¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Un Leonardo

AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
editado junio 2011 en Narrativa
La cosa había comenzado un par de semanas antes, momento en que Leo le preguntó a su amigo si no le gustaría irse a pasar un fin de semana a "la verde", como solían llamar ellos a la carpa para 8 personas de Lucas. Y cuando éste le dijo que sí, el primer paso estuvo dado. Ahora solo faltaba saber si Ernesto podía. Y cuando les confirmó que en unos quince días podría ir, comenzaron los preparativos para acampar en el monte.
Y había muchas cosas para organizar.
Lucas, además de ser el proveedor de aparejos y anzuelos, pues era el único con el espíritu suficiente como para pescar, llevaría música. Seleccionaría un amplificador y un par de parlantes de su arsenal, un Mp3, y por si acaso, cargaba con un viejo discman que leía Cds. en mp3. Pero para eso debía dedicar por lo una semana a seleccionar la música que iba a llevar, porque lo que en esos tiempos tenía cargado en el Mp3, lo había utilizado con Lucía en el verano.
Así que tenía que revisar la carga, lo cual le llevaría a eliminar algunas carpetas que creía no serían necesarias, como las que tenían Rock en español, temas lentos, o música bailable de los ochenta. Tampoco sería útil llevar tanta música brasileña, de la que solo tenía sentido llevar algo de Legião Urbana, Arnaldo Antunes o Adão Negro.
A Leonardo le gustaban Los Beatles, Pink Floyd, The Police y alguna banda con la cual estuviera convencido en el momento. Tanto podía estar durante un par de meses oyendo sin parar a Smashing Pumpkins o Rubén Rada, como un día los hacía a un lado y no volvía a escucharlos en mucho tiempo.
A Ernesto también le gustaban los Beatles y Pink Floyd, cosa común en los tres, pero además, era un fanático del llamado rock pesado, y entre sus bandas favoritas se encontraban AC/DC, Metállica, Iron Maiden y Ozzy Osbourne.
Así que debía procurar que nada de eso faltara a la cita. No debía olvidar el folklore para la mañana del sábado, gusto que compartía con Leonardo. Lucas llevaría para sí, bastante reggae, alguna canción de Gabriel o Pensador y un par de Cds. de Miles Davis, además de alguna que otros temas con los cuales molestar a sus amigos. Leonardo aborrecía la cumbia, y Ernesto los cantantes melódicos en español de los años setenta y ochenta, así que siempre procuraba tener a Karibe con K o Camilo Sesto para molestar a sus compañeros, quienes solían reaccionar con muecas propias de alguien que sufre algún tipo de tormento psicológico. Eso lo divertía mucho, porque según iba avanzando en su continuo descubrimiento de música, se iba dando cuenta que todos los géneros o estilos musicales le gustaban. Unos artistas más y otros menos, pero podía llegar a disfrutar de cualquier tipo de música. No hacía mucho tiempo, había llegado a encontrarle sentido a la murga, al escuchar con atención a Tabaré Cardozo y La Catalina. Hasta se había interesado en el reggetón, reconociendo que Calle 13 tenía lo suyo, tanto en la letra como en la música.
Una vez solucionado el tema estrictamente musical, Lucas debía comprobar que el 2.1 tuviera la batería cargada, que no faltaran las pilas de repuesto para el Mp3 y el discman, y que los cables no estuviesen cortados. Luego de ejecutadas tales comprobaciones, lo demás era secundario.
La carpa a la que llamaban "la verde", que además de algún que otro agujerito, tenía unas cuantas quemaduras, sería el sitio al cual se iría a dormir el primero que la quedara, quien generalmente no resultaba ser otro que Leonardo.
