Es la primera página del relato, espero tenerlo listo durante esta semana. Espero que os guste.
Nadie se quiere ver en una situación así, sosteniendo en la mano derecha una Colt del 45. Aún seguía apuntando con el cañón de la pistola, al cuerpo de Joe Johnson. El muy cabrón, se creía de verdad más listo que yo. Quizás no debí darle vagas esperanzas. Dejé de apuntarle y reflexioné sobre aquello, actué mal. Todos somos humanos y cometemos fallos. Pero si aquel jodido cabrón, me hubiese obedecido desde primera hora, en estos momentos estaría tomándose una cerveza, en una playa de Miami. Por aquel entonces, hacía un calor abrasador en la ciudad. Joe, me miraba con cierta pasividad. Como si mis palabras, se las hubiese pasado por la entrepierna. Le miré frunciendo el entrecejo...
-¿que coño te pasa Joe? -dije.
-Nada Doug, es solo este calor de los cojones. No me va este clima, esta ciudad. Esta todo demasiado viciado. Ya no es lo que era. Las putas ya no me le chupan igual, quiero mudarme Doug. Quizás debería ir a Nueva York.
-Brillante idea Joe, si quieres que se te hielen los huevos durante el invierno. Adelante, la estatua de la libertad te dará un cariñoso abrazo.
-Vale, vale lo he pillado. Siento no haberte escuchado, estaba pensando en Meg. Esa zorra, me tiene pillado por las pelotas.
-Pues centrate en la que te voy a decir ahora. Tendrás que cargarte a Richi. Ya sabes, el muy hijo de puta ha intentando quedarse con más pasta de la cuenta.
Joe me miraba con sus ojos marrones, mientras una camarera con el pelo rubio y rizado se acercó a nosotros.
-¿Algo más chicos?
Negué con un gesto y se fue.
-¿Richi? -me dijo Joe.
-Sí, quiero que te lo cargues y me traigas una prueba de ello. Utiliza los métodos que quieras, pero tiene que ser esta noche Joe. No me la juegues, no quiero tener que enviarle a tu madre las cenizas de su único hijo.
Esbozó una mueca y dio un último trago a su Bourbon.
-De acuerdo, te traeré alguna prueba.
Asentí y nos levantamos de los taburetes, le pagamos las copas a la rubia. Salimos a la calle y vi como Joe, con sus vaqueros desgastados y agujerados se marchaba en busca de Richi. No sabía el porqué, pero me dio la sensación de que Joe no iba a cumplir su palabra. Este hijo de puta me la va a jugar. Dios, si no fuese por la infinita paciencia que tenía a veces, la mitad de mis camellos sería el pasto de los gusanos.
Comentarios
Bueno, también me gustó sencillo y cortico:):p:D
Me alegro que os haya gustado.
¡Saludos!
-¿Quién anda ahí? -preguntó una voz ronca.
-¿Así saludas a tus amigos Richi? -respondí.
-Perdona Joe, ya sabes que este un barrio peligroso. Últimamente, han habido rumores acerca de las triadas.
-¿Las triadas?
-Sí, la mafia china. Se hacen llamar los “Yuang” y quieren hacerse con el control del barrio chino. Mejor hablamos dentro del apartamento.
Cuando entramos, nos sentamos en unas viejas sillas que estaban a punto de romperse. Estábamos sentados junto a una pequeña mesa redonda, la cocina era algo pequeña. En general, el piso no era muy espacioso. Tampoco estaba demasiado limpio que digamos, unas revistas porno por el suelo, una televisión en la sala de estar. Un sofá pequeño y una mesa cuadrada de cristal. El cenicero que estaba encima de la mesa, contenía demasiadas colillas.
-¿Los Yuang? -pregunté.
-Sí, no soy un jodido capo de la mafia, pero no hace ser muy listo para darse cuenta -respondió.
-Ya me contarás tus movidas con los chinos, pero tengo que decirte una cosa y no te gustará. Doug quiere tus huevos encima de su mesa. O si no, cualquier otra prueba que le haga saber que estás muerto. No quiero tener que llevarte a rastras hasta su apartamento. De lo contrario, tendré que cortarte alguna parte de tu cuerpo y dársela como prueba.
Richi esbozo una mueca y frunció el entrecejo.
-¿Y a que viene eso? -respondió.
-Doug cree que te has llevado más dinero de la cuenta. La última entrega de coca, no esta dando los beneficios esperados. Y ya sabes como es Doug con el tema del dinero. Es un hijo de puta, con tal de sacar una mayor tajada.
-¿Y que se supone que tengo que hacer?
-Si no quieres sufrir ninguna mutilación, tendrás que ingeniártelas. Ves a un cementerio, a un depósito de cadáveres, lo que te salga de las narices. Pero antes de que amanezca quiero algo. Al menos nos servirá para ganar un poco de tiempo. Sí al final nos descubriese, estaríamos lo suficientemente lejos.
-Gracias Joe.
-Aún no me las des, hasta que nuestros culos estén en México.
-¿México?
-Sí y no hagas más preguntas de la cuenta.
Nos miramos y dimos la conversación por acabada. Me acompañó hasta la puerta da salida.
A ver si esta noche lo termino, que más o menos estoy tocando el final. Espero que el desenlace os guste
¡Saludos!
