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Relato salido del corazón.

Srta_ElliotSrta_Elliot Anónimo s.XI
editado julio 2011 en Erótica
Era una noche calurosa, pero una leve brisa mecía las hojas de los árboles y el tierno pasto fuera de aquella pequeña casucha. Aquel encuentro era totalmente peligroso e inapropiado y, aún sabiendo lo importante que era discutir aquella cuestión en privado, de alguna manera sabían de antemano el riesgo que suponía estar a solas en plena noche y alejados de todo. Sin ser mala su intención, al menos por complacer el deseo desesperado de sentirse querida por él al menos una vez, utilizó sus encantos de mujer y tocó sus puntos débiles sin compasión.

Y él, como un niño que se entrega a cometer una travesura por la que sabe que lo van a castigar, unió los labios con los de ella, no sin antes anunciarle que debía haber perdido totalmente el norte al hacer aquello.

Y lo había hecho, en realidad. Lo más bonito de los sentimientos y de las sensaciones humanas, es que los deseos son tan intensos e irrefrenables que a veces son capaces de tumbar a la razón. Precisamente por ello llovieron grandes cantidades de los besos más cálidos y deliciosos que pudiera recordar.

Ambos fueron perdiendo las formas, las manos comenzaron a dedicarse gradualmente y no con menos entrega a tareas más serias. Sus cuerpos se exigían el contacto como los pulmones el oxígeno. Y así, pegados como siameses y rodando por toda la superficie del suelo de piedra fueron perdiendo las prendas de ropa que estorbaban.

Se cubrieron de besos húmedos, trazaron senderos con sus lenguas por la longitud del otro, se abrazaron con fuerza y se abandonaron a la locura de la fiebre que recorría sus cuerpos, mezclado con el amor y el cariño que hacían de aquel acto un auténtico suicidio del corazón.

Allí, casi a oscuras, entre caricias, besos y miradas febriles no había sitio para las mentiras. Cada centímetro de piel, cada brillo en sus ojos estaba repitiendo palabras de amor, una y otra vez. Y ya podrían luego mentirse el uno al otro, quitarle importancia al asunto, fingir fortaleza y caminar en opuestas direcciones. Incluso no volver a verse. La piel no tiene secretos, las miradas atraviesan.

Aquella forma de profesarse amor era como agotar el último cartucho. La última caja de petardos encendida y explotando en todas las direcciones. Cuando él por fin entró en ella ni siquiera le pareció brusco el dolor que le produjo su invasión. Sabía de sobras que la primera experiencia con un varón era dolorosa, pero tuvo la sensación de que incluso había acrecentado el placer que estaba sintiendo.

Casi no sabía a donde aferrar sus manos. Le tomó la cabeza y enredó una mata de cabello entre los dedos y con su otra mano arañó la piel de su espalda. Él cada vez se iba volviendo más frenético en sus movimientos y no solo la golpeaban sus embestidas, sino que podía sentir el fortísimo latido dentro de su pecho desbocado cada vez que su cuerpo se pegaba al de ella.
La sensación era intensa y sofocante. Una euforia incontenible la recorría desde las yemas de los dedos y desde otras partes de su anatomía. El ritmo de su amante aceleró hasta que supo que algo tenía que estallar de un momento a otro. Lo sintió en su interior al tiempo que se desplomaba sobre su cuerpo. Acomodó su cabeza sobre sus pechos y le abrazó contra ella, acariciándole el cabello y apretándole con fuerza. Lo sentía como a un niño, con el corazón aún taladrándole desbocado el pecho y saludándola a ella, diciéndole: mira, mira lo que has provocado.

El sabor agridulce del final la hizo sonreír de la misma manera mientras cerraba los ojos y le retenía un poco más entre sus brazos. Él quiso, resuelto, contribuir a su propio final, pero su fiebre se había apagado al paladear repentinamente la realidad y le pidió que lo dejara estar. El sentimiento de pérdida tan grande que estaba experimentando en aquel momento la desconcentraba. El momento de locura había terminado. Y ella, aún con la sonrisa agridulce de la derrota en los labios, estaba dispuesta a dejarle marchar sin pelear.

Hubo miradas tiernas, hubo abrazos silenciosos. Luego auto concienciación, excusas, mentiras necesarias, límites y aclaraciones. Se vistieron en silencio y tras algún último beso, hubo despedida.

El raciocinio había vuelto a marcar la línea. Seguramente, en algún lugar del mundo alguien se lamentó de saber que los humanos siempre lo hacían todo complicado.

Ella probablemente, después de haber vivido tantos años en soledad compartida con otra mujer, jamás hubiera pensado que acabaría compartiendo el lecho…o el suelo, con un hombre. Y mucho menos, con un hombre al que amaría tanto.

Nunca supo lo que pensó él. La única verdad que le había dejado acababa de terminarse.

Se dieron la espalda y ella corrió, agarrándose las enaguas del vestido y atravesando los campos en plena madrugada, hasta que alcanzó su casa. Sigilosa se coló por el ventanal y, tras desnudarse por segunda vez aquella noche, se hizo un ovillo en la cama.

Decidió aprovechar que aquella sería la única noche que podría conciliar el sueño en muchos días. Cerró los ojos con el olor embriagador del reciente encuentro aún en la piel y cayó profundamente dormida.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado julio 2011
    Que relato, casi que se desboca de verdad:):p:D
    Me gustó, aunque no entendí por que no habría más encuentros, si la pasaron tan bien:eek::)
  • Srta_ElliotSrta_Elliot Anónimo s.XI
    editado julio 2011
    Porque en ocasiones, aunque los sentimientos sean fuertes, las circunstancias hacen que los humanos se inclinen a seguir caminos separados en lugar de continuar juntos. Si la vida ya de por sí es complicada, solemos agregarle la complicación extra nosotros mismos.
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado julio 2011
    Muy buen relato,Srta.Elliot,lleno de sensaciones y pensamientos.
    És verdad lo que dice usted,que somos nosotros mismos los que,en ocasiones,complicamos lo ya complicado y no nos atrevemos a ir más allá.Por eso pienso,que siempre se debe mirar la otra puerta,sin miedo,no vaya a ser que por no abrirla,perdamos algo más que nosotros mismos.Un saludo desde el sur.
  • ZaratustraZaratustra Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado julio 2011
    Me gustó su relato, con las palabras justas retrata de buena forma la idea central. A veces, el disfrute del momento está reñido con la razón, pero siempre habrá más de alguno, dispuesto a quemar sus naves.



    Salut.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado julio 2011
    ¡Sensitividad pura!, Srta. Elliot. No me equivoqué en mi mensaje de bienvenida. Me gustó el estilo directo con que abordas el tema de la relación carnal. Sin prejuicios, como la esencia de lo que es: parte de nuestra naturaleza.
    Eros y Psique…el eterno mito.
    Un abrazo.
  • MedeaMedea Miguel de Cervantes s.XVII
    editado julio 2011
    Pues le quedo lindo Miss, para ser una situación de lo más relatada

    Muy sencillito, bonito
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