Amo
Estaba descansando a la sombra de los árboles de la plaza cuando el hombre se acercó y le dijo hola me llamo Ernesto y vivo en la planta alta de aquel edificio gris de allí enfrente, aunque mi apartamento es muy colorido y tiene muchas macetas con cactus que no necesitan demasiado cuidado y eso me gusta porque no quiero que nadie dependa de mí. Entonces él lo mira con ojos fijamente vacíos y Ernesto le dice que las tales Lophophoras williamsiis necesitan de espacio entre sí para poder crecer y que más de una vez se había clavado alguna que otra espina de esas tunas. Y aunque me llama la atención tu silencio tan prolongado debo admitir que me gusta porque yo mismo soy así y no me agrada el trato con las personas porque te dicen lindo día no y qué calor que hace y hace tiempo que no llueve y después te salen contando que la vecina de la esquina dejó al marido por el mismo tipo que hace un tiempo atrás... y hace tiempo que no llueve no, porque fíjese usté que robaron en el almacén de la esquina y nadie vio nada a no ser la vieja de enfrente, que como siempre está chusmiando, seguro que hasta podría decir el color de los calzoncillos que llevaban los ladrones porque lo que le falta de discreción le sobra de vista. Y ni qué hablar de la vista que tengo en mi apartamento porque a veces apago las luces de la casa y enciendo velas que proyectan hermosas sombras y se mueven por las paredes que están pintadas de muchos colores y oyendo el disco "El flautista a las puertas de la aurora" de Pink Floyd me tomo un rico té del cactus llamado Peyote y el mundo se ilumina con colores desconocidos y aromas exquisitos que por suerte tapan el olor espantoso del contenedor de basura que hay justo debajo de mi balcón.
Al ver que alguien tira una bolsa que cae fuera del contenedor, se levanta, se estira, se sacude y abandona la cómoda frescura de la sombra de los árboles. Moviendo la cola y relamiéndose el largo hocico va a en busca de algún sobrante de comida, porque cada vez que su amo se droga, además de aturdirlo con su parloteo monótono y babeante, olvida darle de comer.-
Comentarios
El monólogo de Ernesto es otra sombra y el perro un leal sobreviviente.
Un abrazo
Me ha gustado.
Como siempre, ¡Muchas gracias por comentar! y por hacerme conocer tu particular lectura del texto.
Alejandro68:
¡Hola! ¡Todo bien! Me agrada leer tu opinión.
Muchas gracias por comentar.
Abrazo para vos también.
Jack London:
¿Sabes qué? He subido tres o cuatro relatos en los que también aparece. Pero no en forma tan evidente.
Me alegro que te haya gustado, y muchas gracias por comentar.
Saludos a los tres