Entre griterío y espuma, caras diferentes y cerveza; la gente se reúne observa, optimistas o pesimistas, la orientación del país. En un rinconcito del bar, cerveza en mano y mocosa sonrisa está Ochoa, a su lado Marcos, cerveza y cara punzante, y sentados y reclinados beben y fuman y ven televisión, telenovela, de esas típicas en ese país a ese horario.
-Odio las telenovelas –dice Marcos-, tienen algo de fatalidad precaria que me da náuseas.
-Son puro romanticismo barato.
Y siguen viendo, aunque las odian, y fuman largamente luego pausan embelesados en la reflexión, sorben cerveza, retuercen humo a punta de bocanada, se miran como buscando en el otro una certidumbre ajena a ellos, inexistente. Ochoa dice:
-Bueno, es mejor que las interminables cadenas. Qué suerte que terminarán pronto las cadenas, con la salida del presidente.
-No creo –dice-, te digo que hará trampa para ser reelegido, no dejo de creerlo. ¿Por qué andaría tan confiado? El puto prepara la trampa, no lo dudes.
-Quizás –se encoge de hombros- pero no puedes asegurarlo. El Gobierno es falso, con su socialismo hipócrita. Sin embargo, si pierde, y el candidato ganador resulta hábil, el porvenir será más esperanzador.
-Tampoco, ¿de veras podemos progresar así como así? La situación no está fácil, y aunque gane, y sea hábil, en algún momento nos estancaremos.
Y así van, palo y palo; charlando cuando el silencio empezaba a tronar, y la telenovela se rosaba demasiado, y los frágiles pedazos de tiempo confundían con el espacio velado, se tornaba gris, ceniza, rastros fuego esparcido como en goterones, y el exclamar tontería es lo único que calma sed, entonces hablaban, y buscaban en el potro el trazo ajeno, fragmento de esperanza, pero nada…
-Es la posibilidad de volver a empezar, un reinicio –dice.
Tierno y Gilberto perdidos en la pelusa de gentes, fragor de voces con golpazos de cerveza, música fuerte de la radio y los ajetreados barman, cervezas ambos, bebiendo y cesando para fluir conversación y escarbar y encontrar el hombro dador de coraje, que retorna las energías para mantenerse en pie; bocas susurrantes y ojos apagados y encendidos, al azar.
-¿No? Vamos, deja las pendejadas, ¡despierta! Hombre –dice Tierno.
Gilberto hace un sonido parecido a un relincho, se rasca los ojos y bosteza, y mira torpemente a Tierno, que lo hostiga con la mirada juvenil, y ambos ven un deseo y carencia en el otro, entre olores a ebrios y sabores amargos, tragos perfumados y el viaje mental.
-Ajá, sí, sí, somos héroes que cambiaremos el país –dice Gilberto-, por favor, deja tú las pendejadas. ¿Reinicio? Es posible, sí, pero en medida baja, el analfabetismo e imbecilidad son muy altos, y para que salgamos de la Edad de Piedra necesitamos un milagro.
-Un nuevo período se acerca, más luminoso. Y tu pesimismo sólo empaña un poco ese futuro.
La bebida afloja la lengua, y torrentes de broma salen sin cuidado, y montones de seres juntos y separados ríen y lloran y sufren y caminan, medio contentos del casi realizado sueño. Pero, ¿acaso sería la salida del estancamiento? En el aire bullía el miedo, ¿qué era qué?
-Va a perder las elecciones –dice Tierno-, sin duda. La Oposición es superior, y el partido socialista se ve débil. Él procura mostrarse tranquilo, pero es obvio que anda cagado. Aunque, digamos una hipótesis, que gana: entonces nos caería encima un yugo dictatorial, uno fuerte, y ese sería astuto y cambiaría la Constitución a su conveniencia; si eso pasa estamos jodidos.
-Especialmente nosotros, porque la libertad de prensa se vería aprisionada, desbaratada, y nos quedaríamos pobres y sin intentáramos oponernos acabaríamos como presos políticos. Eso sí sería un infierno…
Ochoa terminó la cerveza, y dice que debe irse, que la labor periodística lo espera, y entre risas y gorjeos borrachos se aleja trastabillando con los ojos colorados y mientras Marcos lo ve marcharse, como si el pedazo ajeno, esa esperanza cantarina que vuela y nada, se fuese dejando manchas de nostalgia prematura, color esperma. Afirma pesadamente, vistazo al televisor: empezará una cadena, lo anuncian. Da otro trago y suspira y ve por el televisor otra de sus eternas cadenas.
Venezuela, 18 de julio de 2012.
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