Esta oscuro. Lo único que oigo en el silencio que me envuelve, es el sonido de mi respiración entrecortada. El ruido de las sirenas de los autos de policía ya hace mucho que no se escuchan. Tengo ¿miedo?; no lo sé. Hace casi una hora que estoy caminando, y los pasos detrás de mi no cesan. Me doy vuelta; no veo a nadie. Por un momento imagino lo que pueda ocurrirme. Aunque pensándolo bien, no me molestaría encontrar la muerte en este oscuro y tenebroso lugar. No después de haber hecho todo lo que hice.
Es extraño, pero algo me dice al oído que tengo que mirar hacia atrás. De repente me detengo; pienso en lo que me dijo la voz. No quiero girar. Un sentimiento que no es miedo me impide moverme. Por dios santo merezco la muerte. Lo sé, y presiento que no puedo evitarlo.
Sigo parado, y aunque sé lo que tengo que hacer, no lo hago. Las hojas caídas de los árboles otoñales que visten el bosque, crujen detrás de mí. Sin dudas alguien me acecha. Aferro mi mano derecha a la pistola, mientras una gota de sangre ajena se desliza por la manga de mi impermeable. Esta cerca. Sea lo que sea esta cerca. Esta justo detrás de mí. Siento su gélida respiración en mi nuca. Me habla. Su voz, aunque me es familiar me pone nervioso. Me dice al oído cosas terribles de mi pasado, que por mas que intente no puedo olvidar. Me doy vuelta, y entonces mi corazón se paraliza de súbito. Centenares de recuerdos desfilan ante mí. Simplemente pálidos jirones, proyectados por una mente enloquecida, de una manera terrible e inimaginable. Imágenes que se confunden con la oscuridad y la tenebrosidad del bosque. A pesar de todo la figura seguía allí, de pie, inmóvil. Mirándome fijamente. Escrutando mis abismos interiores con los ojos de mi condenada alma. ¡Era la mismísima personificación de mi oscura conciencia! No quería recordar lo que me dijo, pero lo hice. Lo hice y al mismo tiempo levante mi pistola, apunte firme, me volé la cabeza, y huí desesperadamente.
Ahora que me doy cuenta, la policía aún me persigue. Deben de haber escuchado el disparo. No me importa, después de todo ya me libre de mí mismo; y eso es demasiado.
Comentarios
Me gustó, aunque no entendí esa partecita:eek::):):p
Cuantas veces deseamos librarnos de nuestra conciencia... Ojalá fuera tan sencillo como darse un disparo en la cabeza.
Gracias por tu comentario Amparo. Lo valoro.
Una hilaridad tétrica, buen relato.