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La averia.

LARSENLARSEN Pedro Abad s.XII
editado julio 2008 en Erótica
Solo contaba diecinueve años, era moreno y delgado. Vovía en el coche hacia casa, detrás la caja de herramientas, azul desgastada. Sonó el móvil. Aparcó en la cuneta.
-¿Si, ahora?, pero no puede ser. Si estoy llegando...Tanta agua,...estoy en unos minutos, si señora. ¡Joder!
Poco después. Ding-dong.
-¿Qué ha pasado?, ¿ha cortado el agua?
-Si, pasa, pasa. La mujer de unos cuarenta, rubia, con la boca roja como una fresa, gordita y un vestido muy corto que le dejaba ver el pubis negro. Se dió la vuelta y lo condujo al cuarto de baño.
El la siguió tenso, pero no pudo evitar el apretón del vaquero. Vió el charco debajo del lavabo, agua clara y se arrodilló para verificar la procedencia. No pudo evitar levantar la mirada hacia aquella negrura que lo miraba desde la puerta. Empezó a sudar en aquel sitio estrecho, húmedo e iluminado. Abrió la caja y sacó una llave de grifa, mientras manipulaba el racor del sumidero ella se puso en cuclillas sin decir nada y cogió un destornillador de mango grueso, cuando volví a mirar a hurtadillas se lo estaba introduciendo hasta dentro, despacio, dentro y fuera, dentro y fuera sin decir nada. Se quedó como tonto mirando, mientras ella soltó la herramienta empotrada y con las manos libres se deshizo del vestido de flores por encima de la cabeza y le dijo.
-Sacamelo, niño. El solo acerto a responder.
-¿Qué? Ella lo empujó y él quedó tendido en el suelo mojado. Ella dió un paso hacia delante y se puso de pié a horcajadas encima del muchacho con la punta metálica sobresaliendo de la vulva espumosa
-Sácamelo. Con la mano derecha mojada cogió el instrumento y lo sacó lentmente, lo puso en el suelo.
-Desabrochate, niño. El sacó su miembro que iba a estallar. Ella se agachó y se lo introdujo glotonamente, El chico le frotaba los pezones negros como bellotas. Ella se acostó más y le metió la lengua en los labios. El le abrió las nalgas y ella empezó a cabalgar como una amazona hasta que se deshizo en un río espeso. El estalló callado sujetándose a su cuello.
-Ya, ya, niño, ya... Se levantó con pesar y desde arriba le sonrió con hermosura.
-Ahora tengo que salir, cuando termines cierra la puerta. Gracias por el trabajo.
El, cuando salió de aquella casa, ya anochecido, no lo podía creer. Estaba muy cansado pero una sonrisa iluminó su cara.

Comentarios

  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2008
    Vaya plomero!!...o mejor dicho Vaya clienta tiene el plomero...!!!seguro le costo mucho concentrarse para arreglar el grifo...?descubrio de donde venia el agua...?

    Podria ser la mujer no?...un simple juego de pareja.


    un abrazo,
  • pilarlozanosalaspilarlozanosalas Pedro Abad s.XII
    editado julio 2008
    uhmmm..
    no me gusto mucho...
    salvo por las dos últimas lineas....

    Eso de "una sonrisa luminó su cara"

    dice más y cuenta más que el mismo trexto en si...
    sigue asi
    :p
    besos
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