Los aparejos para la pesca eran propiedad de Lucas, y le habían sido obsequiados por su padre. A veces se preguntaba si su padre se daba cuenta de que, a excepción del fútbol, durante casi toda su niñez y su adolescencia no había compartido ninguna actividad con él. La pesca le había llegado en el mismo momento de su tardío pasaje a la juventud. Solía pensar que su adolescencia había durado hasta que cumplió treinta años, y que recién en ese momento, su padre intentó acercársele de alguna manera. Pero aunque la actividad de la pesca nunca prendió en Lucas, se convirtió en el pretexto perfecto para ir a comer un asado al monte, mientras tomaban algo y escuchaban, además de la música de sus artistas preferidos, el sonido de la naturaleza.
La luz estaría a cargo de una guía de cable de seis metros con tres lámparas de doce voltios, la que iría conectada a la batería del auto de Ernesto, y por las dudas, Lucas llevaría la batería de su auto como reserva. Aunque sabía que nunca la usaban, porque llegaba un momento en que la luz de las tres lamparitas de cuarenta vatios era demasiada para sus ojos, y una a una terminaban siendo aflojadas y siendo sustituidas por la luz única de la hoguera.
Una mesa y tres sillas plegables, un par de rollos de papel higiénico y un blíster de analgésicos, que, a no ser por la excesiva ingesta de alcohol que solía realizar Leonardo, jamás era necesario abrir, era básicamente lo que se llevaban a su lugar secreto en medio del monte.
Les había llevado tiempo encontrarlo, y para ello debieron recorrer el tupido monte sobre el Tacuarembó grande en su desembocadura con el Río Negro.
Cuando dieron con aquel amplio espacio de terreno sobre la orilla del río, que les fue suficiente para instalar su campamento y en el cual no existían huellas de haber sido visitado por otras personas, se preocuparon de marcar el camino de forma en que solamente ellos pudieran llegar al santuario. Unos años más tarde lo abandonaron, porque ya no fue necesario ir tan lejos, ya que la naturaleza se comenzó a ver casi en todas partes.
Ernesto, por su parte, sería el encargado de proveerlos de la comida, la cual consistía en tres tiras de asado y unas cuantas patas de chorizo para la noche del viernes, y un gran trozo de vacío para el sábado a mediodía. Aún a pesar de la burla de sus amigos, compraría una caja con tomates cherry, varias flautas, porque Leonardo solía comer bastante pan, un par de alfajores, pues a Lucas casi siempre se le antojaba comer algo dulce, y, como a ninguno de sus compañeros le gustaba, Ernesto se zamparía el riñón y el par de morcillas dulces él solito.
Con eso, hasta la tarde del sábado, estarían servidos. Por la tardecita, y con un par de carpas más, llegarían sus novias, y con ellas una buena cantidad de alimentos que les mataría el hambre a los tres y que debía alimentar a los seis, porque si iban a esperar por la pesca de Lucas...
Leonardo, el barman, sabía muy bien que Lucas prefería el vino tinto Tannat, aunque muchas veces le daba por la cerveza, el ron u, ocasionalmente, alguna bebida dulce con muchas burbujas. Ernesto, al igual que Homero, casi no se movía de la cerveza, fuera ésta rubia o negra.
Pero Leonardo era total y rotundamente vinero, ya que jamás bebía algo que no fuera vino, sin importarle demasiado la cepa, mientras fuera tinto. El blanco dulce es para darle un toque a una ensalada de frutas, solía decir. El blanco seco es para acompañar el puto pescado que nunca comemos, porque con la música, Lucas deja de prestarle atención a los aparejos y nunca pesca nada. Y el rosado... ¡El rosado es como tomar un refresco con hielo en una tarde de verano!

