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Trabajo sucio. [3 y 4 capítulos]

Andrea_Andrea_ Anónimo s.XI
editado junio 2011 en Narrativa
3
Cora regresó a su habitación tras asegurarse de que su hermano y su madre estaban en la cama. Se agachó en la alfombra de terciopelo y sacó una pequeña caja de debajo de la cama. La abrió y tomó las fotografías. En todas aparecía su padre. La primera era la más antigua. Su padre lucía el uniforme de la mili y posaba serio frente a la foto. General Durán, mi general Durán. Por un momento Cora volvía a tener cinco años.

- Te he dicho que desayunes.
- No…

Su padre y ella discutían en la mesa. Cora nunca quería desayunar y eso traía discusiones día si y día también. Se despertaba con el estomago cerrado, o eso decía ella. Solo introducir un trozo de galleta en su boca le producía arcadas.

- Que no puedo desayunar papá…
- Ahora no soy tú papá – contesto con voz firme lo cual asustó a la pequeña. – Te hablo como General y te ordeno que desayunes.
- ¡Sí, General!

Cora rió, y desayunó.

Por un instante apareció una sonrisa en la cara de la joven. Cada fotografía le hacía recordar. Algunos momentos buenos, otros no tanto… pero todos junto su padre.
Cuando revisó todos los retratos se quedó con ganas de más. Miró el reloj de su mesilla 5:34. Apenas le quedaba una hora de descanso antes de levantarse y marchar a clase. Pero no tenía sueño. En vez de meterse en la cama se dirigió sigilosamente al cuarto de su madre. La señora Durán descansaba en una esquina de la cama de matrimonio. La cama se le hacía grande a ella sola. Cora sabía que en algún lugar escondía recuerdos de su padre y se dispuso a encontrarlos.
Primero miró debajo de la cama por el lado que no estaba su madre. Nada. Abrió el cajón de la mesilla de noche: aspirinas, un bolígrafo, autodefinidos… Nada. Sin hacer ruido se acercó al lateral donde dormía placidamente su madre. Por un momento la miró. Se preguntó si estaría soñando con su padre por la media sonrisa dibujada en su rostro. Volvió a su tarea y revisó el cajón de la mesilla de noche. Nada… Completamente vacío. Al levantarse, golpeó el cajón. Se asustó por el ruido pero su madre ni se inmutó. El golpe pareció hueco. Ahí dentro hay algo…De repente, la fatiga atropelló a Cora. Volveré mañana…
El despertador sonaba por tercera vez. Cora ya sentía jaqueca y decidió dejar de ignorar el despertador y levantarse. Bajó a la cocina donde su hermano la esperaba sentado en la mesa.

- No sé como puedes meterte tres tostadas entre pecho y espalda…
- La rara eres tú que no desayunas.

Cora se preparó su café diario. Se lo tomó en apenas tres sorbos.

- ¿Mamá?
- Ha salido ha comprar leche o pan o galletas o papel higiénico o… bah, no me acuerdo. – Cora rió.
- ¿Va a tardar?
- No lo sé.

Perfecto.
4
Hacía exactamente media hora desde que Hugo recibió la inesperada llamada. Se encontraba en el lugar acordado, una pequeña lonja decorada con pósters de mujeres semidesnudas. Aparentaba la lonja de unos chavales, pero, en realidad, no era más que una tapadera.
Hugo esperaba inquieto. Sudaba muchísimo, tanto que el flequillo lo tenía completamente empapado. Se pasó la mano por la media melena y esperó.
De pronto, alguien abrió la puerta. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Hugo.
- Aquí estás – dijo el hombre que entraba.
Era un hombre de mayor edad. Sesenta y pocos calculó Hugo la primera vez que lo vio. Había pasado un mes desde su último encuentro pero el rostro del anciano había envejecido visiblemente.

- Que quieres. – dijo Hugo tratando no tartamudear.
- Esto no ha acabado todavía.
- Pero esto ya no es asusto mío.
- Claro que lo es.

Un silencio se apoderó de la sala. El nerviosismo de Hugo aumentó. Yo no quería…

- Estás con el agua al cuello. Todavía puedo telefonear a la policía y contarles tus hazañas.
- ¿Qué quieres ahora?
- Debo admitir que hiciste un buen trabajo. Te deshiciste de él y nadie sospecha de ti. Bien.

Volvió a aparecer el silencio. Esta vez algo más extenso que el anterior.

- Pero no todo son elogios para ti. Nos olvidamos de una pequeña cosa. Puede que no tenga importancia – dijo mientras se pasaba los dedos por el bigote canoso – Pero debemos tenerlo en cuenta. Cora.
- ¿¡Cora!? ¿No pretenderás que yo…?
- No. No será necesario. Ya te has ensuciado las manos suficiente. Esta vez, bastará con que la vigiles un poco. No creo que se entrometa, de todos modos debemos estar alerta.

El anciano se dirigió a la puerta. Abrió y se volvió hacia Hugo.

- Una cosa más. – Hugo se estremeció – Un fallo. Un solo fallo y estás acabado.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2011
    Con esa amenaza, a cualquiera se le pone los pelos de punta:eek::eek::cool::p
  • Harry HallerHarry Haller Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2011
    EScribes bien, no creo que necesites que te corrijan algo
  • JirayaJiraya Pedro Abad s.XII
    editado junio 2011
    Muy buena historia Andrea... Creas suspenso, estructura correcta... se ve el trabajo... tan solo queda esperar los otros capitulos.
    saludos
  • Andrea_Andrea_ Anónimo s.XI
    editado junio 2011
    Gracias por leer y comentar :)
    Ahora estoy fuera, de vacaciones, así que los próximos capítulos tardarán en llegar :p
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2011
    Mientras no se te olvide la historia y nos dejes colgados:eek:;):D:D:D:p:p:):)

    Que disfrutes tus vacaciones:):p
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