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"La aguja dorada y la daga pensante" -VICTOR VIRGÓS-

BLADERUNNERBLADERUNNER Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado mayo 2012 en Fantástica

"LA AGUJA DORADA Y LA DAGA PENSANTE" -VÍCTOR VIRGÓS-

Un ténue rayo de luz, como un tentáculo viajero y explorador de la Luna, escindió las tinieblas que engullían con famélica fruición el castillo medieval de Lady Mariam.

Las sombras, acostumbradas al cobijo abrazador del vacío, el silencio y la ausencia de amaneceres, huyeron arredradas hacia los lóbregos túneles y galerías subterráneas, donde habitaban longevos hechiceros, druidas, elfos, hadas y engendros demoníacos de una era ajada y raída por el olvido y el desgaste de la memoria.

Lady Mariam, estupefacta, trémula, turbada por el singular fenómeno esotérico, se irguió en su suntuoso trono de rubíes, zafiros y gemas de refulgencias extinguidas y contempló extasiada el desconocido torrente lumínico, que irradiaba su abúlico fulgor sobre el bicolor suelo de losas blancas y negras que emulaban el tablero de un ajedrez, donde la luz comenzaba a derrotar al batallón sempiterno de las sombras...

Contempló las cegadas ventanas ojivales de su castillo y avanzó hacia la impenetrable noche.

A través de los cristales enmudecidos se filtraban jirones deslavazados del exterior, remozado y esperanzador, renaciente, en una tierra ensangrentada y degollada por las huestes luciferinas e inmisericordes de los vampiros.
El ulular de las demoníacas aves carroñeras había cesado, huían hacia las añosas cúspides humeantes de las montañas, que comenzaban a recuperar sus tonalidades esmeraldinas.

19 cascadas gemelas vertían hídricos llantos de victoria y euforia por sus anfractuosas laderas, magulladas y holladas por las botas de millones de depravadas criaturas vampíricas al servicio del inicuo Zepheus...

Las nubes decoraban sus gibas algodonosas y etéreas con sedosas gasas de colores rosados, asalmonados y ambarinos.


UN ÁNGEL DE LA LUZ DESTIERRA A UN DEMONÍACO ESBIRRO DE ZEPHEUS EN TIERRA DE VAMPIROS.

Lady Mariam comenzó a sollozar de manera inconsolable.

Sus lágrimas tallaron y cincelaron meandros y riachuelos en sus mejillas ebúrneas, resbalando sobre una dermis inmaculada y nívea que jamás había visto la luz del sol alumbrando los campos de amapolas que se extendían hasta el infinito, ahora convertidos en eriales desoladores donde inmensas fumarolas equiparaban la ira vesánica de los vampiros a las órdenes del protervo Zepheus.

Un ángel de la luz desterraba a un colosal esbirros de Zepheus mientras un nutrido batallón de gárgolas incendiaba los campos con destellos de vida en forma de rocío renovador...

Sus escamas plateadas caían desprendidas sobre aquellos páramos fantasmagóricos para mudar su fisonomía cadavérica...

Entonces, Lady Mariam recordó las historias que le llegaban del exterior: "Morgana Fairchild, la cazavampiros, se decía, había logrado acabar con el execrable Zepheus por medio de la espada de Hera".

Se narraban historias épicas sobre su arrojo, su belleza y su destreza en el campo de batalla..."

Se narraban historias acerca de sus lides incesantes con los vampiros, como los había derrotado, uno a uno, condenándolos al ostracismo, liberando las tierras del dominio despótico e infrahumano de los vampiros...

Lady Mariam observó cómo reculaban las penumbras y abandonaban su castillo para dar la bienvenida a los emisarios de un nuevo amanecer, donde las sombras serían contornos difusos de la alegría y la esperanza...

Entonces recordó aquel viejo arcón, donde su familia, durante cientos de generaciones, había custodiado"La Daga Pensante", una reliquia fabulosa que con su acerado filo cortante podía sajar las vestiduras de la oscuridad para que penetraran a borbotones cascadas de luz provinientes del mismo cielo.

La Daga Pensante podía elucidar la manera de desterrar la iniquidad y sembrar en su lugar brotes de dicha y paz entre los hombres.

A toda velocidad atravesó un arco de medio punto y llegó hasta una sala donde un ángel de piedra protegía aquella ofrenda legendaria.

Se postró ante la lítica imagen y oró por todos los desaparecidos. Elevó sus plegarias para loar y bendecir el nombre de Morgana, la cazavampiros.

Con la Daga Pensante erradicaría la vileza del corazón de los hombres... Y con La Aguja Dorada hilvanaría las costuras "destejidas" del tiempo perdido para bordar un nuevo patrón, donde la alegría sería la luz que alumbraría el universo hasta el fin de sus días...



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