En la habitación
el libro abrió sus fauces hambrientas
y escupió las palabras
en mi cara.
Cayeron al suelo
y corretearon como cucarachas
entre mis piernas.
Afuera era de noche,
el silencio estaba cerca.
En la habitación
el libro abrió sus fauces hambrientas
y escupió las palabras
en mi cara.
Cayeron al suelo
y corretearon como cucarachas
entre mis piernas.
Afuera era de noche,
el silencio estaba cerca.
Julio Armando, se me había pasado este poema que, como otros tuyos, admiro por la brevedad y por el contenido. Sí, hay libros que "nos escupen a la cara". ¿Reaccionamos?...
Comentarios
Julio Armando, se me había pasado este poema que, como otros tuyos, admiro por la brevedad y por el contenido. Sí, hay libros que "nos escupen a la cara". ¿Reaccionamos?...
Un placer leerte.
Muy bueno.
Un saludo.