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La Última mentira

MoniqueCortazarMoniqueCortazar Gonzalo de Berceo s.XIII
editado enero 2012 en Narrativa
Hoy volví a mentir. Llevo anotadas todas y cada una de mis mentiras y en lo que va del año registré ciento treinta y dos.
Al principio aclaraba: “Hoy volví a mentir…” pero pronto me di cuenta que se estaba transformando en un diario íntimo y no era la idea.
Esa es una, porque cuando mamá me pregunta qué hago todo el día anotando cosas, le respondo que escribo en mi diario y como sabe que mis amigas tienen ese hábito, se queda tranquila y no vuelve a preguntar.
Yo no me llevo bien con los diarios íntimos porque no encuentro cosas importantes para anotar y me parece cosas de niñas aburridas. Por eso reemplacé el “Hoy volví a mentir” por el número de mentira y así es que se transformó en una lista que espero me sirva para algo.
Con la de hoy empecé una nueva libreta y estuve pensando que me convendría tener al menos tres: una para cada tipo, así me olvido del sistema de colores que estoy usando ahora, que es tan enojoso y que me obliga a pedirle crayones a mi hermano con la excusa de hacer las tareas atrasadas y es una mentira más y tengo que cambiar de color otra vez.
Desde que comencé no he parado, no me he salteado ninguna y ya no se cómo tengo tiempo para tanta mentira si me la paso casi el día entero anotando, confinada en el escritorio de papá.
Ciento treinta y dos con la de esta mañana que me preocupa le abra paso a un nuevo nivel de engaños, más peligrosos e innecesarios. Y no digo que no me divierta, es que muchas veces me pregunto porqué me enredo tan fácilmente, pudiendo decir No en lugar de Sí, y adiós libretas y me dedico a mis otras cosas.
Ciento treinta y dos resulta del conteo que hice hasta la mañana de hoy, catorce de enero. Casi diez mentiras por día y tengo que releer para entender cómo es posible mentir tanto en tan poco tiempo.
Pero leo y descubro que la mayoría son inevitables, como cuando le digo a mamá que los quiero a los dos por igual o como cuando Daniela y Marisol me obligan a mentir cada vez que me preguntan en secreto quién es mi mejor amiga. Las imagino corriendo tras sus diarios, contentas por creerse la mejor y un poco me río.
No las culpo; ni a ellas ni a mamá, porque esas son mentiras azules y de esas no tengo muchas. Las azules son más bien mentiras blancas pero con las verdes me parece que se me está yendo un poco la mano porque verdes son las mentiras negras, aunque no sé si lo contrario a blanco es negro en cuanto a la clasificación de las mentiras. ¿O será rojo?
La de hoy fue verde. Grande. Enorme.
Ni bien consiga las libretas, me olvido de los crayones y escribo todo con azul, que me mejora la letra y por otro lado, es el color de la pluma que Padre guarda celosamente en el cajón de su escritorio.
“Jamás la he visto Padre, no sé de qué me habla”, le digo cada vez que me obliga a contestarle y en seguida corro, y a escondidas, vuelvo a usarla para agregar la mentira a mi libreta y medito si al tomar esa pluma como cómplice de mis embustes no estoy redoblando el engaño.
Tal vez me convenga anticiparme y anotarla en ese momento; antes que Padre se plante en la columna que separa ambas bibliotecas y vuelva a interrogarme, con su inspección de juez que no puede eludir ni cuando duerme.
Padre me dice que no la use, que la guarda para cuando yo me reciba de abogada, pero no sé si quiero serlo. Me parece bastante aburrido y los que conozco son puro manyaorejas que no hacen otra cosa que adular a Padre, que dice que no y también miente, porque se le nota que se deleita cada vez que oye el “Excelentísimo” o “Su señoría” y un poco menos cuando sólo le dicen “Señor juez”.
Yo preferiría ser la acusada y me divertiría todo el día, diciendo A por B, viendo como se enroscan en una y luego en otra y en miles de mentiras que podría decir sin cansarme y sin pestañar, y observando cómo se les termina la paciencia porque entienden que no pueden llevar adelante el caso y que una niña les toma el pelo sin que siquiera lo sospechen.
Esas mentiras no las anotaría, porque sé que sin pruebas uno puede decir cualquier cosa y ¿quién no le va a creer a la hija de un juez tan prestigioso?
¡Qué gracioso sería!
Ciento treinta y dos llevo hasta hace un rato y me parece que no me conviene seguir con estos apuntes porque alguien podría encontrar las libretas y el día de mañana, cuando me siente frente a uno de esos abogados, no voy a poder mentir tanto como quisiera.
Que sigan buscando a mi hermano, ya lo van a encontrar.
Mejor guardo la pluma y echo todo al hogar y si Padre pregunta, diré que jamás me he acercado al fuego.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2012
    Pues increible records de mentiras y quedaste en la 133;):):),chévere :D
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado enero 2012
    Un relato inquietante...Tal vez asistimos a los albores de un asesino en serie o de un cleptómano compulsivo.

    Por mis partes dicen: al que quiera saber, mentiras con él. ;)

    Narras muy bien, denotando gran dominio de la técnica discursiva en el sucederse de las reflexiones.
  • Auxi_es_un_idiotaAuxi_es_un_idiota Pedro Abad s.XII
    editado enero 2012
    mentiría si dijera que me gustó
  • MoniqueCortazarMoniqueCortazar Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2012
    Gracias Shaianti por el aliento!
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