Bárbara, La Hija del Bárbaro
Típico encuentro, en alguna mazmorra, de las muchas que se encuentran, en las antiguas tierras de los nigromantes. Ahora propiedad de los bárbaros que tomaron las tierras a punta de espada, lanza, jabalina, hacha, garrote y cualquier cosa que se les ocurra que pueda destrozar, desgarrar órganos, carne, huesos y cerebros que alfombraron la devastadora conquista, exterminadora de todo, cualquier, débil, levantador de esqueletos del suelo o flacuchento lanzador de sortilegios.
La noche sin luna, como todas las noches de mis historias, nos oculta y las estrellas, naturalmente, testiguas de nuestro secreto, hacen propiciatorias tus caricias y tus besos.
Finges ignorar, mala, muy mala, pésima actriz, que trascenderás a la historia por estar envuelta entre las letras del mas delicioso, poco humilde, bardo músico-escritor y en una más de sus tela-arácnidas historietas romántico-lujuriosas, con la inmortalidad de su élfica presencia ya mística, por los favores de los dioses, ante el embelesamiento obnubila -torio de su sublime-majestuosa interpretación de la cítara.
Te encuentras sola esperándome. Una sencilla lámpara, de aceite, te alumbra en algún recóndito rincón de la mazmorra. Vistes tus más delicadas-finas ropas de seda y tu doble espectral encubre la ausencia tuya en el campamento de tu padre. Y él, necesariamente, el jefe de los bávaros, para que me excite más el descabellado encuentro con la hija de un bárbaro salvaje que me podría partir a la mitad, o aunque sea intentarlo, descansa plácido.
Después de trece mil años y seiscientos catorce mil cuatrocientos amores, que sería exactamente un amor por fin de semana, desde mi madurez, que fue a los doscientos años, eres la más bella, perfecta y dulce de todas ellas, cada una grabada en mi memoria. Lo que me recuerda a Asodia, aquella hermosa discípula de Dragón que ame hace tres mil quinientos cuarenta y ocho años. No, no me acuerdo el tiempo, esta todo anotado en “El Libro de Mis Mil Amores”. Algún día dejaré, de forma voluntaria, de vivir para pasar a la forma superior de existencia, de la cual venimos y a la cual vamos, y deseo que quede un testimonio de mi puño y letra redactando un poco de historia del amante que tuvieron cientos de miles de mujeres a lo largo de miles de años, yo.
Recordando y regresando a Asodia, que nada tiene que ver contigo, que me esperas en la mazmorra con la lámpara de aceite a veinte minutos de apagarse, si, se cuanto tiempo falta para apagarse, eh aprendido conjuros de adivinación extraordinarios, y yo eh esperado dos mil años para encontrarte, no tienes idea de la trascendencia de tu paso en la historia mas allá de mi irrelevante aventurilla. Ah, pero Asodia, que hermosa era, discípula de dragón rojo, su piel ya tenía pequeñísimas y sensuales escamas de color rosa, su cabello rojizo como no hubo otro en mi libro y, sus ojos violetas, antes azules, eran impresionaste. El problema era su maestro, el escupe fuego rojo, yo le avise en broma, “no me molestes, tu escupes fuego, pero yo en el desayuno escupo huesos de dragón” supongo que no le agrado mi sinceridad. Porque poco segundos tardo en atacarme, y todo porque no quería que yo este con Asodia, “capricho de viejos le dije a Asodia, que no se preocupara, que ya se le iba a pasar y que ella iba a ser una gran discípula de dragón” y lo fue, pero de dragón negro, tuvo que cambiar de maestro, claro, los huesos nunca han podido y nunca podrán enseñar a nadie, así sea yo el que los escupa.
Tu, mientras, esperas, me doy prisa, la lámpara de aceite se apaga en tres, dos, un chispazo y yo aparezco tras una cortina de luz, te llamo, te levantas, caminas hacia la cortina y, tomados de la mano, viajamos entre millones de estrellas fugaces hacia el fin del mundo, hablando de tiempo, no de espacio, cuando el tiempo se termino y empezó a transcurrir la inexistencia, el plano superior se unió al inferior y todos pueden viajar indistintamente entre planos disfrutando de la atemporalidad existencial. A este poder lo espere mil años, y su llegada coincide justo con el encuentro contigo, pero solo se puede usar cada decena de años luz. Lo que te hace tan especial, porque combinado con un poder que tienes, oculto hasta para ti misma, podrás navegar entre planos a voluntad. Pero antes tiene que ser encendido, ¿cómo? El amor, sino ¿yo que hago acá? aparte de aprovechar las circunstancias. Tú posees un don de hechicería que nunca se activo, porque es la primera vez que existo yo en este tiempo exacto y poseo este poder de manera sincronizada. Ahora solo espero que compartas tu don conmigo, y si me amas, lo harás, y si no, sin amor tampoco lo podrás activar y toda mi espera quedará en vano, aparte de que el viaje tendría efectos catastróficos, para mí, me convertiría en un perro, si, en un perro, no sé porque, pero esa sería la consecuencia colateral. Regresamos al campamento de tu padre y mañana cuando despiertes y nos encontremos de nuevo, verificaremos si pudimos activar el poder.
Finalmente descubro que Asodia fue mi gran amor, mientras lamento no haberme transforma en un liche, para vivir de forma inmortal, junto a ella. Wof wof.
Comentarios
gracias por el comentario Amparo, saludos atentos.