La respuesta
– ¿Venís? – dice él con voz suave pero firme.
– Supongo que sí – responde ella haciendo un gracioso mohín con los labios.
– ¿Cómo que suponés? – responde él, perplejo y abriendo desmesuradamente los ojos.
– Es que... ¡Es tan poco lo que tengo para ofrecerte! – susurra la mujer mientras se acomoda el cabello.
– Pero... ¿Querés venir o no? – vuelve a preguntar el hombre, ya un tanto fastidiado.
– Quisiera hacerlo pero... – vuelve a hacerse rogar ella al tiempo que humedece sus labios con la punta de su exquisita lengua.
– Dale ¡Animáte! ¡Vení! – exige el varón, entreviendo el posible desenlace.
– Bueno, voy. Pero después no quiero reproches. ¡No otra vez! – dice la mujer levantando levemente el tono.
– Te prometo que no voy a reprocharte nada. ¡Te lo juro! – exclama él en tono conciliador.
– Está bien. Voy. Y voy con... ¡Flor! – dice ella con una sonrisa en los labios.
– ¡Puta madre! ¡Me sacaste 37 de envido! – fue la respuesta.-