De pronto
el horizonte se ha oscurecido.
¿Dónde está la luz
que ayer quizás me permitía
ver el camino?
Ahora intento seguir,
a tientas,
ciego a todo
lo que no sea el dudoso propósito,
de llegar a algún lugar.
Aunque no sepa todavía cual será,
ni dónde está,
ni cuando
ni como llegaré.
Si es que llego,
porque también es posible,
que me decida uno de estos días
a echarme a la orilla del camino
y descansar definitivamente,
por mucho que moleste
a quienes se creen
amos y jueces
de los demás...
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