Algunas palabras antes de morir
¿Que decir de mi existencia? ¿De todo aquello que sucede y no podemos explicar, de esas cosas que se ocultan en la oscuridad y hunden nuestra alma en sombríos abismos? Hieren nuestro espíritu. Lo sacuden, lo hacen tambalear. Tienden su tenebroso manto sobre nuestras pupilas, y nos condenan a ver dolor, sufrimiento. Caen sobre nuestra espalda con todo el peso del universo, y hacen que caminar el camino sea aun más difícil.
Nos quitan lo que tenemos. Arrebatan de nuestras manos aquello que tanto amamos, y que no queremos perder.
Nos golpean tan fuerte en el corazón que ya no le tememos a la muerte, sino a la vida. Y es entonces cuando ya no amanece. El Sol se torno blanco. Pálido. La noche lo envuelve, y se extiende sobre el crepúsculo sojuzgándolo todo.
Sentimos frío. Pero comprendemos que ya nada puede fundir nuestra helada sangre.
Las lágrimas se desprenden de nuestros ojos. Caen sobre el suelo y nos recuerdan lo que tuvimos, lo poco que tenemos, y lo que anhelamos tener y nunca tendremos.
¿A dónde se fueron todos? Solo se fueron. Estamos solos; sin alguien con quien reír, con quien llorar. Sin alguien a quien abrazar. Sin alguien a quien besar. Sin alguien. Debemos enfrentar solitarios el final.
Deseamos irnos. Escapar a algún lugar. Un lugar en donde respirar no sea tan difícil. Pero nadie puede decidir por nosotros. Cada uno decide embarcarse o no. El viaje es largo. ¿A dónde llegaremos? ¿Cómo saberlo, si aquel que fue nunca volvió? Y entonces pensamos: ¿por qué arriesgarnos? Y luego decimos: ¿por qué no? Y de pronto surca nuestra mente una veloz ráfaga de pensamientos. Todos se fueron pero, ¿será acaso mi culpa? ¿Habré sido yo mismo quien los alejo? ¿Qué ocurrirá entonces si los abandono nuevamente? Y rápidamente respondemos: les haré un favor.
Levamos anclas y tomamos bien fuerte el timón. No escuchamos ruido alguno. El agua esta quieta. Damos media vuelta y apreciamos, con un raro sentimiento de nostalgia, las estancias que abandonamos, ahora envueltas en olvido y niebla. Volvemos la vista hacia delante, y nada vemos. El horizonte apenas se distingue. Nuestros parpados comienzan a ceder. Soltamos el timón y nos dejamos llevar…pero, ¿a dónde?
Comentarios
No lo sé. Escribí lo que surgía en ese momento. Fue mas un desahogo personal que otra cosa.