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Nada que decir

AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
editado marzo 2011 en Narrativa
Nada que decir

Voy a comenzar esta historia diciendo que no tengo nada que decir, como dice Alejandro Lerner, "...algo que decir que no sean solo palabras...", o como cantan Los Traidores en su tercer disco, "… como si todo esto que sucede fueran tan solo palabras escritas en un papel".

Obvio que en este caso no se trata de un papel, sino del teclado y el monitor de mi PC, el cual, como un gran "Ojo blindado"(gracias Luca Prodan), me permite ir viendo lo que mis dedos van escribiendo, aunque no tenga nada para decir, que es lo que decía al comienzo.

Pero como aun no teniendo nada para decir, mis dedos comenzaron a moverse, decidí acompañar "El impulso", nombre del Cd de La Vela Puerca del año 2007, que ha decir verdad, poco me gustó.

Y como es bien sabido, todo es cuestión de gustos, de percepciones. Claro que nuestros gustos, es decir, nuestras percepciones, están variando todo el tiempo, al fin y al cabo todo es una cuestión de tiempo, como bien dicen Yamandú y su tía en el Cd "Tiempo" de Agarráte Catalina del año 2004. Por lo tanto, si aun no teniendo nada para decir, me dedico a escribir lo primero que me venga a la mente, quizá en algunos minutos pueda llegar a percibir algo que aun no consigo captar y esa percepción termine transformándose en un cuento, un poema, algo que decir.

Desde luego que, cuando se tiene la necesidad de expresarse, de decir algo, es condición indispensable que exista una persona receptora para que se establezca efectivamente la comunicación, algo que, aun con los adelantos tecnológicos de hoy en día, parece cada vez más difícil. Los aviones, que nos llevan en pocas horas a cualquier parte del mundo, los teléfonos móviles, que nos permiten hablar con alguien que se encuentre en el medio del campo, y las computadoras, que nos permiten entablar contacto con decenas o cientos o miles de personas de cualquier parte del mundo, no parecen ser suficientes para que podamos comunicarnos con los demás. Muy por el contrario. Estamos cada vez más separados, más aislados de los demás, más imposibilitados de comunicarnos con el otro, y en lugar de establecer puntos de contacto, de buscar la empatía con el prójimo, buscamos y marcamos las diferencias que terminan por separarnos aun más.

Siendo un adolescente, y habiendo culminado mis estudios secundarios, me encontré ante la disyuntiva de qué carrera seguir. Un par de años antes, al finalizar 4to año, había optado por encaminarme hacia la orientación Humanística, y al momento de iniciar el 6to año, opté por Derecho, lo cual me permitía seguir concurriendo al Liceo de mi barrio. A mí me gustaban los números, pero para hacer 6to de Economía debía ir a un instituto de enseñanza que quedaba muy lejos de mi casa, así que opté por la impagable comodidad de seguir teniendo el Liceo a una cuadra de mi casa, hecho que no me impidió llegar tarde en más de una oportunidad.

La secundaria la había cursado sin sobresaltos ni grandes esfuerzos. Nunca debí esforzarme demasiado, lo cual me dejaba mucho tiempo libre para disfrutar de lo que realmente me gustaba hacer en aquellos tiempos: escuchar música, jugar al fútbol, al básquetbol y al voleibol, leer revistas de comics y rascarme los higos.

Finalizada entonces la secundaria, debía elegir que carrera seguir, pero yo no sabía bien lo que quería. Pero debía elegir mi futuro. Como dice aquella canción de Miguel Mateos y Zas... "Ne Ne Ne Ne ¿Qué vas a hacer cuando seas grande? ¿Estrella de Rock and Roll? ¿Presidente de la Nación? Ne Ne Ne Ne, ¿Qué vas a hacer? Cuando alguien apriete el botón."

Sí, a los 17 años debía elegir qué quería hacer con mi vida...

La educación que desde niños hemos recibimos de nuestros padres, de los institutos públicos y privados de enseñanza, de la televisión, de amigos, compañeros, y de todo lo que sucede a nuestro alrededor, es de crucial importancia en nuestra formación, la cual determinará nuestro futuro. Son condicionamientos que nos van imponiendo. Nacemos como un recipiente vacío, y en pocos años la sociedad se ocupa en llenarnos de basura, rellenándonos de información, atiborrándonos de conceptos, datos y números, de la misma manera en que se programa a un robot o a una computadora.