Cuando unos momentos antes de partir hacia el monte, y Leonardo estaba con sus amigos en el supermercado, comprando la comida y la bebida, le dijeron que no llevara vino embotellado.

– Con unas cajas es suficiente -aseguró Lucas.

– Acordáte de aquella vez que tuviste que romper el pico de la botella –dijo Ernesto.

– No te preocupes máquina –respondió Leonardo–. Esta vez voy a llevar un buen sacacorchos.

– Pero pelotas... ¡es más peso para cargar! –le dijo a su vez Lucas.

– ¡No importa! ¡Las botellas las llevo yo! ¡Así que no me jodan!

– Bueno, está bien. Eso sí, no vayas a tropezar y a romper alguna porque además del dolor que te podría producir romper una botella de vino, estoy seguro que Lucas te cagaría a pedos. ¡Y con razón!

– ¡Déjense de joder boludos! ¿Qué se piensan que soy? ¿Gil?

– ¡No! –respondieron al unísono–. Gil no. Pero borracho sí.

Comentarios

  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2011
    Ernesto había encendido el fuego con abundante bosta de vaca y los mosquitos que andaban a la vuelta dejaron de molestar.
    Colgaban las tres lámparas de las ramas de unos mataojos cuando Lucas ya se había puesto a seleccionar música.
    Leonardo, a esas alturas, ya se había bajado una botella de vino. Y cuando quiso abrir la segunda, no pudo encontrar el sacacorchos. Por más que buscó y rebuscó, no pudo hallarlo.
    Ernesto y Lucas se reían mientras Leonardo atacaba el pico de la botella con un cuchillo. Pero por más que lo intentó, el corcho estaba tan duro que terminó quebrando la punta del tramontina.
    Para acabar con la burla de sus amigos, debió partir el pico de la botella con una piedra. Se sirvió el primer vaso, rebosante, como le gustaba, y brindó por la vid.
    Mientras Ernesto había abierto la tercera lata de cerveza, y Lucas, como desde hacía algún rato, calmaba la sed con el mate, Leonardo terminaba el tercer vaso de la segunda botella.
    En un momento dado intentó tomar directamente del pico, olvidando que estaba roto…

    Cuando a la tarde del día siguiente las mujeres llegaron, preguntaron si habían podido pescar algo. Y Lucas respondió que lo único que había podido enganchar, era un Leonardo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2011
    ah, pobre Leonardo, lo dejaron de carnada:D:D:p:p:p:):)

    Me gustó, tiene su picardia:):D:p;)
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado junio 2011
    Aljamod, he sonreído con tu relato. Lo que más me gusta de los latinoamericanos son esas formas coloquiales del lenguaje, propias de vuestros países,en las que me detengo sonriente.

    Saludos
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2011
    amparo bonilla escribió : »
    ah, pobre Leonardo, lo dejaron de carnada:D:D:p:p:p:):)

    Me gustó, tiene su picardia:):D:p;)

    ¡Hola Amparo!

    Me alegra que te haya gustado.
    Es que Leonardo se exedió en su ingesta de alcohol, y pagó las consecuencias.:)

    Muchas gracias por comentar y saludos
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2011
    Sinrima escribió : »
    Aljamod, he sonreído con tu relato. Lo que más me gusta de los latinoamericanos son esas formas coloquiales del lenguaje, propias de vuestros países,en las que me detengo sonriente.

    Saludos

    ¡Hola Sinrima!

    Bueno, no son más que algunas de las diferencias que nos unen ¿verdad?
    Son las que hacen enriquecer, en este caso al idioma, pero también a una gran variedad de expresiones humanas, y por ende, de su cultura. Y ésta, aunque parezca que son muchas, provienen de una raíz que es común a todas.

    Saludos y muchas gracias por comentar
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado junio 2011
    Hacía tiempo que no se veía a Ernesto por aquí...Me gusta el ritmo que le das y ese condicional de los preparativos. A ver que pasa en esta acampada...
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado junio 2011
    Se me olvidaba, ¿será que también Leonardo es zurdo? Por eso no pudo usar el sacacorchos...
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2011
    Shaianti escribió : »
    Hacía tiempo que no se veía a Ernesto por aquí...Me gusta el ritmo que le das y ese condicional de los preparativos. A ver que pasa en esta acampada...


    ¡Je je! Lo ocurrido durante esa acampada vendrá más adelante. Cuando me salga. Porque es algo que está en pleno y constante desarrollo. Hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. Y ruego a la diosa para que no se interrumpa.

    Bueno, ya que lo preguntas, te diré que Leonardo es derecho. Solamente se tomó una de más y no pudo encontrar el sacacorchos.
    El zurdo, es Lucas.

    Muchas gracias por comentar
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com