Por ponerle algún pero -y quizá sólo sea cosa mía-, me resulta un poco confuso "seguir" al narrador o narradores del relato, dado que va cambiando de primera a tercera persona, y viceversa. Quizá ese aspecto se podría haber resuelto de una manera más clara para el lector.
Gracias Jack, tendré en cuenta ese aspecto. Cuando lo acabe me revisaré el texto e iré corrigiendo.
¡Saludos!
Aclaraciones del relato: El narrador, va contado la historia de los tres personajes principales: Doug, Joe y Richi. Aún me hace falta escribir más, para pulir el tema de mis narraciones. Pido disculpas a los lectores, sí de algún modo les resulta un poco confusa la narración.
-¡Quién anda ahí! -gritaron.
Me apoyé en la pared, evitando que la luz de la linterna del guardia de seguridad, no me enfocase. Esperé unos minutos, hasta que al fin se dio por vencido. Apagué el mechero, y fui caminando despacio hasta el exterior. Cuando estaba cerca de la verja metálica, de nuevo me tuve que esconder entre las sombras que hacían los árboles. Vi el reflejo de la linterna, en una de las puertas de cristal. La luz desapareció y me alejé unos metros para tomar carrerilla. Cuando salté y caí en el duro asfalto del exterior, me dirigí rápidamente a la moto. Arranqué y fui directamente a mi apartamento. En cuanto llegase, me pondré en contacto con Joe. Ya podía ver las luces de “El Dragón Rojo”. Esperé a que el semáforo cambiase a verde, y bajé por la rampa hasta el garaje. Bajé de la moto y subí corriendo las escaleras, cerré la puerta del piso y cogí el teléfono. Esperé un tono, dos tonos, tres...
-¡Joder Richi, por poco no voy a tu apartamento! Doug me ha llamado hace escasos minutos, y no sé si ha enterado de nuestro pequeño plan. Quizás sospeche algo o tal vez puede que le hayan dado un chivatazo. Ya sabes como son estas cosas -dijo.
-Entonces, ¿que hacemos? -respondí.
-Lo que habíamos hablado. Yo ahora, iré a buscar “tu prueba” conforme estás muerto. De todas formas, estoy un poco nervioso. Así que sería conveniente, que si mañana no tuvieses noticias mías, metieses todo en una mochila y salieses cagando leches.
-De acuerdo.
Colgué el teléfono, y me di una ducha mientras llegaba Joe. Cuando acabé, estaban golpeando la puerta con tal fuera que creí que la iban a echar abajo. Abrí y Joe estaba bastante nervioso...
-¡Tranquilízate! -dije.
-Mierda, si pudiese hacerlo lo haría -respondió.
-¿Hacer el que?
-Cargarme a Doug, pero ese cabrón tiene a media ciudad controlada. No tardaría en saber quien a sido. Y en menos de veinte y cuatro horas, tendría una pistola apuntándome directamente.
-Puedes intentarlo, de momento tienes que ir esta noche. Improvisa, de todas formas yo me largo a México.
-Dame esa prueba.
-Aquí la tienes.
Joe cogió el dedo, y le acompañé hasta la salida. Mientras veía como se marchaba, tuve un mal presentimiento.
A Doug le gustaban los buñuelos rellenos de nata. Desde niño, me los comía cuando llegaba a casa. Aquella época fue la mejor, me sentía bien conmigo mismo. Mi madre, era lo que más quería en este mundo. Y sin embargo un día... en fin, voy a pensar en otra cosa. Tenía un asunto pendiente, y esta noche se iba a resolver. Estaba sentado en el sofá gris, y había puesto el silenciador a mi Colt del 45. Pasados unos minutos llamaron al timbre...
-¿Sí? -pregunté.
-Soy Joe -respondió.
Le abrí la puerta y le dejé pasar al apartamento. Le miré con una cierta desilusión...
-Has tardado un poco, ¿no? -dije.
-Quizás...
-Vamos, vamos ¡ni que fueses a enterrar a tu perro esta noche!
-Ya basta Doug, no estoy de humor.
Cuando se calló, me miró y sacó de sus bolsillos un trapo sucio. Lo destapó y vi un dedo...
-Vaya, ¿esta es la prueba conforme Richi esta muerto?
-Sí...
Fue un segundo, pero pude esquivar su puño derecho. Sabía que sospechaba algo. Y me lo estaba confirmando. Traté de darle una patada, pero se apartó y no le di. Los cristales de la mesa se rompieron, cuando él falló la patada. Perdió el equilibrio con una lata de cerveza que había en el suelo. Aproveché ese instante y le pegué un tiro justo en el torso. Me quedé un rato un más, apuntando con el cañón de la pistola. Después de todo estos años... y así me lo agradecía.
Al final muere Joe, el que dispara es Doug. Puede que haya habido un tema de confusión, en cuanto a quién narra la historia. En próximos relatos, corregiré esos fallos.
Sin embargo, debo insistir en lo que decía el amigo Jack London. El narrador es uno diferente en cada pasaje y eso dificulta un poco seguir la lectura.
De todos modos ha sido un buen relato.;)
¡Gracias! seguiré dándole duro al teclado.
¡Saludos!
¡Saludos!