La realidad es correosa, es como esas barras de pan que metes en una bolsa de plástico varias horas en un apartamento de playa: la sensación en el paladar es la misma. Hay un diapasón que rige su mecanismo, un señor pequeño y aburrido que marca sus movimientos, una rana disecada en el estante de una habitación cerrada. La realidad es así. Tiene la memoria justa para no olvidarse nunca de nada. Reconoce tus bostezos, el ardor súbito de un jugo que recorre tu esófago, el picor de unas zapatillas nuevas, el mareo, el sabor metálico de la gota de sangre que succionas en la herida de tu hijo, la sombra cobriza de los primeros anuncios de la navidad, el olor de las flores que se pudren en la basura, una llaga, la marca que dejan los elásticos de algunos pijamas nuevos, la grasa en el suelo, la manivela del toldo que chirría, los párpados, los cosméticos, las mentiras, las tiendas anticuadas. La realidad no se cansa. Tiene catorce piernas con millones de músculos que seguirán funcionando cuando ninguno de nosotros estemos ya aquí.
Comentarios
Excelente descripción de algo tan dificil de explicar.
un abrazo,