Desde pequeños debemos decidir si queremos más a mamá o papá. Nos presionan para que seamos simpatizantes (o violentos fanáticos) de tal o cual equipo. Nos dicen que no debemos contar mentiras, pero la mayor parte de las veces olvidan decirnos la verdad. Nadie nos enseña a pensar. Nadie nos motiva a buscar en nuestro interior. Pero debemos elegir qué hacer con nuestra vida. Para eso somos libres. Para elegir entre aquello que nos ofrecen. Para eso nos han estado preparando desde que nacimos.

Y bueno. Yo elegí hacer una Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, novel carrera que ofrecía la Universidad. Y de tan nueva que era, ni siquiera tenía un espacio físico.

Durante el primer semestre las clases se dictaban en cualquier salón que estuviera disponible en la Facultad de Derecho. Pero muchas veces sucedía que luego de unos pocos minutos debíamos abandonar el salón, porque comenzaba la clase de algún grupo de Derecho quienes tenían más derecho que nosotros de ocupar el aula. Muchas veces terminamos en el patio, o buscando algún salón vacío que ocupar.

En el segundo semestre nos asignaron al fin un espacio físico definitivo. En otro edificio, en el cual años atrás había funcionado un hospital, comenzamos la segunda parte del año. Para llegar al salón debíamos realizar algo así como una carrera de obstáculos, atravesando pasillos sin luz llenos de escombros, andamios, viejos tanques de oxígeno y paredes derruidas. Pero al fin llegábamos a la sala. No había pupitres suficientes para todos, así que aquellos estudiantes que llegaran más tarde, se sentaban en el piso o quedaban parados. Como es lógico, muchas veces los profesores no concurrían, o llegaban tarde. Pero ahí estábamos, preparándonos para nuestro futuro.

Promediaba el segundo semestre cuando me enteré que una de nuestras compañeras había comenzado a trabajar como informativista en el canal del estado. Como siempre, el que tiene padrinos, no muere infiel.

Pero eso no importaba. Continuaría mis estudios y luego del tercer año optaría por seguir publicidad. Había decidido entrar a ese mágico mundo que instaba a las personas a comprar esto o aquello. Pasaría a formar parte de los programadores. Instalado en algunos de los tantos medios de comunicación existentes, que pocos años más tarde se transformarían en la principal influencia para las personas, haría mi trabajo, sería útil a la sociedad y dejaría sumamente orgullosos a mis padres, quienes pasarían a ser la envidia de los vecinos de la Cooperativa de Viviendas en la cual morábamos...

Comentarios

  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Junto a un par de familias más, la mía siempre habíamos sido de las más humildes, o más exactamente, de las más pobres de aquel complejo habitacional, y ya en aquellos tiempos se podía sentir un poquitín de discriminación por parte de quienes más tenían. Pero a pesar de todo, y gracias a tener un tío que vivía en la capital, mis padres hicieron un gran esfuerzo por enviarme a estudiar.

    Así que yo, que había optado por hacer 6to de Derecho para poder seguir concurriendo al Liceo de mi barrio, en lugar de seguir Economía que era lo que me gustaba pero para lo cual tenía que caminar todos los días unas 30 cuadras, terminé lléndome a vivir a Montevideo, a unos 400 quilómetros de mi familia, y teniendo que tomar cada día un ómnibus que luego de 30 o 40 minutos de recorrido, me dejaba a unas 15 cuadras del lugar de estudio.

    Tenía 17 años y vivía en la capital. Concurría a una clase en donde habían estudiantes de más de 40 años y en la cual se tocaban temas aburridísimos como Economía (de la Sociedad Capitalista), y Método Científico. Pero había en Montevideo muchas estaciones de frecuencia modulada. Muchísima música nueva para descubrir en un tiempo en que las radios de FM, eran la única herramienta posible para alguien que no tuviera medios económicos como para comprar long plays o cassettes. Corría el año 1989 y me volví un FM maníaco, como la canción de la Chancha Francisca. Me levantaba pasado el mediodía y durante la tarde me dedicaba a escuchar radio y grabar en cassettes BASF o TDK, todas aquellas canciones que me gustaban.

