dejo a la chamarra y su esposa con el mismo espíritu : eso que llaman "desarrollo".
- No pienses mas en él mamá
- ... no lo estoy haciendo. Ven, vamos a los botes
Pablo sabe a lo que se refiere con esa frase. Ir a los botes no es necesariamente subirse a uno de ellos. Lo que su madre siempre quiere decir con ese enunciado es acercarse al pequeño arbusto posterior a la laguna y tirarse sobre el césped ante el abierto cielo. Así lo hacen.
- Daria quiero que leas lo que he escrito ayer
- Muy bien Sr. Pablo lo haré llegando a casa. Le advierto que hoy no seré nada compasiva.
- No me importa
- Ok. Ahora cierra los ojitos e imagina que se te cumple un deseo
- ¿pueden ser dos?
- (sonríe) bueno dos
- Perfecto
- ¿y cuales son?
- Irme contigo y no regresar más
Comentarios
Se empieza a leer y no te das cuentas de que has terminado, hasta que lees la última palabra.
Envuelve al lector y eso siempre es bueno.Un saludo desde el sur.