    Mi tío me solía decir que la vida se me pasaba mientras yo dormía, pero qué otra cosas podía hacer. Llegaba de la Facultad a la 1 de la madrugada. Era lógico que durmiera hasta tarde, sobre todo teniendo en cuenta que durante la madrugada era emitido por el Dorado FM 100.3, el programa Radio Rock, conducido por Jean Lousteau. ¡Por Dios! ¡Qué música pasaba! ¡Y qué vozarrón tenía!

    Por las tardes, de lunes a viernes y en el mismo lugar del dial, estaba "El Subte", conducido por Daniel Figares. En otra estación llamada "Emisora Del Palacio" había un programa que centraba mi atención durante los sábados y domingos. No recuerdo su nombre, pero también pasaban toda la música que me gustaba.

    Todos ellos fueron una gran influencia para mí, sobre todo cuando al año siguiente abandoné mis estudios gracias a un fuerte metejón con una muchacha que había conocido durante mis vacaciones en Tacuarembó, y con la cual no llegué a tener nada.
    Pero hasta el día de hoy, pienso que seguir los dictados de mi estómago, que se revolvía cuando pensaba en ella, fue lo mejor que pude hacer.

    Lo cierto es que cuando quise acordar, me encontraba concurriendo a las dos estaciones de FM que habían en mi pueblo, viendo la posibilidad de tener un espacio. En una de ellas hasta llegué a grabar un programa piloto. Se llamaría "El ascensor". Difundiría Rock de todo tipo, tendría secciones como "La letra del día", en la cual leería la traducción de alguna de mis canciones favoritas, "El especial", en el cual pasaría tres canciones de la misma banda o intérprete, y así, otras boludeces por el estilo y que ya no recuerdo.
    Nunca llegó a emitirse "El ascensor". No pude conseguir la publicidad necesaria para pagar el espacio. Así que en definitiva, no poder conseguir a alguien interesado en invertir dinero en publicidad determinó que no pudiera hacer aquello que en aquel entonces, me gustaba. Supongo que de todos modos no le di demasiada importancia, y me dediqué a seguir haciendo lo que más me gustaba: oír música.

    Pero el Tiempo, que siempre termina mostrando el camino correcto (aunque en ocasiones tarda bastante y en otras jamás lo hace), quiso que un año más tarde me fuera nuevamente de la casa paterna, esta vez a trabajar y vivir en otro pueblo, no lejos de Montevideo, ciudad que me había visto vagar por 18, como dice Tabaré Rivero: "...18 de Julio, por cuantos sueños me viste vagar. Yo soy algo bohemio, no me gusta trabajar y prefiero descansar a cambio de perder el tiempo. No tengo propiedad privada, no tengo nada que comprar, pero tengo que cantar a mi amor otro verso...".

    Los años trajeron consigo infinidad de canciones, algunos momentáneos compañeros de camino, deudas crediticias, desilusiones varias, una gran cantidad de rubias bien frías que destapaba con placer y una muy caliente con la cual durante 7 largos años, aprendí alguna que otra cosa y sufrí a más no poder, y también, como dice La Tabaré, "...amores y desamores, carrera loca por llegar sin saber dónde llegar...". Los años trajeron alguna pizca de madurez, la suficiente como para darme cuenta que no haber estudiado Economía o Publicidad, fue de las mejores cosas que pude hacer.

    Y el tiempo también me trajo a "Dark side of the Moon", "Wish you were here", Bob Marley, Miles Davis, el Taoísmo y una buena cantidad de libros de un puñado de autores. Me trajo una computadora, Internet, y luego el gusto por escribir pavadas y subirlas a foros como este. Aunque muchas veces, como sucede hoy, no tengo nada que decir.-
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    pues no me quiero imaginar, las páginas que escribirias, cuando tengas algo que decir:):p:D
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Cuando tengo mucho para decir, escribo un poema o un texto ultra corto.:)
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    Asi es la vida,poco para mucho, mucho para nada, jajaajaja
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